Por desgracia para el gobierno de México, la noticia ya se conoce en todas partes. Con eso de las redes y la comunicación digital, nadie puede ocultar un fracaso. Tampoco un acierto, es verdad, pero de eso no va este cuento.
Esta historia va de una cadena de horrores y de errores.
El primero, y quizá hasta ahora remediable, pero a lo cual se rehusa el Señor Presidente, fue el nombramiento de un impreparado para las labores de seguridad pública. Un político rollero y farol, cuyo curriculum no impresiona a nadie excepto por las mudanzas de camiseta. Su mayor logro en la vida era llevarle el portafolios al asesinado candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.
El siguiente error fue admitir las órdenes del gobierno de Estados Unidos cuyos agentes y espías de la DEA son amos y señores en la política antidrogas de México, siempre diseñada para servicio y comodidad de del vecino,poderoso consumidor de todas las sustancias imaginables y dueño, por cierto, del mercado de las drogas. Y de las ganancias, claro.
En esas condiciones, y en medio de un mar confuso en el cual todo mundo se tira la pelota y alega ignorancia del “operativo”, se les ocurrió capturar, por pedido de los gringos, a uno de los hijos del “Chapo”Guzmán, quien es una leyenda nacional superior a la llorona. Y lo quisieron hacer en la ciudad de Culiacán, capital del estado más notable por su historia narcótica, Sinaloa y a plena luz del día y a tontas y a locas.
Y se armó el follón del siglo.
Los narcotraficantes tomaron de rehenes a los familiares de los militares, abrieron las puertas de la cárcel, soltaron a medio centenar de reos, hicieron desfilar tanques con blindajes caseros pero efectivos; exhibieron bazucas, rifles de alto poder y ametralladoras como las de la Guerra del Golfo. Pero esta fue la Guerra del Pacífico. Duró unas horas y la ganaron ellos.
Vencieron al gobierno,exhibieron a los soldados, demostraron la nulidad de la Guardia Nacional, caprichosa y recientemente creada, y se quedaron con el reo en libertad.
Pero todo eso fue disfrazado después por la propaganda oficial (cuando no hay información hay propaganda), como un acto valeroso en favor de la seguridad de la población amenazada, sin reconocer la patochada como origen de la peligrosa crisis.
Ahora se vale especular:
Hay una base razonable para decir, la operación fracasada en Culiacán por la cual quedaron en ridículo todos los integrantes del gabinete de seguridad, fue ordenada o solicitada por el gobierno de Estados Unidos, cuyo POTUS montó en cólera cuando le salieron con el “sunday seven”, del mucho ruido y las pocas nueces.
Tras los dislates y contradicciones iniciales, entre los cuales los de Alfonso Durazo (el secretario de “Seguridad”) merecen el Premio Nacional a la Cara Dura y la Ineptitud (el de la mentira ya se lo habían ganado hace tiempo), el Presidente de los Estados Unidos llamó por teléfono al presidente de México a quien localizó a duras penas en un alegre pueblo de Oaxaca llamado Putla.
--Señor Presidente, le habla Trump.
--Díganle que estoy en Putla, ordenó en tono de excusa.
--Dice que él también está enojado, pero que debe decirle algo importante.
--¡What a fuck!, Andy.
La llamada, inusitada por las circunstancias desastrosas de una operación solicitada por el Departamento de Estado y la DEA (captura con fines de extradición, con lo cual la justicia mexicana quedaba como el “chinito”), pudo tener dos tonos: una felicitación por el humanismo desplegado en la protección de los civiles, lo cual es poco probable, o un rapapolvos al estilo directo y grosero del señor Trump, con la abierta queja contra quienes le echaron a perder el trabajo de sus espías, quienes habían localizado y “puesto” al joven Ovidio Guzmán y quizá de su medio hermano, Archibaldo.
El contenido de la llamada ni siquiera fue grabado por los servicios mexicanos de inteligencia (se les perdió la grabadora), pero sí lo hicieron los expertos americanos. En su contenido parcial hay una muy clara amenaza cuya mejor traducción es esta:
--Dile a Ebrard (el canciller), que se reúna con el embajador Landau de inmediato. Y también mandas al tipo ese de Seguridad, ese que habla mucho, ¿cómo se llama, “peach or something”?
--Durazo, se llama Durazo…
--Bueno a ese y les dices que de una vez por todas les vamos a decir cómo se hacen las cosas. Me urge traer a ese “bad hombre” aquí a Guantánamo.
--.Pero yo cómo explico esta reunión urgente, Donald, hazme el paro
--What?
--Digo, ayúdame, déjame una puerta abierta. Si quieres podemos decir que vamos a hablar del control de armas de tu país al mío, así no quedo tan mal, ¿me ayudas?