Paseo por donde Los Curas, en Málaga, y compruebo que ni el más ascético de estos podría hoy meditar entre su arboleda. El silencio ha sido roto, como del rayo, por los estridentes trinos de las cotorritas argentinas. Las muy hijas de Perón han tomado nuestras calles y se reproducen a la velocidad del populismo. Lo colorido y exótico de su plumaje invitan a sucumbir ante sus cantos de sirena, como la demagogia nos atrae con sus promesas de un mundo mejor a coste cero.
Esta patota de aves procede del Cono Sur, como cualquier Echenique o Pisarello o, sin ir más lejos, como las ideas de Errejón (quien ha pisado menos la Universidad de Málaga que cualquiera de estos pajarracos). El partido de Íñigo, ‘Más País’ (supongo que se refieren a la Argentina), bebe del peronismo hasta la embriaguez. Su proyecto es tan imanador como los cantos y plumas de estas aves invasoras, y tan nocivo para nuestro ecosistema político-social como lo son las dichosas cotorritas para el ecosistema biológico.
Mientras, las palomas, tan grises y tan nuestras, sufren importantes mermas en su población, y ya solo los más sabios ancianos ceban sus buches con el grano del voto moderado. La colombofobia, en sus dos sentidos, está ya asentada, como el reguetón, en cualquier ciudad española. Salvémoslas y salvémonos: “Menos País” y más palomas.