Me cuentan que en la Hospedería de Cuelgamuros hay una mesa de refectorio llena de libros del Centro de Estudios Sociales del Valle de los Caídos a precio de saldo. Iré a la primera de cambio. Los buenos libros son mi debilidad y el Centro de Estudios Sociales estampó libros muy bien hechos. Pienso en los monográficos que salían del think tank de sus Mesas Redondas, por las que pasaban anualmente especialistas del mayor prestigio. Aunque esto no es de extrañar, considerando que el primer director del Centro, el que puso el listón, fue el benemérito jurista y fundador de la Universidad Autónoma de Madrid, D. Luis Sánchez Agesta, autor de manuales como Sistema político de la Constitución Española de 1978, y de acendrados ensayos –de perfectible título– como España al encuentro de Europa.
El Centro de Estudios Sociales produjo inteligencia a toda máquina entre 1958 y 1982. La prueba explícita está su voluminosa colección Anales de Moral Social y Económica. Libros que podrán gustar o no, pero muy bien tiraos. Ahí, desde luego, se estudiaba. Lo que no es poco y aunque fuese con el escandaloso fin de laborar por el conocimiento e implantación de la paz entre los hombres sobre la base de la justicia social cristiana. Y, en cumplimiento del anterior precepto, con la primera tarea de seguir al día la evolución del pensamiento social en el mundo, su legislación y realizaciones. Orteguiana encomienda, esta última, que habría sido fabuloso ver plasmada en la bibliografía que no fue del Instituto de Humanidades del gran maestro. Pero cubierta con bastante dignidad por el Centro de Estudios de Cuelgamuros; que además de su producción propia acopió una envidiable biblioteca de Ciencias Sociales de treinta mil volúmenes.
Sí. Todo indica que en el Centro de Estudios Sociales, establecido por la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, se seguía con celo y al día la marcha de la Historia. La de España, la de España en Europa y la de Europa en el mundo. Para muestra, La Sociedad del año 2000. Tomo de 1971 que recoge las ponencias de la Mesa Redonda del Centro en 1970. Nada tiene que envidiar, este riguroso análisis de prospectiva, a lo más puntero que se generaba entonces en el resto del orbe civilizado. De hecho, sus páginas dan cuenta de los principales trabajos, autores y centros internacionales dedicados a explorar el cambio de milenio. Es más, basta comparar este libro con el notable batiburrillo alemán de 1968 El futuro inmediato. Hacia el año 2000 (Plaza y Janés, 1969), para descubrirse ante la fórmula vertebral de la edición española y la juiciosa autolimitación de sus autores.
Me refiero a figuras de primer orden como el profesor y gestor cultural Luis González Seara, el ingeniero de Caminos y empresario Enrique de Aldama Miñón, el padre de la Informática española José García Santesmases, un pionero catedrático de Psicología como José Luis Pinillos, el célebre sociólogo y entonces joven promesa Amando de Miguel, el maestro de periodistas que fue Bartolomé Mostaza, un polifacético tecnócrata como Juan Díez Nicolás y un médico humanista de la talla de Arturo Fernández-Cruz.
Todos ellos, cada uno desde su ámbito de conocimiento, bosquejaron ahí, en 1970, sus previsiones sobre el ocio, el transporte, el urbanismo, la biología, la psicología, la educación, la electrónica y los medios de comunicación de masas para el año 2000. Obviamente con errores, aciertos y no pocos futuribles todavía pendientes de cumplimiento. En fin, una mirada ecléctica al futuro que sólo un profeta, es decir, un genuino intelectual a contracultura –gracias, Ortega– habría superado. Lo digo para esos que hoy se lavan las manos de cara a la España de sus hijos, mientras otros hacen purgar a los muertos los cuarenta años de vacaciones que se tomaron en la España de sus padres. Tenías razón, abuelo. No hay mejor forma de mirar al futuro que darse la vuelta para ver lo que se nos viene encima.
Imagen: Antologías de prospectiva El futuro inmediato. Hacia el año 2000 (Plaza y Janés, 1969) y La Sociedad del año 2000 (Centro de Estudios Sociales del Valle de los Caídos, 1971).