Pues ya tenemos presidente sin la coletilla “en funciones”. Pedro Sánchez lo consiguió. Hoy, más que nunca, enhorabuena a los premiados, que no son pocos. Y es que viendo todos los huecos que hay que hacer para meter a tanto “socio”, todo hace indicar que serán muchos, entre ministros, secretarios de Estado y asesores de todo tipo, los que van a vivir a costa de La Moncloa a partir de hoy.
Pensando en un Gobierno con cerca de 20 ministerios, más vicepresidencias y Podemos colocando a todos los diputados que han perdido su puesto en las últimas dos elecciones, nada hace pensar que vayamos a tener un Ejecutivo de crisis, sostenible y ecológico. ¿Dejará Sánchez a todos subirse al Falcon?
No me tomo demasiado en serio lo que “nos venden” tanto Sánchez como su vicepresidente Pablo Iglesias porque vemos que todo lo que proponen en aras de un Gobierno progresista le importa “un comino” a los que se lo van a permitir como socios de investidura porque, cada uno a lo suyo, ellos lo recibirán por otra parte. Quid pro quo, que diría el malo de la película.
No deja de ser curioso que todos y cada uno de ellos han dejado claro en algún momento que no se fían de Sánchez, que su palabra no vale nada, pero también reconocen que es el único con tragaderas para asumir sus exigencias. Así, mientras Sánchez ya piensa en los cacahuetes del avión privado e Iglesias en que va a poder pagar de un tirón el ‘casoplón’ de Galapagar, desde ERC y Bildu hacen cuentas de cuánto van a sacar al PSOE para avanzar en la independencia. El PNV, como el resto de formaciones que han apoyado la investidura, simplemente pedirá más dinero.
Pero el trago de Sánchez durante este martes ha sido de órdago. Si su ímpetu por defender a España fuera tan resistente como su mandíbula de acero, que ha soportado una tensión maxilar límite cuando la portavoz de ERC llamaba al PSOE verdugos y cómplices por tener a medio gobierno catalán en la cárcel y acto seguido le decía a la cara que le importa un comino la gobernabilidad de España, no habría problema del que preocuparse.
Como tampoco lo sería si hubiera sangre en las venas cuando otro socio, en este caso Bildu, le dice mirándole a los ojos que están en el Congreso porque ni les vencieron ni se les ha domesticado. ¿Qué deduce de estas palabras el presidente viniendo de un heredero de ETA? ¿Qué cree que significa eso? El impulso lógico por revolverse de cualquier persona que ha vivido y sufrido el terrorismo durante años, Sánchez se lo “come con patatas” porque hay que aguantar el chaparrón como sea, su objetivo es otro y lo demás da igual.
Superado el mal trago de una investidura que ha visibilizado la calaña que tiene por socios el Gobierno y sus argumentos para apoyarlo, con el oscurantismo y opacidad que provoca celebrar los debates en periodo navideño y vacacional (algo así como la nocturnidad en los asesinatos), toca gobernar. Y aquí también va a tener que hacer una amplia exhibición de tragaderas el señor jefe del Ejecutivo para sacar adelante unos Presupuestos Generales que le permitan gobernar.
Lógicamente, este Gobierno traerá cambios. Habrá que acostumbrarse a ver pisando moqueta a nuevos actores protagonistas. Pero si bien nos tendremos que acostumbrar a taparnos la nariz ante cada nueva rendición, cesión, sumisión y bajada de pantalones con los separatistas pidiendo la independencia y el PNV pidiendo más dinero, hay que tener claro igualmente que nos vamos a tener que rascar el bolsillo.
Las patronales han vuelto a advertir, por tópico que parezca, que derogar la reforma laboral disparará los costes laborales y de los despidos. Estando de acuerdo o no, que sepamos que esto llevará aparejados eres en las grandes empresas de telecomunicaciones, en las energéticas y en los bancos.
La pregunta que me hago es si una vez que Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón, Gabriel Rufián, Arnaldo Otegi, Íñigo Errejón y Aitor Esteban tengan lo que quieren, o comprueben que se les ha engañado una vez más, seguirán siendo amigos de Pedro Sánchez, si volverá a llorar el líder de Podemos, si el del PNV irá a pedir más dinero, en ese caso, al PP o si Teruel realmente existe.