Por los pelos, solo por dos votos, Pedro Sánchez ha sido investido presidente. Después de la sesión de investidura más ajustada y bronca, España va a ser gobernada por primera vez en esta democracia por una coalición entre dos partidos, uno de ellos comunista, que durante la entera legislatura dependerá de los apoyos parlamentarios de ERC, Bildu y el PNV.
Unas alianzas que nada bueno auguran para España. Resulta previsible que las propuestas comunistas que marcan los Presupuestos supondrán un frenazo al crecimiento económico, un déficit desbocado y, como consecuencia, un aumento del paro. La subida del SMI y la derogación de la reforma laboral que ha propiciado un notable aumento del empleo, son solo dos ejemplos de esas medidas que tomará el nuevo Ejecutivo y que los expertos consideran perjudiciales.
La estabilidad de la legislatura dependerá, primero, de aprobar esos presupuestos; pero, sobre todo, de las cesiones del nuevo Gobierno a los separatistas catalanes, a los herederos de ETA y a los nacionalistas vascos. ERC exigirá que se celebre inmediatamente una mesa de negociación para tratar de la autodeterminación y de la amnistía de los presos; Bildu, el acercamiento de los etarras a las cárceles vascas y el PNV, más transferencias. Y con los 155 escaños que suman el PSOE y Podemos, el Ejecutivo se verá obligado a ceder a esas exigencias para poder legislar. Resulta preocupante que el presidente afirmara durante la sesión de investidura que “había que desjudicializar el conflicto político en Cataluña”. Es imprescindible que el nuevo Gobierno respete la independencia de la Justicia por mucho que Rufián amenace con romper la legislatura si no se negocia la autodeterminación y la amnistía de los presos.
Pedro Sánchez se va a enfrentar, además a una oposición rocosa, liderada por Pablo Casado, y dispuesta a denunciar sus posibles artimañas inconstitucionales para complacer a sus socios de Gobierno. Y si la sesión de investidura ha sido la más bronca de nuestra democracia, también lo será la legislatura. Tampoco está garantizada la duración de este Gobierno, aunque a los aliados del presidente les une el odio a los que ellos llaman “las derechas” y la certeza de que con este Ejecutivo podrán alcanzar sus objetivos.
Con un Gobierno en minoría sustentado por unos aliados que quieren reventar la Constitución, España afronta un período políticamente convulso y económicamente incierto. Hay que esperar, que Pedro Sánchez sea capaz, al menos, de gobernar sin saltarse la ley. El Estado de Derecho es sagrado.