El Real Madrid compareció este miércoles en el Santiago Bernabéu para medirse a Osasuna y, de paso, confirmar las buenas sensaciones mostradas en Sevilla. El recinto capitalino ejerció como marco de un duelo encuadrado antes del derbi ante el Atlético y del regreso de la Liga de Campeones para los locales. El conjunto navarro, que venía con un balance solvente -no había perdido todavía en campeonato liguero-, trataría de pescar en río revuelto. Por todo ello, se planteaba un evento de pelaje resbaladizo si los favoritos no implementaban una mentalización e intensidad adecuadas.
Zinedine Zidane eligió arriesgar en el planteamiento. Reprodujo el familiar 4-3-3 pero con una multiplicidad de modificaciones nominales que sólo dejaría a Sergio Ramos, a Casemiro y a Kroos como peones titulares supervivientes. Daría la alternativa en el tridente a Vinicius, Lucas Vázquez y Jovic, confiando en Fede Valverde como interior y en Odriozola y Nacho en el papel de carrileros. Además, Militao apareció como central y guardián del debut de Areola. La revolución por la vía de las rotaciones fue impuesta y esperarían turno nombres gruesos como James Rodríguez, Benzema, Hazard y Dani Carvajal.
Jagoba Arrasate no renunciaría a su filosofía y dispuso un sistema salpicado de talento. Conformó un 4-4-2 en el que Brandon y Cardona fluctuarían en punta y Rober Ibáñez abriría el campo. La distribución correría a cargo de Fran Mérida y Rubén García, con Estupiñán y Lillo en los costados defensivos. Moncayola y los zagueros veteranos Raúl Navas y Roncaglia completaban una alineación que salvaguardaría bajo palos Rubén. El eterno Roberto Torres y el astuto Chimy Ávila yacían en la banca, a la espera del buen funcionamiento del plan para añadirse al tapete en el momento adecuado.
No esperaría mucho el gigante para resolver que esta noche no iba a repetir el derroche del Pizjuán. Asimismo, lo improvisado del once -nunca antes visto- le sumó complicaciones funcionales hasta el punto de ceder la posesión y la iniciativa a los visitantes en el primer cuarto de hora. Rober Ibáñez y Rubén García generarían problemas entre líneas, si bien Areola no habría de trabajar. Le costaría mucho al escuadrón merengue cohesionar sus líneas, tanto en labores defensivas como en la creación de fútbol. Tendería al desgobierno la trama, con presiones selectivas y un cauce repleto de imprecisiones.
Así, el robo y salida se tornaría en la argucia con la que los dos púgiles se manejarían con mayor comodidad en un prólogo plomizo y certero en tanto que retrato de lo venidero. Porque con el paso del minutaje la posesión iría declinando hacia los madridistas, mas con una lentitud y flacidez horizontal sobresalientes. El resultado de semejante densidad, ante un muro rojillo que taponaba muy bien los pasillos centrales, asomó con una reducción impía de las llegadas peligrosas. Antes de la media hora únicamente contempló la tribuna dos acercamientos peligrosos.
El primero aconteció al lanzarse Odriozola a una aventura individual descontextualizada. El vasco superó a Estupiñán, por más convicción que clase, y apuró hasta la línea de fondo. Centró y el envío fue despejado por Raúl Navas hacia su propia portería. Rubén sacó como pudo el entuerto y Jovic no dirigió entre palos el rechace -minuto 18-. Y el segundo, acto y seguido, sobrevino tras una recuperación adelantada que traducirían Jovic y Vinicius en relámpago. Kroos le puso la guinda al movimiento con un zurdazo ajustado desde media distancia. Hasta ahí llegó el bagaje ofensivo global.
Osasuna se había limitado a amenazar en transición, profundizando en los desajustes entre el tridente y los interiores capitalinos. En cambio, no se llevarían a la boca más que un puñado de centros laterales que Areola y Militao conjugarían con seriedad. Y en lo relativo a los candidatos a todo, mandaban las limitaciones de la morfología física por la que apostó Zidane. Fede Valverde, Lucas Vázquez y Vinicius corrieron y corrieron, sin embargo no regaron asociaciones virtuosas, con Jovic fuera de la dinámica y sin alimento. Casemiro se vio constreñido a adelantarse, tejiendo conducciones que subrayaban la ausencia de claridad coral de sus compañeros.
Pero en la aproximación al descanso rescatarían a la aburrida hinchada un par de contras bien coordinadas del Madrid. Maniobras que ajusticiarían a los pocos malos balances defensivos navarros. En el minuto 37 Casemiro dio paso a la asistencia de Kroos. El alemán detectó el mano a mano de Vinicius con Lillo, en el pico del área, y el brasileño disparó desde la frontal. La redonda fue desviada por un central y se coló por el segundo poste. Se le saltaron las lágrimas a la perla carioca, que se quitó un peso de encima y desatascó a una versión enfangada de su trinchera. Y en el 39 un lanzamiento suyo rozaría el larguero.
La reanudación susurraba un arranque parecido al del primer acto, con los visitantes adelantando sus líneas en un síntoma de personalidad. Volverían a multiplicar sus centros laterales, pero se toparían también con una presión local más venenosa y armoniosa que les negaría la confianza necesaria para ir a por el empate. Y se sucedieron las ocasiones tras robo de los madridistas. En el 51 una emboscada en la medular desembocó en pérdida visitante y dos para uno que Lucas usó para poner en vuelo a Jovic. El balcánico perdonaría el mano a mano con Rubén chutando arriba. Y en el 57 sí acertó a batir al arquero, pero el VAR intervendría para anular por fuera de juego otra asistencia de Lucas tras recuperación adelantada. Estaba pagando la valentía el dibujo de Arrasate, que en el entretanto impulsó un lanzamiento fuera de Fran Mérida.
Anheló el técnico más control de la pelota, dentro de la intentona de derribo sobre el arco defendido por Areola. Quemaría las naves dando entrada a Juan Villar, Chimy Ávila y a Roberto Torres -por Brandon, un Cardona apagado e Ibáñez-, mas no mutaría demasiado la escena. El control era jurisdicción merengue y Kroos y Fede Valverde lo probarían desde la frontal -el alemán estuvo más atinado y el charrúa recibió el regate y pase del extremo brasileño-. Y Zidane aprobó el movimiento de piezas. Dio descanso a Vinicius -ovacionado por su esfuerzo y renacida puntería- e hizo estrenarse en Chamartín a Rodrygo. Y éste se lo agradeció del mejor modo: en el primer balón que tocó, uniformó un cambio de banda de Casemiro en desborde, recorte y gol. El remate cruzado superó a Rubén, sentenció el reparto de puntos, alivió al madridismo y le colocó los focos de la ilusión.
Con la relación de fuerzas declarada como decidida, los rojillos no aflojaron su concentración ni mejoraron en la concreción de sus creaciones atacantes. Participaría más Estupiñán en el perfil zurdo, dejando una autopista para que la explotara un resolutivo Lucas Vázquez. Y Jovic se presentó en sociedad como facilitador, una suerte de Benzema en ciernes. Asimismo, comparecería James Rodríguez -relevo del voluntarioso Fede Valverde- y Rodrygo rozó el doblete a la salida de un córner. En un epílogo desprovisto de incertidumbre. Escaparon Zidane y su insólita nómina de jugadores usados de la presumible trampa, cosechando puntos, el liderato y una seguridad creciente y que será testada en el Metropolitano en tres días. Les faltó juego y ritmo, pero no solidez -no tiraron a la portería de Areola-. Y desde ahí abonaron el terreno para asestar la primera derrota al competitivo sistema navarro.
- Ficha técnica:
2 - Real Madrid: Areola, Odriozola, Militao, Sergio Ramos, Nacho, Casemiro, Valverde (James, m.82), Kroos, Lucas Vázquez, Vinicius (Rodrygo, m.71) y Jovic.
0 - Osasuna: Rubén, Lillo, Raúl Navas, Roncaglia, Estupiñán, Moncayola, Fran Mérida, Rober Ibáñez (Roberto Torres, m.71), Rubén García, Brandon (Chimy Ávila, m.66) y Cardona (Juan Villar, m.66)
Goles: 1-0, m.36: Vinicius. 2-0, m.72: Rodrygo.
Árbitro: Mateu Lahoz (Colegio valenciano). Amonestó a Militao (10) y Nacho (57) por el Real Madrid; y a Lillo (41) y Ávila (80) por Osasuna.
Incidencias: encuentro correspondiente a la sexta jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante la presencia de 62.000 espectadores. Los galardonados en la gala 'The Best' de FIFA -Marcelo, Sergio Ramos, Luka Modric y Hazard-, dedicaron el premio al madridismo.