Opinión

DAVID CAMERON

Martín-Miguel Rubio Esteban | Sábado 09 de agosto de 2008
Este joven y culto político inglés, con casi toda probabilidad próximo Primer Ministro tory, representa la contrafigura de nuestro iletrado y casi ininteligible Zapatero. En vez de idear y rebuscar en los campos más estrafalarios de la imaginación nuevos derechos, subraya las responsabilidades que tiene cada ciudadano británico para consigo y para con los más próximos. Pues considera que Gran Bretaña no puede gozar del triunfo económico si cada británico no triunfa en sus objetivos individuales, merced a la autodisciplina, la asunción de sus propias responsabilidades y el amor propio.

Cuando se analizan todas las causas de la pobreza a menudo el político se topa con que no siempre son la injusticia social – que evidentemente existe – y el egoísmo de los más ricos – pecado que nadie que tenga ojos puede negar – las fuentes de la pobreza, sino la falta de responsabilidad personal y de amor propio, que suelen traer aparejado el fracaso personal ( abuso de las drogas y el alcohol, destrucción familiar por la infidelidad y el adulterio, pequeños y grandes delitos, etc. ). El modelo burocrático-socialista no puede arreglar esta falta de amor propio, sino que suele instalar a los ciudadanos en un eclipse permanente del individualismo, en un mundo sin estaciones; un mundo sin verano ni invierno, tan sólo un limbo largo, gris, teñido de colores neutros, impersonales. El amor propio sólo lo puede levantar una política liberal que incentive los éxitos individuales. Sólo el liberalismo puede reformar ( “reshape” ) el fondo social, el mundo real de los individuos concretos.

La moralidad personal sería la llave que acabase con el fracaso de muchos. Como dice David Cameron: “El abuso del alcohol y de las drogas, la obesidad, las rupturas matrimoniales y otras razones de fracasos personales no son acontecimientos externos como una plaga o un mal tiempo atmosférico. Son equivocaciones intrínsecamente individuales”.

No es que el poder público no siga obligado a levantar a la gente de la postración y el fracaso social a los que les han llevado sus grandes equivocaciones personales, pero cuando se es consciente de la responsabilidad que uno tiene del propio fracaso, se está empezando a poner los cimientos de los grandes triunfos personales, comunes y nacionales.

No es que David Cameron esté cayendo en una ética calvinista inhumana, y que piense que los ricos lo son por ser virtuosos y los pobres por sus propios pecados. No es tan estúpido este tory para poder pensar eso. Todo el mundo sabe que las riquezas inmensas se fundan en inmensos delitos pretéritos y algunos latentes, teniendo como fundamento el horrible pecado de la avaricia. Pero de lo que se trata es de engrandecer la patria mejorando cada uno su vida anímica, física y material. Pues que la patria son los ciudadanos concretos. Frente al ciclópeo y vano burocratismo laboralista, es seguro que David Cameron ganará. El horizonte de una nación se levanta sobre las innumerables alas que constituyen las esperanzas de todos y cada uno de los ciudadanos. La “vita vitalis”, que diría Ennio.

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