Como siempre, la izquierda domina el marketing político con eficacia y sin pudor. Emplea la demagogia más descarada para desprestigiar a sus adversarios y, así, los debilita. Durante la campaña electoral y en la sesión de investidura, han aprovechado la irrupción de Vox para calificar al PP y a Ciudadanos como partidos de extrema derecha. Todos los portavoces parlamentarios y tertulianos progresistas han propagado con éxito el mensaje de que los tres partidos son idénticos; esto es, ultras.
La sagaz demagogia de la izquierda no solo perjudica al PP y a Ciudadanos. También beneficia a Vox. Una fórmula cuyo objetivo no es otro que el éxito del partido de Santiago Abascal y, así, provocar la pérdida de votos de las formaciones del centro derecha. Pedro Sánchez ha sido el mejor impulsor de este mensaje que emplea constantemente cuando quiere atacar a Pablo Casado y, ahora, a Inés Arrimadas. Los 52 escaños de Vox se deben, en buena parte, a esta artimaña.
El PP y Ciudadanos deben combatir esta venenosa campaña. Porque son dos partidos liberales, de centro derecha. Vox, sin embargo, puede considerarse de derecha pura y dura. Pero, frente a los socios de Pedro Sánchez, el partido de Abascal defiende la Constitución y la Monarquía parlamentaria. Por eso, resulta escandaloso que Pedro Sánchez sea investido presidente gracias al apoyo de los separatistas y proetarras que quieren romper España, mientras ataca al PP o a Ciudadanos por sus acuerdos con Vox en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. El PP y Ciudadanos no son lo mismo que Vox. Pero Vox defiende la Constitución frente a ERC o Bildu, que intentan destruirla. Sin embargo, el marketing político de la izquierda ha convertido a los separatistas que han intentado dar un golpe de Estado en demócratas y a los partidos de centro derecha, en ultras.