TRIBUNA
Emilio Arnao | Sábado 14 de septiembre de 2019
Existen, amados y amadas mías, una suerte de aerobio global, premeditado, analizado, escondido bajo las nieves de las grandes mansiones, que da la impresión que puede impedir la inevitable walkiria rocosa como el volframio. Pero, si observamos con el tercer ojo, este segundo del mundo de ahora no derriba este suspense, que se escribe bajo el subway, el cual acaba con una frase rotunda y definitiva: “Es posible que todo el poder del mundo, dañino y familiar, ascienda hacia el gas que todo lo asfixia. ¿Escuchaste? Desde hoy no temas nada cuando esa llamarada en el panteón la veas con tus ojos ciegos, hijo mío”.
Lo he escrito 666 veces en este periódico de huerto donde se aman los jóvenes: “¿Alguien todavía es tan ingenuo que no se está dando cuenta que el fin del capitalismo, lentamente como el suicidio de Séneca, se está aproximando al orinal en donde las babas y las deposiciones de los Imperios sangran por el último ano de estos títires que es el diablo mundo? Díganme si queda por ahí algún criado que siga limpiando este mar de oro sucio que entra con ira en las bocas de los nigrománticos poseedores del Verbo Total. Dígame alguien, alguno, alguienes que en verdad todavía no se han dado cuenta que son estas palabras de santos querubines las que alzan el invisible cuchillo para amputar definitivamente los testículos de los maridos que continúan inyectándose toda la Historia de golpe con jeringas infectadas.
La revolución perpetua ha llegado para quedarse. Como un fuego que va quemando todas las esquinas de los actuales mapas, va naciendo por doquier la extensa audiencia que a todos estos sombrereros que gobiernan como gorrinos con gorronea va prendiendo por imperativo legal todo este sabañón de los ropones de un devenir que no será violento, sino inteligente, porque ya ha memorizado hasta la completud todas las calamidades y plagas, los enredos y embustes, las marañas y parlerías. ¡Llega el susto de los banquetes¡ ¡Oh mosca que escapas por fin de los platos del tiempo¡ ¡Oh, cáncer de las ollas¡ ¡Oh, sarna de los almuerzos y las cumbres¡ ¡Oh, sarpullido del medio día¡ No hay otra cosa ya en el mundo sino confadres, padres eternales y grandísimos hideputas.
Hong Kong es la razón que a la sinrazón quema. Millones de Paraguas estrangulan al último emperador de Asia. La nueva y original involución contra el miedo y la opresión ha abierto todas las calles que van a parar al Parque Victoria. Ya lo dijo Cortázar: “Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría”. Toda revolución, como advirtió Aristóteles, nace de las menudencias. Si se agolpan todas las menudencias, al final se abren los paraguas para verter la fritura de todos los trochimochis de esta aldea global.
Ya son demasiadas las menudencias, imparables diríamos, reunidas en la misma sartén en donde los grandes errores de la Historia se fríen con todas las palabras sanas y bellas, farmacológicas de los continentes. Euromaidán. Todas las Radas Supremas de Europa. Todos los impeachment que van sucediéndose en este escarabajo loco y torpe y cohitehervite que es el planeta entero. Crimea como la nueva Atenas de los filósofos con escuchan el sonido de la lira. Estados Unidos o las ratas rojas que se van comiendo el palafrén de lo que presumíamos que era la era de la democracia real. Pekín y Putin puteando el pañuelo roto de lo que debe ser pero que nunca hará hilo de grandezas y reinos y el brexit y Oriente Medio en medio de todo el Oriente y Sudamérica dando zancajos por encima de la Amazonía y un erizo cabrón y un balón de básket más todas las putas que salen de sus tumbas. ¿Yes or not? En definitiva, que aquí hay que seguir con los paraguas de Hong Kong y con aquello que dijera W. Phillips: “Las revoluciones no se hacen: llegan”. Recomenzar y quitarle los piojos a esta democracia global, manca, coja, liberal, austral, sorda, ultra, enemiga de la paz, la conciencia y la sabiduría. “Una revolución es un fenómeno natural gobernando por leyes físicas diferentes de las reglas que rigen el desarrollo de la sociedad en tiempos normales”, tecleó Engels.
No lo duden. Ni siquiera recen para que no ocurra. Ha llegado el tiempo de la deshonrabuena. Se abren los paraguas como en la película Los paraguas de Cherburgo, de Jacques Demy y una Catherine Deneuve que es ya la virgen del próximo romanticismo. Ah, regresa la música de Michel Legrand masticando el falo del mal poder, de los vaqueros de todas las Modernas Mesopotamias. Mi amor por Deneuve me hace soñar aquello de Hölderlin: “Habitemos poéticamente este mundo”. No existen excusas, ni siquiera leyes ni libros escritos por los más siniestros economistas de este Novísimo Evangelio que ya ha muerto a la luz de los candiles de los hombres buenos, nobles, humildes, secos, hambrientos, heridos por estas tijeras de un siglo XXI en donde no hay siglo sino el segundo tras el segundo segundo. No hay futuro, sólo el instante forjando un instante todavía más amplio y universal, humanitario y amante del amor que ama y que la canalla del Nuevo Imperialismo sigue ocultando al amparo de los medios de comunicación, la manipulación de los nuevas tecnologías, el machismo de la prostitución y un pene demasiado pequeño como para detener todo este vaginismo que se va extendiendo por todos los renovados pueblos, razas, éxodos, naciones con el sabor completo de la Gran Vaca Pura del Nuevo Hombre.
Aquí está. No la dejen de observar, de mirarla lentamente como se miran los partos tan bellos en todas las cabañas de África. Que nadie escupa sobre la Mujer que ya ha redactado su formidable doctrina revolucionaria. ¡Buen achaquito, hermanos vivos¡ Todos sabemos que la verdad es amarga, pero la Naturaleza ya es más poderosa que el hombre alquímico y emborronado por las grandes fuentes del petróleo, como en la película Gigante, en donde James Dean, oscurecido de ropas y rostro y aquel gran himno de Beethoven todavía sigue interpretando el Justo Demonio de la Ansiada Libertad. Riamos como idiotas, pero actuemos velozmente hacia este tiempo que está aquí, dentro de cada uno de nosotros, tallado en los cinco sentidos de las uñas. Nuestra ira será bella y siete veces leída en toda esta Humanidad que retorna a escribir el Gran Libro del Niño que Esta Noche está Naciendo. ¿Acaso no veis el inicio de todas las costas que viajan hacia la Vida que susurra dentro de todas las Manos?