El Real Madrid volvió este sábado a la actividad tras el parón correspondiente a las fechas FIFA con una prueba de fuego. Se examinaba el conjunto capitalino ante una Real Sociedad protagonista hasta esta decimocuarta jornada. Además, este duelo estaba insertado justo antes del combate ante el PSG que, el próximo martes, podría facturar el billete merengue hacia los octavos de final de la Liga de Campeones. Así las cosas, se medía en el Santiago Bernabéu la consistencia de los dos clubes, su punto de cocción a estas alturas del calendario. Con la obligación de ganar recostada sobre la trinchera local.
Zinedine Zidane diseñó un once inicial respetuoso con el contexto y con el inminente evento continental. Dejó en el banquillo a Gareth Bale, Kroos y Marcelo, otorgando la alternativa a piezas como Rodrygo, Luka Modric y Mendy. Fede Valverde y Casemiro completaban la medular de un 4-3-3 coronado por Benzema y Hazard punta, y por Carvajal, Sergio Ramos y Varane en defensa. Thibaut Courtois pondría en juego su buena racha, con Isco, Jovic y los mencionados suplentes aguardando turno. Más que sacar lustre a las sensaciones, se trataba para los madrileños de responder al Barcelona y sumar tres puntos.
Imanol Alguacil, por su parte, replicaría el mismo esquema que el coloso, apostando por la calidad que ha colocado a su proyecto a tiro del liderato liguero cuando noviembre está cerca de declinar. El técnico donostiarra buscó competir con Monreal y Zaldua en los costados; con Diego Llorente y Elustonso protegiendo al meta Álex Remiro; con Mikel Merino, Zubeldia y Martin Odegaard liderando un centro del campo eminentemente creativo; y con la tripleta acostumbrada que conforman Portu, Oyarzabal y Willian José. No mostró el estratega intención alguna de variar su paleta de juego y lo demostró con la nómina presentada.
El guión arrancó con el pelaje pronosticado: dos bloques que presionaron a toda cancha, tratando de marcar el ritmo y el territorio. Y aparentó que todos los peones saltaron al verde con la concentración que demandan sus exigentes disposiciones tácticas, mas con precoz factura se demostró que hubo un jugador que arrancó más tarde que el resto. En el segundo minuto Sergio Ramos cedió sin mirar a Courtois, regalando la pelota a William José. El brasileño se anticipó al belga ante el error grosero del central y anotó a portería vacía. A las primeras de cambio se fracturó el plan de Zidane y Oyarzábal, de inmediato, trató de hacer caja del desconcierto rival con un centro cerrado.
Tardó ocho minutos el sistema madridista en jugar en campo visitante y de una triangulación por la banda de Mendy brotó el pase delicado de Benzema para el chut de Hazard al lateral de la red. Y esta oportunidad no pasaría de representar una anécdota dentro del paisaje global: la Real ahogaba el fútbol ajeno y avanzaba con facilidad a la contra, ante un dibujo local tendente a partirse tras pérdida. Odegaard actuaba como mediapunta que distribuía para alimentar las incorporaciones de los extremos, visualizando una intención mucho más vertical que la horizontalidad insulsa del escuadrón capitalino. Se había descosido el esquema del candidato a todo y William José tuvo el 0-2 en el minuto 15. Conectaría sin fuerza un centro de Oyazrábal, en la enésima contra vasca que fructificaba con soltura y sencillez.
Le urgía al Real Madrid detectar cómo equilibrarse, pues cada imprecisión le desestabilizaba. Mendy emitió un trueno raso que estrenó los guantes de Remiro y Carvajal centró en la siguiente acción, antes del recuerdo de la inseguridad defensiva de su equipo. La delegación donostiarra no bajaría las revoluciones ni la ambición posicional fácilmente, pues se gustaban en el juego combinativo y generaban cortocircuitos constantes cuando se atravesaba el minuto 20. Sin complejos, la idea de Alguacil sacó los colores tácticos de los presupuestos de Zidane -sus líneas estaban muy lejos con y sin pelota- y sólo un córner rematado con flacidez por Benzema y un slalom individual de Hazard inquietarían a su arquero.
El nudo y la guerra de guerrillas dictados por los Txuri-Urdin, desactivó, de forma sostenida, a los buenos síntomas de los cinco partidos merengues precedentes -en los que dejó la portería a cero-. Chamartín lucía congelado, atónito ante el apocado aspecto de su conjunto. El trabajado colectivo realista alcanzó a desnudar los problemas del trece veces campeón de Europa de manera explícita y Odegaard castigó, en transición, con un zurdazo que se sacó de encima Courtois -al borde de la media hora-. Mikel Merino y el noruego gobernaban el pentagrama ante la impotencia de Modric y compañía para sacar de la oscuridad a Rodrygo, Hazard y Benzema. Únicamente cuando la Real retrasó metros y abrazó el modelo de repliegue y salida respirarían los nublados futbolistas de Concha Espina. Y de qué forma.
No pasaba el sobrevenido monopolio del cuero madridista de lo que Modric improvisara y de la montonera de centros laterales. Y precisamente de la conjunción de ambos factores nació el descontextualizado empate. En el 37 botó una falta el croata y Benzema empujó la parábola hacia las mallas con un golpe de pecho. La diana del francés adelantó el premio a un respingo orgulloso y energético que arrancó con presiones ardientes y proseguiría con más balones emitidos desde los laterales. Mendy y Carvajal se multiplicaron en fase ofensiva y Hazard amaneció, pero Remiro no sudó hasta el descanso más allá de un envío venenoso del belga. El asedio anatómico local llegaría hasta el camino de vestuarios, neutralizando el maravilloso despliegue vasco. Y dándose con un canto en los dientes, visto lo visto. La pegada les rescató del brete.
Y la reanudación asomó con el refresco de las intenciones estudiadas. Recobró vigencia la presión de los dos escuadrones, mas esta vez el fallo en el pase fue donostiarra y la recuperación adelantada, madridista. Modric -de mejoría tan evidente como creciente- tomó el timón de la transición tras el robo y cedió para el chut, desde media distancia, de Fede Valverde. El derechazo del charrúa rozó en Oyarzábal, descentró a Remiro y se coló, completando la remontada -minuto 48-. Y los madrileños aparentaban mayor pujanza en el reto posicional mutuo, germinando un ida y vuelta repleto de espacios cuando se superaba la primera oleada de cierre. Un testarazo centrado de Rodrygo rubricaba la metamorfosis de la actitud y precisión locales. En este punto el tempo obedecía a la jefatura de Concha Espina.
Le tocaba navegar a la Real semejante oleaje y leyó la necesidad de asentarse desde la concatenación de pases. Asumiría, ahora, posesiones controladoras el sistema vasco. Se había desatado una anarquía que desembocó en un intercambio de golpes que beneficiaba al grupo en ventaja. La producción atacante visitante en este tramo se limitó a un punterazo inocuo de Odegaard y a un derechazo trompicado de William José -en jugada a balón parado-, con lo que el movimiento hacia la iniciativa se antojaba lógico. Y en el entretanto Valverde galopaba a su gusto y Hazard rozaba la sentencia -perdonó una contra cristalina con un zurdazo sin dirección-.
A falta de 25 minutos para la conclusión Bale entraría en escena -por un Rodrygo discreto y para amortizar los contraataques que se presentaban-. La unánime pitada de la tribuna al galés daría paso al pausado soliloquio vasco con el cuero. Las ayudas de todos los peones merengues lograron una cohesión que permitía a los pupilos de 'Zizou' gozar de transiciones propicias y no sufrir remates. La circulación en estático de los visitantes chocaba con el buen posicionamiento del achique local y comparecería Januzaj como desatascador anhelado -por un Portu transparente-. Sin embargo, Imanol se topó con el 3-1. Bale corrió al espacio y centró para que Benzema patrocinara, con seda, el zurdazo a gol de Modric -minuto 75-. El croata puso la guinda a su resplandor y abortó la incertidumbre anunciada para el desenlace.
Kroos, Isak e Isco -por Valverde, Oyarzábal y Modric- serían de la partida cuando los decibelios estaban ya por los suelos. La redonda sería Txuri-Urdin, sin soluciones ante la cobertura local y el peligro circundaría mucho más a Remiro. Hazard entró en ignición y Benzema, Kroos y el propio belga chutaron fuera de tino en el decantar del minutaje. Odegaard y Januzaj lo probarían, discretos en la finalización, antes de que Courtois ejecutara una parada de mérito al chut cruzado de Isak -minuto 84. Acabaría relamiéndose con el esférico el sistema capitalino, Remiro voló para negar a Karim el doblete y Bale se unió a la fiesta con una maniobra rebosante de clase que no amplió la renta de casualidad. Finalmente, el físico, el compromiso y la mentalidad cosecharían un triunfo valioso, desde lo estadístico y lo anímico, para el camarín dirigido por Zidane.
- Ficha técnica:
3 - Real Madrid: Courtois; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Mendy; Casemiro, Modric (Isco, m.83), Valverde (Kroos, m.76); Rodrygo (Bale, m.67), Hazard y Benzema.
1 - Real Sociedad: Remiro; Zaldua, Diego Llorente, Elustondo, Monreal; Merino, Zubeldia, Odegaard; Portu (Januzaj, m.73), Oyarzabal (Isak, m.80) y Willian José.
Goles: 0-1, m.2: Willian José. 1-1, m.37: Benzema. 2-1, m.48: Valverde. 3-1, m.74: Modric.
Árbitro: Gil Manzano (Comité Extremeño). Amonestó a Ramos (m.52) por el Real Madrid; y a Zaldúa por la Real Sociedad (84).
Incidencias: encuentro correspondiente a la decimocuarta jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 69.305 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Veloso, exjugador del Real Madrid.