Solo Pedro Sánchez ha desentonado en el debate entre los candidatos. Parecía un robot leyendo los apuntes. Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal, sin embargo, han sabido aprovechar el programa para anunciar sus propuestas con naturalidad y sin aspavientos. Ha sido un debate tranquilo. Los habituales enfrentamientos se han producido en un tono moderado. Hasta soso.
Pero el temido y más que posible bloqueo tras el 10-N ha sido el verdadero protagonista. Y es que ningún candidato, ningún partido ha cambiado un ápice sus planteamientos. Pedro Sánchez pretende gobernar en solitario si vuelve a ganar las elecciones; de ahí, su petición de que se dejara gobernar a la lista más votada. Ni contestó a Pablo Iglesias sobre su empeño en formar un gobierno de coalición. Insiste el candidato socialista en culpar a todos del bloqueo y espera la abstención gratis del PP y Ciudadanos. No quiere saber que para lograrlo tendrá que romper sus acuerdos de Gobierno con los proetarras y separatistas en Navarra o en la Diputación de Barcelona, entre otros muchos sitios. También tendrá que pactar con ellos los Presupuestos. No hará ni lo uno ni lo otro. Y la Gran Coalición se antoja imposible con Sánchez al frente del PSOE.
Así, solo si el PP, Ciudadanos y Vox tienen mayoría parlamentaria se puede formar un Gobierno. Y, según las encuestas, parece improbable. Pero si depende de Pedro Sánchez, o le dejan gobernar o convoca otras elecciones. No parece estar dispuesto ni a pactar un acuerdo de investidura con Casado y Rivera ni a aceptar a Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros.
Resulta difícil pronosticar si alguno de los cinco candidatos ha aprovechado el debate para lograr el voto de muchos de esos millones de indecisos. Porque han vuelto a repetir sus eslóganes de antes del 28-A. Pedro Sánchez no quería exponerse y se ha limitado a leer los apuntes que le ha escrito Ferraz sobre las grandes éxitos de su breve Gobierno, azuzar el monstruo de la ultraderecha y contestar, casi amedrentado, a alguno de los muchos golpes que le han dado. Pablo Casado ha estado convincente y ha desarbolado a Pedro Sánchez en el duelo sobre Cataluña y al recordar los desastres económicos de los Gobiernos del PSOE. Albert Rivera, a veces un poco acelerado, también ha acertado con muchas de sus intervenciones, como enseñarle a Sánchez un adoquín lanzado por los CDR a la Policía. Pablo Iglesias ha vuelto a demostrar sus habilidades dialécticas y ha arrinconado a Sánchez al exigirle elegir entre un Gobierno de coalición con Podemos o “el pacto con las derechas”. Y Santiago Abascal ha mostrado su perfil más duro y rudo con toda la intención. Seguramente, pocos de los electores han decidido su voto por seguir el debate entre los cinco candidatos. Todo sigue igual. Si nos atenemos a los visto y oído en el debate, el bloqueo amenaza de nuevo.