Gareth Bale se ha subido esta temporada a una actitud pasiva con respecto a las formas que se le suponen a un futbolista profesional del Real Madrid. Ha puesto por delante a su selección nacional -llegando a estar semanas sin entrenarse con el club español para guardar su físico y competir con Gales-, pasa por completo de lo que ocurra con sus compañeros -infinidad de veces ha abandonado el estadio antes de la conclusión del partido- y ha jugado con el apoyo de madridismo a través de declaraciones y la afamada pancarta que coloca su compromiso merengue por detrás de su país y el golf.
Además, este zurdo que reclamaba protagonismo o se marcharía -justo minutos después de haber firmado un doblete en la final de la Liga de Campeones de 2018- no ha tomado el relevo de Cristiano Ronaldo. En el palco entendían que con la marcha del cinco veces Balón de Oro, el británico asumiría con éxito el papel de jugador referencia. Pero no ha sido así. Ni mucho menos.
Su fragilidad física -que ha derivado en la petición del jugador al club relativa a la no publicación de sus partes médicos-, la inconsistencia de su rendimiento sobre el verde -impedido por sus aptitudescuando faltan espacios- y la total desconexión emocional con la tribuna le han situado en tierra de nadie. En un rol de clara moneda de cambio en las ventanas de fichajes. Porque desde que llegó a Chamartín nunca sostuvo la titularidad en el tiempo y Karim Benzema le ha dejado muy atrás como patrón atacante.
Puesto en la diana por gran parte de la afición, estuvo a punto de salir del club en el pasado mercado estival. Pero se queó. A pesar de que el propio entrenador deseara que saliera "cuando antes, mejor". Aquellas palabras de Zinedine Zidane en pre-temporada subrayaban que en ninguna esfera del equipo se contaba con Bale. Pero su salida se truncó finalmente. Cobra demasiado dinero. Esta circunstancia está hipotecando la política de fichajes madridista, una estrategia que ha virado hacia el desarrollo de talento juvenil.
A todo estose añade un agente -Jonathan Barnett- que no ha cesado, nunca, de ensuciar a los distintos trabajadores del Real Madrid que cuestionaban el nivel de juego de su cliente. Atragantando el día a día a Florentino Pérez, Zinedine Zidane y a algunas de las vacas sagradas del vestuario. En resumen, el collage de desaires, falta de compromiso y desplome del rendimiento -por lesiones, ausencia de intensidad y desnudez de sus carencias como jugador de fútbol- esputan al galés. Se sospecha que de aquí a junio nadie va a ser capaz de convencerle para que rinda al máximo y que el colectivo saque algo bueno de su talento en el golpeo y en carrera.
Bale cobra en torno a 14 millones de euros netos. Esa cifra le mantiene fuera de casi todos los aristócratas del balompié europeo. La Premier League se antojaría como el destino preferido para un ídolo galés que se fue del Tottenham como leyenda en ciernes. Pero convencer al directivo de turno de lo idílico de pagar a este zurdo irregular semejante monto anual es tan complicado como hacer entender a Gareth que si no rebaja sus pretensiones acabará envuelto en un ambiente mucho peor del actual en Concha Espina.
Así las cosas, sólo un mercado ciertamente desorientado como el chino asomaba como plausible. Hasta este viernes. La Asociación China de Fútbol (CFA) acaba de publicar nuevas reglas que restringen a un máximo de 3 millones de euros, después de impuestos, el salario para jugadores extranjeros. Esta información ha sido confirmada por el portal estatal de noticias China.org.cn, publicación en la que se indica que la medida cuenta con el apoyo de los clubes del país asiático.
"Nuestros equipos han quemado demasiado dinero y nuestro fútbol profesional no se ha dirigido de forma sostenible. Si no tomamos medidas a tiempo, temo que se derrumbe", ha esgrimido el nuevo presidente de la CFA, Chen Xuyuan. La medida apunta a un límite de gasto para cada club, en la temporada 2020, de 142 millones de euros. El tope salarial se cerrará en el 60% de esa cifra. Y en el curso 2021 las proporciones serán de 116 millones de euros, con tope de gasto para salarios del 55% de ese monto.
Las autoridades chinas han atendido al análisis nítido que se ha visto sobre el verde: fichar a jugadores de sueldos inflados hasta el sonrojo no ha desembocado en la evolución del fútbol en la nación. Según Forbes, dos de los jugadores mejor pagados del planeta participan de la Superliga china. Se trata, en un retrato descriptivo de la desorientación vivida, del delantero italiano Graziano Pellè (18,6 millones de euros anuales) y el mediapunta brasileño Oscar (24,3 millones de euros anuales). Se trata, por tanto, del último portazo al intento del Real Madrid de desembarazarse de la peor versión de Gareth Bale.