Reproducimos a continuación la carta que el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, ha enviado esta tarde a los grupos de interés de la compañía.
Queridos amigos,
Hoy empieza una nueva época.
Y, por eso, las líneas que siguen son, sin ningún género de duda, las más importantes que os he escrito desde que fui nombrado presidente de Telefónica. En ellas voy a hablaros del mundo que viene. Y también de la respuesta que, desde Telefónica, vamos a dar a los cambios que ese nuevo mundo traerá consigo.
En esa respuesta, nuestros clientes, nuestros accionistas, y todos quienes trabajan y se relacionan con nosotros, las sociedades en las que estamos presentes, van a encontrar una nueva Telefónica. Una nueva Telefónica que, desde nuestra historia, hemos diseñado para continuar a la altura del desafío que los nuevos tiempos nos plantean. Hoy voy a hablaros de la nueva Telefonica.
La Cuarta Revolución es, indiscutiblemente, una revolución tecnológica, pero también una revolución social que alterará nuestro futuro inmediato. Una revolución que va a generar billones de euros de valor y, probablemente, nos ayude a solucionar retos que hasta ahora el ser humano no había podido conquistar. No podemos imaginarnos muchas de las cosas que esta revolución nos va a traer, pero sabemos que, para que sea buena para todos, debe ser justa e inclusiva. Debe ser humana.
De lo que no tengo ninguna duda es que en Telefónica queremos contribuir a que lo sea y tendremos un papel fundamental, asumiendo nuestra responsabilidad.
Las compañías que no entiendan que el mundo está cambiando social, tecnológica y económicamente están destinadas a desaparecer. Las compañías que no asuman su responsabilidad en este nuevo mundo dejarán de ser relevantes en el corto plazo. Los directivos que no nos comprometamos con el largo plazo y la sostenibilidad no estaremos siendo responsables.
Nos enorgullece la trascendencia social que tienen muchas de las cosas que hacemos. Las inversiones realizadas y el conjunto de nuestra actividad redundan en la generación de 1,2 millones de puestos de trabajo directos e indirectos, una aportación fiscal de 10.000 millones de euros al año y un impacto en el PIB de más de 53.000 millones de euros en los países donde operamos. Cumplimos y cumpliremos nuestra misión: Hacer nuestro mundo más humano, conectando la vida de las personas. Y, además, de forma sostenible.
Telefónica lleva casi un siglo presente en nuestros hogares, en nuestras empresas, en nuestras calles, en nuestras emociones; forma parte de nuestras vidas. Se ha convertido en un actor relevante en nuestro día a día y en un motor de progreso de las sociedades en los países en los que estamos presentes. A medida que la tecnología ha ido avanzando, nos hemos anticipado para que los beneficios de estos avances llegaran a toda la sociedad. Primero fue la telefonía fija, luego la irrupción del móvil y la banda ancha, y en décadas más recientes la revolución de los datos. Hoy ofrecemos todos estos avances a 340 millones de clientes. Detrás de cada uno hay historias personales. Son cientos de millones de personas, 85 millones de hogares y más de 6,5 millones de empresas que, cada día, depositan su confianza en nosotros. Pero esta revolución no para y no espera a nadie.
Llevo 20 años en Telefónica y he vivido algunas de las páginas de nuestra historia. Sé que los cambios no son fáciles. Que decidir cambiar no es sencillo; es duro y está lleno de desafíos. Y, por eso, pocos se atreven a hacerlo de forma decidida. Pero Telefónica no es así y eso nos exige estar a su altura.
Me refería antes a los cambios que vienen. Por un lado, la explosión de la conectividad y la Inteligencia Artificial y las nuevas necesidades de nuestros clientes, eje central de nuestra estrategia, requiere dar respuesta con soluciones tecnológicas innovadoras, inteligentes y sostenibles que generen un impacto positivo en el medio ambiente y ayuden a gestionar la transición tecnológica. Cloud, IoT, Big Data o Ciberseguridad son términos que escuchamos con mayor frecuencia. Suponen una enorme oportunidad para nuestros clientes y, también, para nosotros. Y estamos listos para aprovecharla.
Por otro lado, las incertidumbres geopolíticas, macroeconómicas y regulatorias, y la elevada competencia en el sector requieren una asignación del capital cada vez más exigente. Si en el pasado la baja penetración de los servicios de voz y datos nos aseguraba el crecimiento futuro, la madurez actual de los mercados y la aparición de nuevos competidores sujetos a distintas reglas demandan aproximaciones estratégicas muy focalizadas y alternativas a las tradicionales para seguir creciendo. Tenemos que reconocer que el modelo que nos ha permitido llegar hasta aquí con éxito se está agotando. Y, una vez más, queremos ser precursores, buscando nuevas fórmulas para crecer, ofreciendo el mejor servicg/>io a nuestros clientes y gestionando los recursos de la manera más eficiente posible.
Finalmente, la rapidez de los cambios en el entorno empuja a acelerar el cambio cultural. Pero no es sólo el entorno. Es nuestro propio equipo el que lo pide. En el mes de julio hice una pregunta a todos mis compañeros de Telefónica: ¿Qué medida adoptaríais para mejorar la compañía? Y quiero reconocer lo orgulloso que me siento de todos ellos, por la implicación y compromiso que demostraron. Recibí más de 1.000 respuestas. Leí y analicé todas ellas. Y las conclusiones eran muy claras: les motiva trabajar en una compañía más simple y con procesos más ágiles; en una compañía donde la experiencia del cliente sea el eje central, y en una compañía que actúa con valores en el nuevo mundo digital. Porque tan importante es gestionar el cambio climático o la transición energética como gestionar la transición digital.
A los que estamos en Telefónica, a todos, nos corresponde la misión de imaginarnos la compañía que queremos tener para el futuro. Nos corresponde diseñar una compañía para los próximos 100 años. Una compañía ambiciosa, llena de oportunidades, responsable y sostenible. La mejor para afrontar esta revolución que tantas oportunidades e incertidumbres plantea. Nos corresponde imaginarla, diseñarla y construirla, como otros hicieron antes que nosotros. Y lo hemos hecho. La hemos imaginado, la hemos diseñado y queremos empezar a construir el camino hacia ella.
Nos imaginamos una compañía con unidades de negocio de telecomunicaciones con las mejores redes, totalmente digitalizadas y referentes en eficiencia. Con fibra y 5G, sistemas cognitivos basados en inteligencia artificial que, en tiempo real, convierten a las redes en ejemplos de virtualización, softwarización y clouditización, y donde la sencillez impera. Con el mejor servicio al cliente, los mejores canales comerciales y las marcas más admiradas. Abiertas a terceros, lo que las convierte en las mejores plataformas de distribución de tecnología en las sociedades a las que servimos. Son unidades que crecen y generan el mayor orgullo de pertenencia.
Nos imaginamos una compañía con unidades de tecnología punteras, que compiten cara a cara con los mejores a nivel mundial y crecen con ímpetu, aprovechando las oportunidades que esta revolución nos abre. Capaces de diseñar productos y servicios digitales vanguardistas para cubrir las nuevas necesidades de los clientes, y con las mejores infraestructuras para gestionar la explosión del tráfico de datos, que seguirá creciendo de forma exponencial.
Una compañía que es capaz de atraer y motivar a su gente, y que cumple con su misión social y ayuda a construir un mundo mejor, más justo y sostenible, y donde la tecnología está al servicio de las personas y no al revés.
Por ello, he presentado al Consejo de Administración de Telefónica un plan de acción que ha sido hoy aprobado y que servirá como acelerador en la transformación de la compañía. Este plan de acción gira alrededor de tres ejes.
En línea con este plan, en el Consejo hemos aprobado cinco decisiones:
Saint-Exupéry escribió que “lo esencial es invisible a los ojos”. Nuestra esencia es el cambio. Ésta, como les dije en la última Junta General de Accionistas, es una compañía forjada en el cambio. Y hoy vuelve a cambiar. Vuelve a su esencia. Vuelve a imaginarse el futuro. Un futuro que pasa por sus redes y le exige ser protagonista.
Vivir en este momento del tiempo es apasionante. Volvemos a vivir una encrucijada y elegimos lo mismo que nuestros antecesores: el camino del cambio. Son cambios profundos que exigen tomar decisiones valientes. Pero mis 20 años en Telefónica y el paso por las distintas áreas de la compañía me permiten conocer esta casa y a su gente muy bien. Y sé que el compromiso de todos los que forman parte de Telefónica, su pasión y la confianza que transmiten nos permitirán aprovechar las nuevas olas de oportunidades y afrontar los retos con ilusión y optimismo.
Es imposible adivinar el futuro, pero estoy convencido de que la mejor manera de predecirlo es crearlo.
Y el futuro de Telefónica empezamos a escribirlo hoy.