Hace 28 años, en el mes de enero, empezaron las reformas en Rusia cuyo objetivo principal fue el desmantelamiento de la economía socialista – que durante 74 años había imperado en este país más grande del planeta, arruinándolo por completo – y la creación de una economía libre de mercado en el marco político de libertades y reglas democráticas, propias del Mundo Occidental. En este artículo, su autor, un testigo presencial de aquellos cambios, hace un breve resumen de las reformas que resultaron transcendentales para la Rusia socialista-comunista de entonces.
El 24 de diciembre de 1991, el Presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachiov, dimitió de su cargo debido a que los líderes de las tres repúblicas más importantes que entonces formaban parte de la URSS ⎯Rusia, Ucrania y Bielorrusia⎯, habían denunciado el Acuerdo del año 1922, firmado por éstas tres repúblicas con el que se creó la futura “Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas”.
De esa manera, el 24 de diciembre de 1991, la URSS dejó de existir como Estado en el mapa político y geográfico mundial.
Para Rusia, a partir de ese momento un país “independiente” de las demás ex–repúblicas soviéticas, había empezado una nueva etapa, que llamaremos “la Rusia de Yeltsyn”, por el nombre de su primer presidente, Boris Yeltsyn, que emprendió la difícil y complicada transformación de la hasta entonces “República Socialista Soviética de la Federación Rusa” en una “Rusia democrática” con una economía de mercado más propia de los países capitalistas.
Yeltsyn, y sus colaboradores, se enfrentaban a una tarea muy difícil, jamás vivida en la historia de la humanidad. Hasta entonces, el desarrollo de la civilización había ido pasando, de unos sistemas más simples y primitivos hacía otros más complejos: las agrupaciones tribales, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y, como una utopía más lejana, el comunismo. Pero retroceder en esta escalera evolutiva, igual que si hubiese pretendido volver del capitalismo al feudalismo, era una cosa que la Historia no había visto todavía.
Voy a analizar cómo fue esta transformación del “socialismo” al “capitalismo” en la Rusia de los años 1992 a 1999, cuando el país estaba dirigido por el presidente Boris Yeltsyn.
Quiero centrarme en el análisis de las reformas económicas que en este periodo realizó el gobierno de Boris Yeltsyn, dejando al margen los cambios políticos, que había iniciado Gorbachiov seis años antes y las que Yeltsyn había profundizado al máximo.
El gran mérito de Yeltsyn fue, precisamente, el de haberse atrevido a empezar la liberalización total de la estancada economía socialista del país, a que Gorbachiov no pudo decidirse.
La “terapia de choque”
Así se llamaron popularmente en Rusia a las reformas a las que voy a referirme, por su carácter drástico y profundo, con unos efectos “chocantes”, en la primera etapa de sus aplicaciones. Se acometieron las siguientes medidas prioritarias:
Liberalizar los precios que durante tantos años había establecido y controlado el Gobierno.
Reinstaurar la propiedad privada, sustituyendo a la estatal. Esto suponía privatizar el inmenso patrimonio del Estado.
Liberalizar totalmente la actividad económica que se encontraba por completo en manos del Estado.
Liberalizar el comercio exterior, que era monopolio estatal, abriendo con urgencia las fronteras para permitir la libre entrada de los productos extranjeros, ya que, a finales del año 1991, en la Rusia socialista escaseaban muchísimos artículos de consumo popular.
Disminuir los gastos presupuestarios para reducir el tremendo déficit producido por la gestión del gobierno de Gorbachiov, y estabilizar el quebrado sistema financiero.
Estabilizar el rublo estableciendo su paridad adecuada con las divisas extranjeras y hacerlo convertible, cosa que no había sido hasta entonces.
Detener la constante caída de la producción industrial y de la economía en general.
El 28 de octubre de 1991, Yeltsyn pronunció, en el Parlamento de la Federación Rusa, uno de sus más célebres discursos, que fue crucial para el comienzo de las reformas en la Federación Rusa. Todavía faltaban dos meses para el fin de la URSS, pero la situación que se estaba viviendo en el conjunto del país soviético, y en la Federación Rusa en particular como una parte integrante, era tan crítica que no se podía perder más tiempo esperando a que el Presidente de la URSS, Mijail Gorbachiov, se decidiera a iniciar las reformas económicas precisas para salvar a la URSS de la quiebra total.
Boris Yelstyn, que era el presidente de la Federación Rusa (dentro de la URSS) elegido por sufragio universal el 12 de junio de 1991, ya había decidido poner en marcha estas reformas en su “feudo”, sin esperar a los demás.
Voy a citar algunos fragmentos de este importante discurso, ya que vale la pena conocerlo para percibir la dramática situación que estaba viviendo el país. Yeltsin dijo así:
“Me dirijo a ustedes en uno de los momentos más críticos de la historia de Rusia. Precisamente ahora se está definiendo lo qué será Rusia, y el país en su conjunto, en los próximos años y decenios…”
“… Si no aprovechemos ahora la posibilidad real de invertir el inadecuado curso de los acontecimientos, nos condenaremos a nosotros mismos a la miseria y al Estado, con una historia milenaria, a la quiebra total…”
“… Ha llegado el momento tomar la decisión clave y empezar a actuar… El tiempo de caminar con pasos pequeños ha terminado… Es necesario un gran salto reformista… Hemos conseguido la libertad política, ahora hay que facilitar la libertad económica, quitar todos los obstáculos en el camino hacia el libre funcionamiento de las empresas, hacia la actividad económica privada;… El primer paso hacia los precios de mercado es una medida difícil, pero obligatoria y necesaria…”.
Yeltsyn explicaba que se iban a liberalizar los precios y se recortarían los gastos estatales en subvenciones a productos de consumo, incluidos los alimentos, lo que provocaría una subida generalizada de los precios. Pero sin esta medida era imposible reanimar la producción de estos productos y su comercialización a “precios reales” no subvencionados.
La consecuencia sería una cierta pérdida de poder adquisitivo y del nivel de vida de la población, pero crearía una base para la mejora de la situación económica a corto plazo.
Entre las medidas más urgentes, al margen de la liberalización de precios, se incluían la privatización de las empresas estatales, una reforma agraria y la reforma del sector financiero. Esta última reforma preveía la creación de bancos con capital privado. ¡Una verdadera revolución! Totalmente contraria a lo primero que, en su momento, hicieron los bolcheviques, que fue nacionalizar la banca de la Rusia zarista.
Fue el segundo día del año 1992, cuando se publicó uno de los primeros decretos del Presidente Yeltsyn, sobre la “liberalización de precios”. Así que el día 2 de enero de 1992 entró en la historia de la Rusia moderna, como el día del comienzo de la “Era Yeltsyn”.
El plan de reformas fue elaborado por un grupo, liderado por Yegor Gaydar, de jóvenes economistas conocedores de los entresijos de la “economía de mercado” y de los “problemas crónicos” de la economía socialista centralizada y planificada. Era un brillante analista económico y reunió a los mejores y más talentosos economistas soviéticos.
El programa que había ofrecido Gaydar y su equipo a Yeltsyn no fue el único que el Presidente de Rusia tuvo en sus manos. Existía, al menos, otro programa elaborado por el también joven y ambicioso economista Grigori Yavlisnki, que, en su momento, había preparado un plan de reformas para sacar, en 500 días, al país soviético de la crisis económica y mejorar la situación de escasez de productos de consumo popular en toda la URSS.
Sus reformas eran menos drásticas que las que estaba proponiendo Gaydar. Se basaban en conservar el sistema socialista en la URSS, compaginando los fallidos elementos de la economía centralizada con los de mercado y con la actividad económica privada a escala reducida – pequeñas empresas productoras de artículos de consumo y de servicios – y conservando las grandes empresas en manos del Estado.
También hubo un par de programas alternativos, de carácter más bien conservador y sin reformas de calado.
El programa de Gaydar
Finalmente, Yeltsyn eligió el programa de Yegor Gaydar, aunque tenía ciertas dudas, debido al atrevimiento y la radicalidad de las medidas que se proponían. Pero Yeltsyn comprendió que, sin esta radicalidad, no se podría recuperar el tiempo perdido por Gorbachiov y frenar el acercamiento de la Federación Rusa al precipicio económico.
El objetivo principal del programa de Gaydar era construir una economía clásica de mercado, con libre formación de precios y con libre comercio entre empresas privadas. Pero la situación de partida para el tránsito a una economía de mercado era catastrófica.
Citaré solamente algunos datos:
Una inflación galopante a un ritmo del 25% semanal.
La escasez de casi todo y en todas partes. La amenaza del hambre y la falta de divisas para poder comprar alimentos en el exterior era una realidad.
La incapacidad para pagar la deuda exterior, que, a finales de 1991, alcanzaba los 84.000 millones de dólares, teniendo el país, prácticamente, vacías sus reservas de oro y divisas, lo que le cerraba el acceso a créditos en el extranjero.
Una acelerada caída de la producción, que en el último trimestre del año 1991 alcanzó el 21%.
Un altísimo déficit presupuestario. A finales de 1991, el déficit llegó al 31% del PIB nacional, sólo comparable con el nivel alcanzado por los Estados Unidos durante la Gran Depresión.
La Renta Nacional se derrumbaba. En 1991 cayó un 20% en relación con la del año anterior.
El sistema centralizado y planificado ya no funcionaba, pero el nuevo sistema de economía de mercado todavía no se había construido. En el país reinaba un completo caos económico y administrativo.
Por tanto, para el equipo de Gaydar, la prioridad absoluta era frenar la hiperinflación y la caída de la producción. Para ello necesitaban controlar, de modo estricto, la política presupuestaria y crediticia. También era necesario lograr unas reservas mínimas de divisas, lo que sin ayuda exterior era muy difícil de conseguir. Pero Occidente, en aquel momento, no tenía prisa para prestar una ayuda masiva, y esperaba a ver qué tipo de reformas empezaba, finalmente, a llevar a cabo el Gobierno Yeltsyn.
Las principales figuras del nuevo Gobierno reformista de Yeltsyn eran jóvenes economistas profesionales de 35 a 40 años. En primer lugar, el propio Gaydar, que desempeñaba los cargos de Ministro de Economía y Finanzas, y el de vicepresidente del Gobierno ⎯siendo el Presidente el propio Boris Yeltsyn⎯, Aleksander Shojin (era Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y también vicepresidente del gobierno); Anatoli Chubais (titular del nuevo e importantísimo Ministerio del Patrimonio Nacional, popularmente conocido como el “ministerio de la privatización”) y Piotr Aven (Ministro de Relaciones Económicas Exteriores).
Gaydar era responsable de la política macroeconómica; Chubais, de la privatización del patrimonio nacional, y Aven del comercio exterior.
El Ministerio de Finanzas sustituyó al GOSPLAN ⎯el Comité de Planificación de la URSS que había sido la piedra angular de la economía socialista⎯ y se convirtió en el principal ministerio.
El elemento clave, para iniciar las reformas fue, como ya he mencionado, la liberalización de precios, que ningún gobierno anterior se había atrevido a realizar. Los reformistas sabían que una liberalización de precios, en la situación en que se encontraba la economía del país, con una producción muy baja y con escasez de toda clase de productos, produciría, inevitablemente, una fuerte subida de precios que golpearía con fuerza el bolsillo de la gente, disminuyendo el poder adquisitivo de la población.
Pero no se podía esperar a la ejecución de las lentas reformas estructurales, ya que el país, como ya he mencionado varias veces, se encontraba al bordo del abismo. El hambre ya estaba en la puerta. Un par de meses de espera habrían producido un crack total.
Liberalización de precios
Por todo ello, el día 2 de enero de 1992, entró en vigor la liberalización de los precios. Durante el primer mes de las reformas los precios se multiplicaron por 3,5. Pero no hubo protestas sociales. La gente, a la que el propio Presidente Yeltsyn había advertido en el discurso antes mencionado, se apretó el cinturón, esperando a que llegasen los efectos positivos que también les había prometido el Presidente.
Y así el primer efecto positivo fue la aparición en las tiendas de productos y artículos que el pueblo no había visto durante muchos años. Los precios eran más altos, pero se podía comprar.
La posibilidad de poner a los productos un precio más justo que el que hasta entonces había establecido el Estado, movió a los productores a poner sus productos a la venta. Incluso, a producir más.
La liberalización de los precios se acompañó con otra medida importantísima: la supresión de las subvenciones a los productos y artículos del consumo popular, que en la época soviética llegó a suponer el 20% del presupuesto nacional. Esta medida permitió reducir algo el gasto público que era la clave para la estabilización económica, ya que el alto déficit presupuestario producía un fuerte crecimiento de la inflación.
Liberalización del comercio Exterior:
Importaciones:
La producción del país, en los años 90, estaba muy lejos de poder satisfacer las necesidades de consumo de la población, así que el Gobierno Yeltsyn-Gaydar optó por liberalizar las importaciones de todos los productos sin exclusión, lo que pronto empezó a paliar la escasez.
Más aún, la liberalización de las importaciones resultó ser un catalizador del comercio privado, porque muchos ciudadanos rusos empezaron a viajar a los países cercanos, donde compraban diferentes artículos de consumo, los traían a Rusia y los vendían fácilmente en el mercado interior ya que los artículos de producción nacional escaseaban o eran de peor calidad, y así sacaban un beneficio comercial. Se calcula que, pronto, cerca de 9 millones de ciudadanos rusos estaban dedicados a este “comercio personalizado”. Y esto en un país en el que, hasta hacía muy poco, nadie podía vender nada a nadie sin ser perseguido por la Administración del Estado.
Exportaciones
Sin embargo, la liberalización de las exportaciones no fue tan exitosa debido, principalmente, a que los precios para los hidrocarburos seguían regulados por el Estado y estaban muy por debajo de los precios del mercado internacional, lo que favorecía enormemente a los productores de hidrocarburos que se beneficiaban de esta diferencia.
Para que se hagan ustedes una idea, les voy a dar un dato del margen del que estamos hablando. En diciembre de 1991, los precios internacionales del petróleo eran ¡200 veces más altos! que el precio interior, a la cotización libre del rublo frente a las divisas extranjeras.
Muchas veces me preguntan los que se interesan por los “temas rusos”: ¿Cómo fue que, en la nueva Rusia, un país socialista hasta hacía poco, apareciesen, de repente, tantos multimillonarios que ocuparon los primeros puestos en las listas de las personas más ricas del mundo, para lo que sus colegas occidentales necesitaron, como mínimo, un siglo o más para poder amasar unas fortunas parecidas?
La respuesta es que el monumental margen de beneficio, que he mencionado, fue la fuente de la riqueza de aquellos “ciudadanos” que durante las reformas tuvieron acceso al sector de productos energéticos y de materias primas que se cotizaban tan alto en los mercados internacionales.
Piotr Aven, el ministro de Relaciones Económicas Exteriores, y por tanto responsable de la liberalización de las exportaciones, comentaba, años más tarde, en sus memorias que en aquel momento no fue posible cumplir plenamente su programa de liberalización del comercio exterior, ya que para ello se necesitaba hacer convertible el rublo y establecer una paridad real con las demás divisas extranjeras, pero el anterior gobierno “comunista” prácticamente había vaciado las reservas en divisas, lo que llevó a una fuerte caída de la cotización libre del rublo. En este sentido se puede dar un dato muy curioso: el salario medio en la Federación Rusa, a finales de 1991 – antes de desaparecer la URSS – era de 6$ con el cambio rublo/dólar de aquel momento.
Tanto Piotr Aven, como propio Gaydar, eran partidarios de marcar unos precios del petróleo, gas y otras materias primas mucho más realistas y cercanos a los precios internacionales. Y, finalmente, liberalizarlos por completo. Pero no todo el Gobierno les apoyaba, incluso el propio Yeltsyn, influenciado por algunos de sus viejos “amigos” de la anterior “nomenclatura” del sector industrial, estaba en contra. Aludían a que una notable subida de los precios de los productos energéticos encarecería el producto final y mermaría, todavía más, el ya muy pobre poder adquisitivo de los ciudadanos.
No obstante, Aven y Gaydar consiguieron “desregular” para que los precios oficiales del petróleo y gas se multiplicasen por 5, al principio de 1992.
Desmilitarización del país:
Uno de los mayores logros de Gaydar fue un fuerte recorte en los gastos de defensa, principalmente en la compra de armamento.
Yo he resaltado varias veces, en mis Conferencias sobre la economía soviética, que ésta durante todo el período de la existencia de la URSS, era una economía militarizada, llegando a gastar el Estado, directa e indirectamente, hasta 70 u 80% del presupuesto del país en gasto militar y arruinando, por completo, el sector productivo de artículos de consumo.
Pues bien, en 1992, Gaydar redujo los gastos militares en un 70%. ¡Un récord absoluto! Nunca, ningún dirigente del país soviético, incluido el último reformista de la URSS, Mijail Gorabchiov, se había atrevido a semejante recorte del sector castrense.