El Brexit es el resultado del artículo 50º trasvasado desde la Constitución Europea al Tratado de la Unión, que con semejante viaje se ha quedado desnaturalizado, pues nunca se había conocido que una organización internacional basada en la integración se pudiera desintegrar. Un resultado que viene a ser como si, literariamente, hubiésemos pasado del hada al hado.
Con los personajes de novela pasa lo mismo que con los artículos jurídicos, que también se pueden trasvasar y el cambio de cuerpo tampoco les deja igual. Así le pasó a la minúscula hada Queen Mab que en Romeo y Julieta visitaba a los enamorados y les ayudaba a alumbrar sus sueños de amor y que después apareció en el rudo mundo de la caza de la ballena en Moby Dick para dar lugar a sueños de pavor.
La caza de la ballena en Moby Dick es la historia de un desplazamiento turbulento, que es lo que Moby Dick realmente quiere decir. El viaje por los distantes océanos es tan redundante y tan inútil como quien persigue su destino tirando hacia adelante, pues no tiene sentido perseguir lo que ya viene con nosotros por detrás.
El repertorio de personajes estrafalarios, a mas no poder, que hay en Moby Dick convierte un viaje de tormenta en busca de una ballena en una metáfora grotesca de proporciones épicas. Pero Moby Dick no era una ballena sino un cachalote, a los cuales se les cazaba, porque no se puede decir pescaba, en aquella época en Norteamérica por el esperma que tienen en su gigantesca testa. Y tampoco Moby Dick es un nombre sino un apodo: mob es la turba y dick el chico (el chico turbulento, podríamos resumir).
El barco pesquero Pequod (el Apache, convencionalmente se puede admitir) es ridículo y anticuado, un adefesio de feria que para pasmo del lector, al final desaparece bajo las aguas sin dar ninguna explicación. El Capitan Ahab (¡Ajá!) tampoco es más que una exclamación y cuando le preguntan por su obsesión con la ballena blanca, dice que lo mismo le podía haber dado por un oso polar, que también son blancos a rabiar. Hasta los arponeros son aborígenes de remotas tribus exóticas de las que nunca habíamos oído hablar y llevaban jeroglíficos grabados sobre el cuerpo, como artículos jurídicos que uno no sabría descifrar.
Al capitán Stubb (zoquete), que también estaba embarcado en el Pequod, el hada antes citada una noche se le apareció y él tuvo un sueño muy raro que después a su compañero el capitán Flask (frasco) le contó. En sueños Stubb vio como Ahab, disfrazado de feo tritón, le golpeaba con su pierna postiza (la de verdad se la había arrancado Moby Dick), la cual no era de madera sino de hueso blanquísimo de ballena, con lo cual la afrenta era menor. No obstante él se quiso vengar pero no pudo porque Ahab se transformó en una gran piedra, en el que las leyes estaban inscritas de forma eterna, y ahí se acabó su ensoñación y la función.
Mientras tanto, en la cubierta del Pequod los cabos sueltos de las velas, como artículos perdidos azotados por los vientos violentos de la tempestad internacional, golpeaban los mástiles con estrépito y Ahab solo en su camarote como no podía dormir ni contando ovejas, reflexionaba así en alta voz:
“ !Oh¡ Odio el hado !Advertencias¡ !Avisos¡¿Porqué no llegáis primero? No sois más que sombras, ni siquiera predicciones, solo verificaciones de lo que sucede en nuestro interior.”