Opinión

Adolfo, la libertad y sus límites

Enrique Aguilar | Miércoles 13 de agosto de 2008
Hoy quiero referirme a Adolfo, la extraordinaria novela escrita por Benjamin Constant hacia 1806 que, más allá de sus alcances literarios, admite una lectura política relativa en parte al significado de la libertad y sus condicionamientos sociales.

Se encuentra Adolfo con un amigo que se muestra exultante por haber conquistado el corazón de una joven. Deseoso de experimentar en carne propia esa sensación (“el espectáculo de tal felicidad me hizo lamentar no haber amado todavía”, nos dice), se lanza a la búsqueda de quien pudiera servirle de instrumento. Eleonora, “una polaca célebre por su belleza” aunque ya comprometida, será la que se rinda finalmente a sus reclamos. No obstante, al poco tiempo, víctima de un amor no correspondido, apenas si merecerá la compasión de Adolfo y, eventualmente, la del lector.

El triste final de la novela difícilmente podría entenderse en los términos de una liberación. “¡Cuánto me pesaba ahora la libertad que antes echaba de menos!, exclamará Adolfo. Por razones que invito al lector a indagar por su cuenta, el protagonista logra en efecto desembarazarse de ese yugo que los sollozos de Eleonora le imponían. Empero, alcanzada la independencia, la lección que nos deja ese final es que la mera ausencia del impedimento externo no redunda necesariamente en la felicidad de Adolfo ni contribuye a su realización personal.

Y es que la idea de libertad es sin duda compleja. En otras palabras, estar libre de (sea de la coacción de alguien en particular, de la censura, de una norma establecida, etc.), no debería entenderse sin más como libertad mientras la posibilidad efectiva de elegir por nosotros mismos resulte vedada por precarias condiciones de ejercicio o aun por factores de orden interno o psicológico que la frustren (el conocido ensayo de Charles Taylor, “What’s Wrong with Negative Liberty”, es una cita obligada a este respecto).

Tal vez podría resumirse lo dicho de este modo: la ausencia de interferencia externa (en tanto no se violen derechos de terceros) es una condición necesaria para decir de un hombre que es libre. Sin embargo, no parece ser una condición suficiente.

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