Comunicación

¿Por qué nadie cortó a Abascal durante el debate?

LAS PORTADAS DEL DÍA

Isa Fernández | Miércoles 06 de noviembre de 2019

Una pregunta planea sobre las mesas de redacción, se ondula como un remolino sobre las cabezas pensantes de la prensa española: ¿Por qué dejaron hablar a Santiago Abascal durante el debate sobre asuntos que están fuera de todo consenso y corrección política? Lo dice Ana Oramas en El País: “Es increíble que nadie corte el discurso racista de Abascal”. Algún ensayo de respuesta:

En El Mundo, Raúl del Pozo dice que “Abascal habla con la bravuconería del que aún no conoce la duda; se creció y descubrió que con esos antifascistas bizcochos, en dos elecciones más, arrolla y lo llevan a La Moncloa”.

Federico Jiménez Losantos asegura que “Rivera ha caído por su empeño en ser Casado, y Casado quiere ser Rivera. Así, que, vacío el amplísimo carril derecho, Abascal entró hasta en la cocina”.

Luis María Anson apuesta sin embargo por Pablo Casado como el voto inteligente: “No voy a aferrarme al voto útil como ha hecho Aznar. Votar a Casado es lo inteligente porque contribuye al restablecimiento de un nuevo PP, asentado en sus bases liberales conservadoras”.

Antonio Lucas califica a Abascal de “semental de estreno”, “el hombre que se inventó las pasiones” –detrás de las hipérboles quiere mostrar crítica, pero no sé-, el que “se dio cuenta de que iba solo por la cuenta y cada vez pegó más duro, impulsado por inspiraciones loquísimas”, de modo que resultó “un adoquín contra la sensatez”.

Para El País, no puede ser que todos quedaran callados ante la retórica de Vox. “Deber de réplica”, titula su editorial. Dice que “las posiciones de Vox en el debate exigen activar todas las alarmas”, ya que usó “argumentos xenófobos e intolerantes” con “escalofriante naturalidad”.

Jorge Galindo, en estas páginas, dice que “es necesario confrontarse sin ambages con la extrema derecha evitando la reacción constante”, aunque la falta de respuesta pudiera obedecer a otros motivos: “una respuesta alterada y desordenada admitiendo incoherencias propias sin resaltar las de Vox habría ofrecido a Abascal un rol que ansía: el de oposición al sistema”.

David del Cura, en La Razón: “La pregunta no es por qué crece Abascal sino por qué callan los demás y se permite que en un debate ‘a cinco’ en una democracia consolidada se ponga en solfa casi todo lo que ha permitido el asentamiento del sistema”. Dice que “cada uno tendrá sus razones partidistas para haber dejado chospar al político ultramontano”.

Ángela Vallvey constata que “la derecha ya no es prudente, conservadora y pacata”, sino que “está desmelenada, es gamberra, antisistema”.

En ABC, Ignacio Camacho afirma que “el debate premió a los dos candidatos populistas porque se está rompiendo el eje moderado que vertebraba la política”. Un fragmento: “La posverdad trumpista de Abascal, sus expeditivas recetas propias de un Gil y Gil sin guayabera, encuentran eco en un votante harto de que separatistas y comunistas se le suban a la chepa. A ese español cabreado con las autonomías, la inmigración, el feminismo o las doctrinas políticamente correctas le han salido una cierta vena antisistema y suspira por un envite autoritario que le dé una patada a la mesa”.

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