Martes 12 de agosto de 2008
“Me han pillado”. Fue lo único que acertó a decir Maribel Moreno a la salida del control antidopaje en el que habría de dar positivo por EPO. Nada de ansiedad, por tanto. La crisis de la ciclista española ocultaba un secreto oscuro y, avergonzada de que se hubiera descubierto su trampa, decidió volver a casa a esconderse hasta que pase la tormenta.
Se trata del primer positivo por dopaje de estos Juegos Olímpicos, aunque, lamentablemente, no será el único: el Comité Olímpico Internacional (COI) estima que, entre los más de 4.500 controles que se realizarán durante la competición, unos 30 ó 40 serán positivos. En un mundo contemporáneo donde el deporte alcanza una notoriedad sin parangón, el dopaje constituye una lacra que las autoridades gubernamentales y deportivas se han propuesto erradicar. Por desgracia, esta práctica está a la orden del día en algunas modalidades y cada nuevo caso que es destapado mancha también a los deportistas honrados que consiguen sus metas con la única ayuda de su esfuerzo y tesón. Uno de estos ejemplos es precisamente el ciclismo, que ya nos tiene tan acostumbrados a este tipo de escándalos que su nombre se asocia con facilidad a las trampas.
El caso de Maribel Moreno podría ser solo un nombre más en la larga lista que conforma el historial de ciclistas “pillados”. Pero tiene una importancia mayor por cuanto supone un borrón en el expediente intachable del deporte español, que este año ha desarrollado una campaña magnífica, repleta de triunfos y títulos. Sin embargo, hay que recordar que no es el primer positivo del ciclismo español esta temporada: en el pasado Tour de Francia Triki Beltrán y Moisés Dueñas también dieron positivo por dopaje. Parece, pues, que el problema es bastante localizado, lo que, en cierta manera, facilita su intervención.
El presidente del Consejo Superior de Deportes, Jaime Lissavetzky ya ha anunciado la apertura de una investigación para esclarecer todas las responsabilidades en el caso Moreno. “Queremos saber quién le proporcionó la EPO, quién se la aconsejó, quién se la suministró. Aplicaremos la ley penal antidopaje con la máxima dureza y lograremos inhabilitar o encarcelar al inductor, a quienes se lucran con la salud de los deportistas”.
Las autoridades deben dejar claro que se actuará de forma inflexible y se perseguirá toda práctica ilegal en la competición, por lo que, en este sentido, es de agradecer la firmeza con la que se ha expresado Lissavetzky. No debemos restar importancia al problema, sino que, antes al contrario, hemos de recordar que se trata un fraude y, como tal, ha de ser perseguido por la Justicia.
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