Pedro Sánchez no quiere convertirse en el blanco de las iras políticas y populares cuando indulte a los presos secesionistas, reos de graves delitos de sedición contra el orden constitucional y condenados por sentencia unánime del Tribunal Supremo. Así es que el presidente ha urdido una cínica fórmula que cumpla con el compromiso enmascarado al que llegó con ERC para que los secesionistas catalanes apoyaran su investidura. Todo un escándalo. El presidente reformará el Código Penal, comprometerá en la operación al Congreso de los Diputados y satisfará a los líderes del separatismo. Para desencarcelar a nueve delincuentes políticos, Pedro Sánchez hará nada menos que una reforma del Código Penal y se quedará tan ancho.
Nadie se ha tragado ni sus argumentos ni sus sofismas. La reacción de los medios y de los periodistas independientes ha sido prácticamente unánime. Pedro Sánchez está dispuesto a arrasarlo todo con tal de permanecer cómodamente instalado en la silla curul del palacio de la Moncloa.
Y solo estamos empezando. La Transición ha concluido. Su espíritu de concordia y conciliación se ha quedado anclado en la Historia. Una España diferente se ha puesto en marcha. Para conseguir sus propósitos, el Frente Popular que nos gobierna, al que Sánchez llama Gobierno de coalición, hará todo lo que sea necesario. De forma tórpida, el presidente del Gobierno se esfuerza por engañar a los españoles con añagazas absurdas. Pretende disimular la indignidad de visitar al racista Quim Torra, acudiendo a las sedes de todos los presidentes autonómicos. Su rendición ante los separatistas catalanes, sin embargo, no puede estar más clara. Y no quedarán ahí las cosas. El Frente Popular está dispuesto a despedazar España sin atender a otro interés que el propio de Pedro Sánchez y sus secuaces.