Hablemos de la “segunda Siria”. Casi casi un trastorno vuelto un berenjenal. Un medio costarricense llama al tema libio como cenagal. Laberíntico, irresoluble. Una madeja que parece tan enredada y al mismo tiempo va dejando claro dónde inicia la hebra y quienes la tejen y la destejen a su gusto y real gana.
¿Qué Gadafi –o Khafadi– era muy malo? es posible. ¿Qué la monarquía que derribó era algo ajeno a los intereses libios? quizás. Pero lo que ha venido después de su asesinato es incontrolable y abominable. Casi ya una década de caos imparable salpicando a todos, mientras soterrados intereses extranjeros afloran, petrolíferos y geopolíticos, por igual. Todos a todas jugando sus cartas frente a ese cadáver que es Libia. Una vergüenza todo lo sucedido. Y que a nadie se le olvide: ha sucedido con la banderita de llevarle democracia a los libios. ¡Qué democracia ni qué niño envuelto! ¡descastados, los involucrados no libios!
Con la supuesta intentona de llevar democracia, un burdo pretexto para el saqueo, presente y futuro, ha sido peor, catastrófica, cual resulta siempre cuando eso sucede, y encubre que a río revuelto, ganancia de pescadores. O lo que es tanto peor: ante el caos, los beneficiarios asoman, así sean las potencias, tan decentes y reclamantes de paz y democracia, mientras venden armas a los bandos en pugna y derraman lágrimas de cocodrilo.
Y eso es Libia, desafortunadamente. Un cadáver cuyos líderes en combate han ido a una conferencia a Berlín sobre su país, donde ni han participado y se les ha invitado a que oigan lo que otros han decidido sobre su ensangrentada patria. Qué humillante. Qué descaro de los organizadores y asistentes. Un terrero donde solo hay que ver a los cariacontecidos líderes mundiales reunidos en Berlín, para darnos una clara idea de cuántas manos están metidas en esa ratonera, sacando raja descaradamente. Así, descaradamente y mientras abren la boca para mostrar su indignación, dicen estar preocupados y no hallan cómo seguirse beneficiando, por ser tan obvios. Porque hasta eso, tienen un morro…
Qué bueno que asistieron todos los metomentodo, para identificarlos. El asunto va embarrullado. Encizañadas todas las partes, las dos oficiales en el conflicto (el que gobierna Fayez al Sarraj y el comandante rebelde Chalifa Gaftar) y sus padrinos respectivos, la solución posible –de haberla y es dudoso– luce intrincada, tramposa y nadie quiere ceder ante ese botín; porque atenderlo apremia, pues la Unión Europea se piensa más vulnerable ante la ola de migrantes que se pueda desatar llegando a ella por Italia y de los que ya brincan a ella, que igual Turquía a lo Imperio Otomano parece soñar con restituirse sobre esas tierras olvidadas de Dios. Menudo galimatías han conseguido consolidar entre todos y donde brillan por su ausencia, los libios de a pie.
Por cierto, ese arenero no es que solo tenga libios –parece que a algunos se les olvida su existencia y les resulta un hallazgo inesperado– sino que sus riquezas, las del subsuelo, no dejan de ser llamativas. Petróleo, una mega reserva. Y se rumorea del litio, ese elemento químico que está resultando ser el no va más de nuestra época, tal parece. Dos trofeos suficientemente apetitosos para que varios, los administren, menos los libios. ¡Faltaba más! es algo demasiado importante para dejárselos.
¿Qué no es la causa de tanto desasosiego y pesadumbre? Ahhh, pues tal vez. Acaso solo sea cosa de facciones que luchan ociosas por quedarse con el país. Porque todo indica que no paran en ello. Lo de Libia es un dédalo en toda regla. Bonita evocación de vocablo, dicho sea.
La Cumbre de Berlín para atender el inoportuno asunto libio, con la que está cayendo con el tema ucraniano, el Brexit, el nuevo virus ese y tanta calamidad que se acumula, ha sido sentenciada in situ por el secretario de exteriores ruso, el conspicuo Serguéi Lavrov, al advertir: “de momento no se alcanzó un resultado definitivo”. Atronadoras palabras que invitan a ser bastante pesimistas en que las partes involucradas, cumplan los supuestos compromisos alcanzados en Berlín. Dejar de surtir armas o decir que el petróleo es ante todo, libio, para acallar apetencias italianas, francesas y estadounidenses, solo ignora la resistencia de un pueblo. Porque una cosa es las facciones confrontadas y otra admitir que hay un pueblo que no desea verse repartido como las ropas de Cristo en el Gólgota.
En este baturrillo me llama poderosamente la atención la postura turca. Claro, es que se necesita tener a un Erdogan al frente, un remedo de Solimán el Magnífico. Uno que envalentona a alguna prensa de su país que afirma que su emprendimiento en política exterior, que su activismo diplomático está llevando a Turquía a confeccionar una nueva suerte de Imperio Otomano, metiéndose en Siria, llevando tropas a Libia –tema que pareció no abordarse en esta cacareada cumbre con Erdogan presente– y que la deja a la reunioncilla solo en plan de suma y sigue, para que nos entendamos, y que miran en todo ello una prometedora expansión del inflijo turco en un Mediterráneo al que el tema libio permite ya a Rusia posicionarse ya no solo en Siria. La rebatinga por las rutas comerciales y con África como postre de otros –si los chinos lo permiten– que incluye semejante espacio, avivan las apetencias de los depredadores disfrazados de países decentes y civilizados, con la incorregible Libia, empecatada e incapaz.
En estos días de borrasca en España y heladas en México, en que los medios masivos de comunicación nos traen alarmas y alertas como el coronavirus, la cumbre de Davos, proponiendo en el seno del capitalismo medidas contra el cambio climático causado, dicen los activistas, por la industria muy contaminante propia del capitalismo o la nota de que Putin se quedará con el petróleo venezolano como pago al apoyo a Maduro –nada es gratis en esta vida–; y nos detallan los sinsabores, displicencias y amarguras de Harry y Megan, a quienes la Reina juega rudo, le pone fin de tajo a devaneos y despilfarros de la popular pareja y sin contemplaciones ni sentimentalismos propios de la cursilería de la prensa del corazón, pero no de la casa real británica –que desmienten edulcorados comunicados iniciales– ella actúa dejando perplejos y pálidos a sus seguidores; acciones que solo demuestran la reciedumbre y firmeza de la soberana defendiendo a sus casi 94, una posición que ha heredado y debe de transmitir intacta; ante todo ello el tema libio merece no perderse de nuestro radar.
Ahí, sobre Libia pero de momento en Berlín, se cocinó como en otros puntos neurálgicos del planeta, los intereses de las potencias. Libia no está exenta de la más baja geopolítica que, con sus más y con sus menos, nos recuerda, estoy convecido plenamente, de que asistimos a ver una cada vez más consoslidada segunda Guerra Fría, con el retorno a los escenarios de guerras de baja intensidad que encubren el descaro y el escarnio de las superpotencias jugando rudo a las vencidas, para ver cuál se queda con las respectivas ganancias y despojos del otro. Dan repugnancia.