AL AIRE LIBRE

JOAQUÍN TORRA, TE TIENES QUE IR

Luis María ANSON | Miércoles 30 de octubre de 2019
La descalificación, como gobernante del presidente marioneta de la Generalidad, el racista Joaquín Torra...

La descalificación, como gobernante del presidente marioneta de la Generalidad, el racista Joaquín Torra, se ha convertido en un clamor. Cualquier presidente que hubiera recibido la repulsa de intelectuales, artistas, gentes de la cultura de tanto nombre y tan alta calidad habría presentado su dimisión, retirándose discretamente a su casa.

Joaquín Torra, no. Joaquín Torra, permanece impávido. Joaquín Torra, que es un político de tercera división, continúa haciendo de títere de Carlos Puigdemont sin preocuparle el deterioro de la vida y la convivencia de los catalanes. El presidente ha perdido el control del orden público y se mueve a remolque de los acontecimientos. Un despropósito. Un completo desastre.

Con uno u otro lenguaje, Juan Marsé y Luis Goytisolo le han dicho que se vaya. Y también Julieta Serrano y Javier Cercás. Y Rosa Montero y Juan José Millás. Y Lidia Falcón y Javier Marías. Y Fany Rubio y Antonio Gutiérrez. Y Ana Arguedas y José Antonio Lobato. Y María Botto y Carlos Jiménez Villarejo. Y varios centenares más de mujeres y hombres de la cultura. Ni siquiera se trata ya de una cuestión de ideas. Joaquín Torra carece de nivel político y personal para presidir una Comunidad Autónoma de la calidad histórica y actual de Cataluña. Esa es la cuestión.

Se tiene que ir. Solo le sostienen los hilos que desde Bruselas maneja Carlos Puigdemont. Pero los catalanes aspiran a ir al trabajo con normalidad. Y a pasear y acudir al teatro o a la ópera. O a un restaurante o una cafetería. O hacer una excursión. Todo ello sin padecer la manifestación permanente, las barricadas siniestras, los incendios multiplicados.

Y ahora en lugar de felicitar a los Mozos de Escuadra que se han batido el cobre en defensa del bienestar del pueblo catalán y que en alto porcentaje han resultado heridos, Joaquín Torra se pone de parte de los manifestantes violentos y pretende expedientar a los policías que han defendido la ley y el orden en Cataluña.

Sin más dilaciones, con elecciones o sin elecciones, Torra tiene la obligación moral de dimitir y retirarse. Deja una situación pavorosa, una Cataluña dividida, una realidad atroz. Su sucesor deberá hacer un esfuerzo gigantesco si quiere que la Comunidad recupere la normalidad, fracturada hoy por las diarias algaradas violentas a las que tal vez no es ajeno el propio presidente de la Generalidad.