Es inútil quejarse de la dichosa leyenda negra, sobre todo si está instalada en los museos e instituciones culturales. Hoy viajamos a la antigua Corte, a Valladolid. Entre numerosos sitios de gran interés, como la catedral de Herrera, la plaza Mayor o el Museo Oriental, el objetivo principal es el Colegio de San Gregorio. Fue fundado en 1488 por el obispo Alonso de Burgos, confesor de la reina Isabel la Católica. De hecho, su estilo es el ejemplo más refinado del estilo de estos monarcas, que aparece también en el monasterio de Santo Tomás en Ávila y en el monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo. El Colegio fue destinado a mejorar los estudios teológicos, para completar las materias que se impartían por la Universidad de Valladolid, fundada por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. Hoy día San Gregorio es el Museo Nacional de la Escultura, la colección más destacada de la imaginería española desde la Edad Media hasta la Ilustración, difícilmente comparable con cualquier otro en Europa o América.
Después de dejarse deslumbrar por la fachada de Gil de Siloé, con las figuras de los salvajes, que quizá sean la primera representación de los nativos de América. Una vez dentro del edificio, en el primer patio, vemos una pequeña placa que nos conmemora a Bartolomé de las Casas. A pesar de toda la realidad histórica, en letra grande sólo va destacado el nombre de Las Casas, de modo más discreto se explica que “Las Casas defendió la dignidad de los Indios frente a la razón de Estado representada por Juan Ginés de Sepúlveda”. No hay un tópico más manido que la falsa atribución a Las Casas de la defensa de indios y de su dignidad. Pero este es sólo el primer indicio de lo profundo que ha calado la Leyenda Negra en la cultura española. Al mayor causante de la Leyenda Negra contra España, aunque sea de modo indirecto, le rinde tributo las autoridades del museo de San Gregorio. Descorazonador.
A medida que nos adentramos en las salas que exponen las obras maestras de Berruguete, Juan de Juni, Juan de Mena y otros maestros, los comentarios sobre las obras y las épocas que aparecen en las paredes son cada vez más desconcertantes. Parece hechos por ideólogos de la Leyenda Negra. Enseguida recuerdas el libro de Philip W. Powell El árbol de odio, donde se describe el desarrollo de la leyenda negra antiespañola. Uno de sus artículos está dedicado a la imagen de Felipe II creado ya a finales del siglo XVI y renovado durante la Ilustración, especialmente por el drama de Schiller Don Karlos, infant von Spanien y popularizada por la opera de Guiseppe Verdi Don Carlos. Aquí Felipe II sale retratado poco menos que un demonio de crueldad. Los comentarios del Museo Nacional de Escultura no se alejan mucho de esta falsedad histórica: la España de Felipe II se caracterizaba por “el ambiente se volvió antihumanista y severo.”
Pareciera que viviéramos en la época del gabacho Gautier que consideraba el Monasterio de El Escorial una guarida del demonio del Sur. ¡Para qué tanto libro contra la Leyenda Negra si está instalada en los museos de España!