Las declaraciones de Sánchez a RNE, además de suponer un trompazo en plena campaña electoral, demuestran que, en efecto, la Fiscalía General del Estado está a sus órdenes. “¿Quién la controla? ¿Está claro. ¿No?”, afirmó en tono chulesco y rotundo. El patinazo es descomunal. De un plumazo, ha triturado la independencia del Poder Judicial y ha dado argumentos a Puigdemont y a muchos otros para chotearse de esa independencia que ni el presidente reconoce.
No se trata de que Pedro Sánchez esté cansado por conceder tres entrevistas al día y asistir a un par de mítines, como pretende justificar Moncloa. No se trata tampoco de un lapsus. Se trata de que se cree que está en posesión del poder absoluto. Que España le pertenece.
El error de Pedro Sánchez le descalifica como político y, más aún, como presidente. En estos momentos en que una parte de Cataluña, como la propia Generalidad, está agrediendo al Estado de Derecho por “represivo”, las declaraciones del presidente son tan incendiarias como las barricadas de los CDR.
Como ya es tradicional, la titánica maquinaria mediática al servicio del PSOE, que esa sí que la controla, le quitará importancia al lapsus o al cansancio de un hombre que tiene que trabajar todos los días. Pero el candidato socialista ha demostrado, una vez más, que no tiene condiciones para presidir el Gobierno de España. No es un lapsus. Es un despropósito inadmisible del candidato socialista a presidir nuestra nación.