Opinión

Entre xenófobos e indecisos

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 02 de noviembre de 2019

El debate electoral de la noche del viernes, 1 de noviembre, transcurrió entre los particularistas que representan sus comarcas, Rufián y Esteban, y los indecisos que representan los supuestos partidos nacionales, Arrimadas, Álvarez de Toledo y Lastra. El representante de Vox, Espinosa de los Monteros, no soltó el hilo conductor durante todo el debate. Él fue quien con mucha agilidad, y manejo de datos clave, supo guardar la postura y aportar los argumentos frente a las muecas estériles de sus adversarios.

El fracaso del debate consistió en la presencia de dos personas: Rufián y Esteban. No se puede permitir que el debate sobre la futuro de 47 millones de habitantes se subyugue a dos partidos regionales, nada relevantes en más del 90% del territorio nacional. La insistencia con la que Esteban pidió a Lastra la definición de las naciones de España, se podría aplicar perfectamente a él: ¿quién es el vasco? Quizá quiere delegar esta decisión al Comité de la Denominación de Origen, porque su discurso y su visión podrían calificarse por “nazistas” que no sólo nacionalistas, ya que el enfoque principal consiste en destacar la particularidad de la nación vasca, con el guiño a la catalana, frente a una masa de los miserables que no han sabido crear nada parecido, por ejemplo, los andaluces o castellanos. Impera la necesidad de aconsejar a l señor Esteban algunas lecturas. Sería un ejercicio de higiene mental para él y sus votantes el libro de Melchor de Santa Cruz, titulado, la Floresta española, primer anecdotario de la historia europea, especialmente el capítulo primero de la quinta parte que trata “De vizcaínos”. Es la lectura obligatoria para el señor Esteban y sus votantes para que no se olviden de dónde vienen.

A propósito de recomendaciones, sería menester que la señora Arrimadas leyese España inteligible de Julián Marías. Allí el autor destaca que el desconocimiento de España y la consecuente dejadez a la hora de defenderla es, entre todos los males que padecen la mayor parte de los españoles, el peorE. Así, Arrimadas insistía en que España tendría que ser como otras grandes naciones, olvidando que, entre las “grandes potencias” del mundo, España ya es una de las15 mayores potencias económicas del mundo. Su tono, quizá involuntariamente, era algo desanimado, hablaba como si estuviéramos en un país olvidado de “tercer mundo”, cuya trascendencia en la política mundial es nula. Es una muestra de lo profundo que ha calado la política de la dejación de funciones por parte de sucesivos gobiernos en la arena mundial. El insano empeño de varios presidentes del gobierno, independientemente de sus partidos, no han sabido poner en valor a España ni su cultura ni su lengua. ¿Cómo se entiende que los centros culturales de China lleguen en el mundo casi a 900 y el Instituto Cervantes siga con unos 80? No hay proyecto de España, ni económico ni cultural y eso es lo que arraiga un gran complejo en el ánimo español.