No se si estamos ante un caso de voluntarismo político. Son muchas las personas de relieve con las que he conversado que piensan en una trampa de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias. Si el acuerdo PSOE-Podemos no alcanza los apoyos necesarios para la investidura, el presidente en funciones declarará que lo ha intentado y abrirá la negociación de forma inmediata con Pablo Casado para una solución de “concentración constitucional”. Ha conseguido, en todo caso, meter el miedo en el cuerpo a los partidos de centro derecha, a los empresarios y a la Iglesia Católica, lo que facilitaría la negociación para conseguir su investidura con pocos condicionantes. Y, sobre todo, que no se plantee lo que planeó en la noche del día 10: la retirada de Pedro Sánchez en favor de Josep Borrell.
Esta exposición puede que solo sea voluntarismo político de los que contemplan estupefactos cómo Pedro Sánchez ha modificado su posición y sus reiteradas declaraciones, radicalmente hostiles a Pablo Iglesias. Aunque no se puedan descartar maniobras enmascaradas de Redondo y Sánchez, me parece que el abrazo en el Congreso ha sido real porque lo único que de verdad importa a Pedro Sánchez es su continuidad como Presidente del Gobierno y después del fracaso de la estúpida maniobra de las elecciones del 10-N, el líder socialista quedó seriamente tocado y en el propio partido socialista, e incluso en el PNV, son muchos los que pensaron en su sustitución.
En todo caso, la especulación de la eventual trampa de Sánchez a Iglesias se trata, a mi manera de ver, de eso, pura especulación. El líder podemita es demasiado inteligente para tragarse una jugarreta tan burda y lo más probable es que, en unas semanas, le tengamos de estrella política en la vicepresidencia del Gobierno.