Opinión

El nuevo escritor de periódicos

TRIBUNA

Emilio Arnao | Domingo 20 de octubre de 2019

Eran los que nacieron de ellas, estos jóvenes de hoy que vienen del parto de una nueva generación que ha aprendido antes que a recrearse en la información o en la noticia vaga, absurda, adúltera y siempre pegada a algún club, a algún vino viejo y ya con la picha minúscula y adherida a alguna forma de ideología antigua, gobernanta, cascada de podredumbre y sentada en el ridículo sillón de las estrellas de cine, a escribir a partir de sus propias melecinas. Esto es, la melecina del actual periodismo de creación, leído, sayón y escriba, las doce tribus de narices son, hoy, ya, ahora, en estos periódicos como en el que aquí escribo esto. Déjenme primero que les diga -no por falta de vanidad- que yo me aparto de este nuevo Concilio de Trento donde la metáfora, el barroco, la palabra por la palabra misma tienen más razones de estar vivas que no estos muertos ya demasiado vivos, los cuales -ataviados de tristezas y de mala prosa, más la recreación de la repetición de sí mismos- deberían admitir que en estos años que ya, como un zepelín, vuelan hacia un futuro que ya es presente les ha tocado la jubilación, la pensión con IPC, el retiro a la isla de Jonathan Swift, la dimisión por razones de canas, de carne fofa, de bufones en racimo.

Marco Aurelio dijo que a la piedra arrojada no le importa caer o subir. ¡Ay que uñas más sucias asoman en estos últimos tiempos en los ancestros del periodismo¡ Borracherías son estos viejetes, vacabueyes, tojinos, bultradores. La ambición y la fama les puede más que su articulismo ya desesperado, trenero, plagiado, bebedor del mismo charco orinado. Bernardo José Saurín dio con el ping pong de estos hombres a los que el lenguaje se les ha quedado más ñoño que el cipotillo que ya, por mudo, está para tirárselo a los gatos: “La ley del universo es: ‘Ay del vencido’”.

Santígüense y despídanse con honra, les piden los nuevos escritores de periódicos. Y es que ocurre que, como en todas las artes de la vida, los ropones sucios, la agria política, el cáncer de escroto, la pérdida de voluntad, el cansancio, los días ingenuos, hay que saber irse antes de que a uno le lanzan a las ciénagas las hordas de la bella reina que reina en estos periódicos jóvenes, escorpiones, mujeriegos, líricos como todos los que refieren un mundo nuevo, una escritura original y referente, un siglo que ya ha sido ganado por méritos de amor y por cojones. No se preocupen, si no se van, pronto alguien abrirá la tumba para que duerman para siempre jamás la siesta del fauno.

Hoy se escribe mejor en los periódicos desde la juventud y desde esta plural prosa que ha aprendido que un artículo no se puede hacer como se caga uno encima de los pantalones, sino con esa belleza fresca y escolar que traspasa ya lo que son las últimas fronteras. Dejen los articulistas fronterizos, por caridad y rendición, que pasen estas infernales palomas de piedras que huelen a tiempos de heraldos negros para que el tiempo sea otro, para que el periodismo se renueve, para que la palabra sea esencia y brillo, animalario y paz que estornuda.

Los jóvenes de hoy que escriben en los periódicos -no doy nombres porque son unos hideputas y nunca me lo agradecerían- saben de qué manera la lengua española ya es otra, de otros, de ellos, para ellos y ellas, todos juntos en esta novísima prostitución que busca abrir a gritos la Academia, la reformación de la antigualla, el look de las fermosas ciudades que ya van vaciándose de olores fétidos, de ancianos condenados a morirse existiéndose sin vida literaria ni pródiga ni de ese cri cri de las luciérnagas cabronas.

En España la ancianidad de aquel periodismo de la Transición ya puede escribir aquello de Bécquer: “Donde habite el olvido / allá estará mi tumba”. Váyanse, señores y señoronas de los tiempos en que ya hicieron su trabajo, su currele, su apuesta por un país que debía superar tantas dificultades como las que sigue teniendo ahora mismo. Permitan al nuevo periodismo español, bello, labriego y dijitígrado que ocupe el espacio que ustedes ya no tienen ni idea de cómo dotarle de este nuevo arte que es la palabra española en manos de los que han leído seguramente más que ustedes y que se han navajeado el culo para estar en los papeles, en la colosal y regenerada convulsión que España necesita o en los wáteres donde en la adolescencia se mataron a pajas.

Ha triunfado otro ay. Lentos salones en donde se habla y se escribe el novísimo español. Todos nos quisimos, pero ahora todos les odiamos. Que coloquen en la Puerta de Sol la guillotina. Hachando,
hachando. El mar cubre toda esta mentira de la prosa abuela y mortaja y esta espantosa incertidumbre.