Nuestro hombre, catalán y español, sacó una piedra en el debate. Un pedazo de adoquín más grande que los caramelos típicos de mi Zaragoza natal. Éste no se podía chupar, se le veía sucio, gris y demasiado grande para metérselo en la boca hasta la gran Apolonia Lapiedra, actriz porno que fue la gran protagonista del debate con su tuit en el que hacía mención a las “mamadas” de Pablo Iglesias. “Sí la política va de eso, tendríais que consultar a expertas como yo”, eso es lo que dijo alguien que sí que vertebra España. Eso sí que es machismo, y Irene Montero en primera persona lo sabe mejor que nadie. Seguro que a su pareja no le ha puesto una demanda. Que la política era algo que estaba chupado hacer es algo que ya sabíamos todos, solo hay que ver la calidad de los que la llevan a cabo. Pero confundir el sexo oral con la capacidad de oratoria es algo que solo le puede pasar a un político que acaba de ser padre y que por tanto eso de follar se va convirtiendo en una quimera y que solo se puede recordar hablando de joder (al personal), en definitiva, haciendo política. Pero a lo que íbamos, Albert sacó una piedra al debate que fue con la primera que tropezó, dicen que el “homo albertus” no es que tropiece dos veces con la misma piedra, sino que se enfada con ella, la recoge del suelo y luego se la lleva a todos los sitios. Hay tontos útiles y luego está la utilidad tonta de las cosas. Ustedes elijan donde está Albert, tengo claro que no se equivocarán y sabrán salvar la piedra. Que la política es un espectáculo es algo claro desde que las televisiones vieron un filón en ella, pero los actores y artistas que la ejecutan no tienen ni el talento ni la gracia necesaria para desarrollarla. Señor Rivera, ya que se puso, tendría que haber hecho un guiño a nuestros hermanos vascos y llevar una piedra de cien kilos y homenajear al gran Perurena y levantarla delante del resto de candidatos. Seguramente se hubiera deslomado y yo eso a usted no se lo deseo, aunque sí que hubiera tenido su gracia.
Pero nos habríamos perdido su segunda presunta genialidad. Se sacó un papel de la manga cual prestidigitador, como un mago lo fue desenrollando de manera continua, en un bucle que parecía que no tenía final y que creo que puede ser así. En el momento que estoy escribiendo esto me confirman que el personal de limpieza todavía no ha sido capaz de volver a enrollarlo o a hacerlo una bola para depositarlo en el contenedor de papel. A nadie le importaba lo que ponía en ese pergamino infinito que exigía un cuello de jirafa con gran flexibilidad.
Rivera, el hombre sin atributos para la política. Una lesbiana con cuerpo de casi- hombre que dejó solos a sus compañeros de partido en la celebración del orgullo. Jesús Nieto, rey republicano de la columna se llevó las hostias por ti. No le queda otra que hacer la “tijera” con su pareja que llora y canta lo “mal(u)amente” que está. Hay cantantes que respiran butano y otras que le hacen la cobra al nene Errejón. Que una triunfe más que la otra no es casualidad. Cuando despertó, la hendidura seguía allí y las tijeras estaban hechas del material del sueño. Albert no se corta a la hora de levantarse socialdemócrata, orgulloso de la nada que eso representa, Groucho Marx de pacotilla, “Si no le gustan mis principios, a mí tampoco”. “Si te gustan, los olvidaré antes de terminar esta frase”. Cuando no hay relato se hace poesía de la mala, Elvira Sastre intentando transformarla en prosa en El País sin conseguirlo, pero sí en hacer mal todo lo que prueba. Gracias a ti lloro de risa cuando quedo con mi amigo Juan Antonio y te leemos en el periódico. Hay que perdonárselo todo a quien consigue eso.
Rivera es un mal socialdemócrata y miren que ello consiste en ser y no hacer nada, pero cuando termina de comer y se le abre la boca pidiendo una siesta que le auxilie, que le ayude a elegir en la tómbola de sus pensamientos inconsistentes, entonces se le abre más la boca y se le aparece un bostezo neoliberal, con mal aliento, una boca de la que sale aceite de freidora recalentado. Un “viejoven” que tan pronto traumatiza a un “perrete chico”, como tiene ansias de privatizarlo todo, desde las calles hasta las montañas.
Al partido naranja le iría mejor con Doña Inés, que no tiene nada de “Zorrilla”, pero que es más astuta y capaz que su jefe. Lo demuestra que le ganase las elecciones a esos nazis, racistas, clasistas y nada empáticos con las regiones más pobres, que son los nacionalistas catalanes. Pensar como Albert Rivera está mal, hacerlo como un nacionalista es infame e indecente.
Albert camina en la dirección que le indica la veleta, un fuerte viento la enloquece y la mueve a gran velocidad en todas las direcciones. Se ha parado en la independencia de Cataluña, y como no, Rivera es el orgulloso presidente de la República. Al tiempo.