Es la pregunta habitual el día después. Quién ganó el debate. Sin embargo, los diarios madrileños tienden a dejar el premio desierto y a destacar, en todo caso, el papel de Abascal, que se estrenaba en estas lides, para tratar de superar lo gris de la contienda.
El Mundo: “Sánchez finge dureza pero no reniega de los independentistas”, titula. Lucía Méndez escribe en páginas interiores sobre Vox: “Habrá muchos españoles que puedan abrazar el discurso de Abascal, que propone acabar con las autonomías, recuperar las competencias para el Gobierno central y, en definitiva, borrar de un plumazo los últimos 40 años de la democracia española”.
Carlos Segovia, desde la perspectiva económica dice que “Quedó en el aire cómo sanear por fin las cuentas públicas”
Jorge Bustos admite que no se siente el público objetivo de estos debates televisivos, enfocados al público más desinformado, pero aún así: “Diría que Sánchez no sacó un voto de la izquierda pero tampoco del centro porque no descarta un Frankenstein II: Sedición Edition. Diría que Abascal debutó con provecho pero que la derecha exige algo más que una bandera para decantar su voto, básicamente un programa económico. Diría que Casado no brilló, pero se beneficia de representar una sigla refugio en tiempo de zozobra. Diría que Rivera luchó por el centro, y el domingo sabremos si el centro en España es concebible. Y diría que Iglesias está llamado a darnos lecciones de pureza moral desde una oposición ceñuda pero suficiente para pagar el chalet”.
John Müller escribe sobre Santiago Abascal: “Muy prudente y casi desaparecido durante dos tercios del debate, Abascal armó una argumentación muy resultona mientras cuestinaba las simpatías mostradas por Ilgesias con el entorno de ETA y acabó poniendo de manifeisto que los únicos partidos que hoy datan de la Guerra Vicil son el PSOE de Sánchez y el Partido Comunista que Iglesias ‘tiene dentro’”.
Según Emilia Landaluce, “Abascal se quitó la piel de lobo que le había endosado la izquierda”, y que Sánchez se lanzó a por el electorado de Cs al proponer el control de TV3 y la ilegalización de los referéndums. “¡Hasta defendió a Amancio Ortega frente a Pablo Iglesias!”, escribe.
La Razón habla de “Un debate sin claro ganador”, y constata en grandes letras titulares: “Bloqueados”. Ya dentro, los periodistas del diario dan un 7,5 Sánchez y al resto un 7, excepto a Rivera, que se queda en el 6.
David del Cura: “Vox no es un partido para indecisos aunque en las encuestas algunos de sus votantes esté en el ‘no sabe no contesta’” Cristina López Schlichting, sobre Pablo Iglesias, dice que a pesar de su nuevo tono Yoda –por el anciano de la Guerra de las Galaxias-, dice que fue “despreciado por el César” Sánchez.
Sabino Méndez critica el personalismo de Rivera. Jesús Rivasés dice de Pablo Casado que puede ser presidente y Eduardo Inda, sobre Sánchez: “Empata, pero gana”.
El País: “Sánchez busca el centro en un debate sin salidas al bloqueo”. Dice que el presidente endurece sus propuestas frente al independentismo catalán, y también destaca que Pablo Iglesias lanza guiños al PSOE sin lograr ningún acercamiento.
Anabel Díez analiza en este diario: “A los debates, en fin, no se va a hacer amigos pero tampoco a hacer confesiones”. Se refiere a Pablo Casado, que zanjó la posibilidad de que vaya a prestarse a formar la gran coalición con el PSOE. “’La dereecha discute mucho pero luego pacta, a ver si aprendemos’, sentencio Iglesias. No hubo respuesta”, constata Díez
Javier Casqueiro: “Lo que no supieron o quisieron hacer ni Casado ni Rivera fue desmentir, contraatacar o desmontar las propuestas más radicales y falsas de Abascal, con cuyos votos cuentan sin esperar a cuadrar las sumas tras el 10-N”.
Manuel Jabois desliza una frase sobre la crisis de identidad nacional: “España, en definitiva, es un país en el que su campaña electoral transcurre entre preguntas no de cómo se va a gobernar, sino de qué es lo que se va a gobernar”. Escribe que “los que más lo necesitaban, Iglesias y Rivera, acabaron diluyéndose en sí mismos, buscando a estas oras el golpe de efecto que les devuelva la vida en las encuestas”.
Íñigo Domínguez: “Ninguno tuvo una noche brillante, están tan cansados como nosotros de repetirse”.
En ABC titulan igual que en La Razón: “Bloqueados”, y constatan que “ningún candidato logra sobresalir”. Dice el diario en su editorial que “el debate de anoche, como las encuestas, fue una fotografía del colapso político, reflejo del estancamiento de los bloques y será difícil que sirva para que se aclaren los indecisos”.
Ignacio Camacho habla de “El voto de los tontos” en su artículo, ya que considera que “el debate fue una penosa constatación de que esta política es un espectáculo de baja calidad para un público adocenado”.