Opinión

El talón de Aquiles

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 15 de enero de 2020

Hasta última hora estuve pendiente de una llamada de teléfono de don Pedro. Quizás una nueva vicepresidencia, o una de las 27 secretarías de Estado o tal vez uno de los cientos de asesores que se incorporan, pero no. La única llamada recibida fue de una empresa de reformas ofreciéndome cambiar la bañera por un plato de ducha, eso sí, sin obras. Lo dejé para más adelante porque todavía soy capaz de hacer el salto de la rana.

Siendo sincero y de haberse producido la llamada del señor Sánchez hubiera negociado con él, más que nada por cortesía. Y lo digo sin falso rubor por mi parte. Lo de ocupar un puesto en el actual Ejecutivo habría significado para mí el estrechar relaciones con tantísimos hombres y mujeres que a día de hoy no figuran en mi cuadro de honor. Lástima, ellos se lo pierden porque soy un mirlo blanco para cualquier gobierno. Dicho esto, que queda muy bien para vestir santos y poco más, me vuelvo a los aposentos de la cordura escrita. Allá el nuevo gobierno y bienvenidos los días tan delirantes que nos van a regalar para bien de los cronistas de esta época.

Que la humanidad está obsoleta es algo irrefutable; ahora bien, de ahí a que la nueva Ministra de Exteriores Arancha González Laya diga que el verdadero talón de Aquiles de España es que envejecemos a pasos agigantados, parece cuanto menos una obviedad. Yo mismo hace 70 años era un neonato y ha sido bajar a comprar el pan y al llegar a casa me he encontrado tan cambiado que no me he dirigido la palabra. Desconozco cuantos talones tenía el susodicho Aquiles, pero si lo de envejecer continúa acrecentándose al ritmo que dice doña Arancha lo mejor sería recomendarle a su jefe de gabinete que mediante un decreto ley nos aumente en 20 o 30 años la edad de cada cual, cosa que nos permitiría guardar las apariencias al representar menos edad de la que en realidad tendríamos por decreto.

Seguro que esta idea sería del agrado de doña Irene Montero, compulsiva perseguidora en rebajar la edad para votar. Haríamos un doble tirabuzón, pues entrado en vigor el decreto ley tanto los bebés como los situados por debajo del umbral de los 18 años pasarían a formar parte del censo electoral. Todo son ventajas.

En alguna que otra ocasión ya me he pronunciado sobre eso del transcurrir del tiempo. No en lo referido a lo climatológico, sino al otro, al invento ese que nos arrebata nuestras pertenencias mientras dormimos. Puede que esto les suene a milonga, pero la realidad es la que es. Por eso el hacer de la clase política también es la que es, nunca descansa, siempre pendiente de nuestros ideales, de nuestros propios sueños, de ahí que cada vez se refuercen más haciéndonos creer que es para velar por nosotros. Mientras tanto el tiempo se consume esperando promesas que se aletargan, que nunca llegan en forma tangible, no siendo los dos, tres o cinco euros del aumento de las pensiones. Después si te he visto no me acuerdo. De esta manera es como envejecemos anhelando, esperando, quedándonos sin tiempo porque otros aprovechan el letargo de los demás para llevarse hasta lo que soñamos.

El tiempo no es una simple teoría sacada de un logaritmo neperiano, por eso el envejecimiento nada tiene que ver con el héroe de la mitología griega que jalona doña Arancha como si los contribuyentes tuviéramos el afán de correr por hacernos viejos. No conozco a ningún ser vivo que dedique su vida en achicar su hoja de servicios en favor de hacerse viejo antes de tiempo. Lo digo desde el comportamiento natural de los ciclos. Por el contrario, sí conozco a determinadas personas que tienen por costumbre el agigantarse cuando reciben cargos de renombre por el simple hecho de confundir el poder con el servicio de lo público. ¿Qué tendrá que ver el bueno de Aquiles con las cocochas de merluza?

Si los españoles envejecemos a mayor ritmo lo será por la falta de solidaridad del Estado hacia los mayores y también con los más desfavorecidos. Eso sí que provoca envejecimiento precoz en muchas capas de la sociedad actual, lo demás es pura demagogia como suele ser costumbre. Pero no todo hay que sacarlo de contexto, uno envejece en armonía y en deuda cuando el compromiso adquiere carta de naturaleza frente a los demás. El resto es pura política de altura con su poder omnívoro, y si no vean lo sucedido en el FC Barcelona con Ernesto Valverde, otro que se ha quedado fuera de la lista. Ya somos dos.