Opinión

Osetia

Luis Alejandre | Martes 12 de agosto de 2008
Parece que la enfermedad ha aparecido súbitamente, sin avisar, cuando realmente estaba diagnosticada desde hace tiempo. Los conflictos, las guerras, aparecen siempre así, aunque los libros de historia señalen un día y hasta una hora determinada para marcar su comienzo.

En Osetia del Sur están latentes dos cromosomas que definen la enfermedad. Uno, el residual de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Se había mantenido férreamente la Unión con la clara filosofía política de que el Estado estaba por encima del individuo. No había mas diversidades que las puramente locales, casi vestidas de folklore. No había otras fronteras que las exteriores del imperio soviético.

El otro mal se reflejó en Kosovo. Y se repitió hasta la saciedad que el ejemplo podía exportarse a otras zonas. Pretender en el siglo XXI, que un territorio acoja en su seno a una especial minoría que tiene una misma lengua, una misma religión, un mismo sentido de pueblo o nacional, y sólo a él, es una utopía que solo justifican los nacionalistas excluyentes y fanáticos.

Ya se vió en la antigua Yugoslavia. Se limpiaba étnicamente a quien no encajaba con estas condiciones. Svrenika, esta lacra que llevamos los europeos en nuestra conciencia, es el ejemplo mas vivo. Y como era prácticamente imposible separar familias mixtas –él bosnio, ella croata por ejemplo- o se expatriaban o tenían que elegir una vida ficticia en la que uno de los dos renunciaba a sus raíces culturales e históricas ¡Pero, ¿quién es puro a estas alturas de los tiempos?! ¡Qué región no ha sido invadida cien veces militar o económicamente! ¿Volvemos a los tiempos de la limpieza de sangre en plena época de la globalización? Ya hubo un intento ario de selección de raza especial. Se llamaba Hitler quien quiso desarrollarlo y llevó a Alemania a la guerra, a la destrucción, al hambre, a la miseria.

Ahora los georgianos de Osetia del Sur quieren ser rusos, al igual que sus congéneres rusos de Osetia del Norte. Georgia defiende su soberanía; Rusia apoya a los que quieren ser sus ciudadanos. Mal diseño de fronteras; heridas morales ancestrales; niveles de vida diferentes. Saltan las alarmas en todos los organismos internacionales.¡Como si acabasen de enterarse escuchando el telediario de la noche! Inglaterra parece canalizar las iniciativas. “Debe detenerse el conflicto” dice majestuosamente su Ministro de Defensa Des Browne. Mandaremos una fuerza multinacional, dicen en la presidencia francesa de la Unión Europea.¡Como si una fuerza multinacional se pueda organizar en una semana!

Decía Bismark que el buen político es aquel capaz de prever con tiempo, con la oreja pegada sobre la hierba, el sentido del galope de los caballos de la historia. ¿Quién atisba el futuro inmediato hoy en día?¿Qué hacen tantos centros estratégicos y de pensamiento que no alertan, que no prevén -es decir ven a futuro-? ¿Cuándo hemos tenido tantos organismos internacionales? ¿Cuándo se ha manipulado tanto la palabra paz? ¿Para qué? ¿Para asistir impasibles a la muerte de más de dos mil ciudadanos y al desplazamiento forzado de otros miles?
Seguramente acallaremos nuestras conciencias cuando una ONG conocida nos pida una aportación especial o cuanto sepamos que el gobierno manda a un centenar de nuestros excelentes soldados a fin de integrarse en una fuerza multinacional –eso si, de paz- a la frontera suroseta.

¿Qué nos pasa a los seres humanos, que nunca aprendemos las lecciones de la Historia?

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