Opinión

El ISIS y la muerte de Al Bagdadi

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 27 de octubre de 2019

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la muerte del líder del Estado Islámico en Irak y Siria, Abu Bakr Al Bagdadi, en el curso de una operación antiterrorista estadounidense al noroeste de Siria. Según publican distintos medios, se habría hecho explotar con un chaleco explosivo. Además de matarse a sí mismo, mató a tres de sus hijos pequeños. El presidente ha subrayado la cooperación rusa y turca, aunque también ha indicado que «no necesitamos mucha ayuda, teníamos nuestra propia información».

Esta muerte tiene un gran valor simbólico. Desde que Al Bagdadi se autoproclamó califa el 29 de junio de 2014 e hizo su primera aparición en la oración del viernes 4 de julio de aquel año en la gran mezquita de Mosul, el líder del ISIS se convirtió en el rostro del horror infligido por los yihadistas a los chiíes, los cristianos, los yazidíes, los kurdos y, en general, todos aquellos que no se sometiesen a su tiranía teocrática. Desde el territorio controlado por el Estado Islámico en Irak y Siria lanzó ofensivas terroristas más allá de sus fronteras -por ejemplo, en Libia- y su capacidad de cometer atentados llegó hasta Europa.

Sin embargo, quizás sea algo precipitado dar por muerto al terrorismo yihadista en Irak y Siria. Al igual que sucedió con la muerte de Abu Musab al Zarqaui (1966-2006) y con la de Osama Bin Laden (1957-2011), la eliminación de Al Bagdadi no significa la desbandada ni la rendición de todos sus seguidores. El propio ISIS surgió de la transformación del grupo aliado de Al Qaeda que dirigía Al Zarqaui. La muerte del líder puede debilitar los vínculos de los miembros, pero otro jefe puede sustituir al anterior. Esto no significa que cortar la cabeza de la organización sea irrelevante. Tiene gran importancia. Los lugartenientes pelean entre sí por la sucesión. El siguiente sabe que es un objetivo de diversos servicios de inteligencia y de las fuerzas armadas. No sabe hasta dónde llega el nivel de infiltración en la organización que, a su vez, ha perdido prestigio y liderazgo entre los yihadistas. Es un golpe para el ISIS, sin duda, pero es pronto para saber si es fatal.

De hecho, Al Bagdadi estaba cuestionado desde las propias organizaciones terroristas que, en el pasado, lo habían admirado e, incluso, le habían jurado lealtad. En julio de este año, Michael Barak, del Instituto Interdisciplinar de Herzliya, advertía de la crisis de liderazgo en el ISIS. Como indica Barak, la matanza indiscriminada de musulmanes, la pérdida de territorios, las deserciones y la eliminación de las voces críticas dentro de la organización suscitaron la reprobación de Al Bagdadi por parte de autoridades religiosas que antes habían apoyado a Al Bagdadi. Por ejemplo, Abu Muhamad Al Hashemi proponía su destitución e incluso su ejecución.

Así, es difícil saber qué rumbo tomará el ISIS sin Al Bagdadi, que ya no era la estrella en ascenso de 2014 sino un líder cada vez más cuestionado. Barak adelantaba la hipótesis de que, si Al Bagdadi era depuesto, el ISIS podría cooperar con otras organizaciones terroristas o, incluso, suspender su actividad a la vista de la resistencia que generaba en otros grupos yihadistas. Sin embargo, la presencia rusa en Siria y el avance turco en el norte del país, así como la retirada de los Estados Unidos -reforzada ahora por la muerte de Al Bagdadi- cambian profundamente el panorama. Los kurdos salen debilitados, pero Moscú y Turquía tienen ahora una mayor presencia en la región. El ejército sirio no ha podido impedir el avance turco, pero sí ha habido escaramuzas y se ha desplegado a lo largo de la frontera con Turquía. Está por ver si la muerte de Al Bagdadi es el acta de defunción del ISIS o si la organización terrorista es capaz de resurgir de sus cenizas.