Opinión

La Rusia de Yeltsyn: la difícil travesía del socialismo al capitalismo.

TRIBUNA

Boris Cimorra | Sábado 25 de enero de 2020

Hace 28 años, en el mes de enero, empezaron las reformas en Rusia cuyo objetivo principal fue el desmantelamiento de la economía socialista, que durado 74 años había imperado en este país más grande del mundo, arruinándolo por completo, y la creación de una economía libre de mercado en el marco político de libertades y reglas democráticas, propias del mundo occidental. En este artículo, su autor, un testigo presencial de aquellos cambios, hace un breve resumen de aquellos cambios tan transcendentales para aquella Rusia socialista-comunista.

SEGUNDA PARTE

Privatizaciones:

El siguiente paso importantísimo en las reformas fue la privatización de la mayoría de las empresas que hasta entonces habían pertenecido al Estado. El objetivo era la creación de productores privados y el estímulo de la actividad económica privada e individual en un país donde hasta hacía pocas semanas, todas las propiedades y la actividad económica eran exclusivamente cosa del Estado. Había que privatizar la gran mayoría de unas 240.000 empresas estatales. ¡Una verdadera tarea de titanes!

El responsable del programa de privatizaciones fue, el ya citado, Anatoli Chubais, quien encabezó, como ya he comentado, un nuevo ministerio, creado para tal fin, el de “patrimonio nacional”. La tarea que tenía que realizar el ministerio, aparte de titánica, era de la máxima urgencia, pues ya se había iniciado una privatización encubierta de las empresas del país.

Resultaba que los directores de las empresas estatales, utilizando las leyes de Gorbachiov sobre la actividad privada y la posibilidad de arrendamiento del espacio productivo de las empresas estatales para una actividad económica privada bajo la forma de cooperativas o de “sociedades limitadas”, empezaron a apoderarse “económicamente”, de las empresas en las que hasta entonces habían sido simples administradores a sueldo, puestos por el anterior gobierno comunista, y ahora querían convertirse en los “dueños” de esas empresas.

Cómo decía Chubaís, si no paramos urgentemente estas privatizaciones espontáneas, la nomenclatura del Partido Comunista se convertirá en la propietaria económica del país, y acabará dominando a la población ya no ideológicamente, sino económicamente, lo que sería todavía peor.

La idea de las privatizaciones del equipo de Gaydar era repartir todo el patrimonio del país entre todos los miembros de la población, partiendo de la idea de que este patrimonio había sido creado y acumulado, a lo largo de los 74 años del régimen comunista, gracias al trabajo y las aportaciones de todo el pueblo soviético. Y ahora se debía repartir justa y equitativamente. No se podía permitir que los directores y ex–funcionarios de los ministerios gremiales se apoderasen exclusivamente de los activos de las empresas.

La idea de las privatizaciones del equipo de Gaydar era repartir todo el patrimonio del país entre todos los miembros de la población, partiendo de la idea de que este patrimonio había sido creado y acumulado, a lo largo de los 74 años del régimen comunista, gracias al trabajo y las aportaciones de todo el pueblo soviético. Y ahora se debía repartir justa y equitativamente.

El mecanismo de privatización consistía en dividir todo el patrimonio productivo nacional (los activos de todas las empresas objeto de privatización) en acciones de determinado valor y entregarlas a los colectivos de trabajadores de las empresas, así como al personal directivo. Y una parte de las acciones se vendían en subastas mientras la otra se entregó a cada uno de los ciudadanos del país.

Este proceso de privatización fue largo y complicado. Empezó en agosto de 1992 y duró hasta noviembre de 1994. No estuvo exento de escándalos y maquinaciones entre los organizadores de las subastas y los participantes. De algunas de estas subastas fraudulentas salieron más de un “multimillonario súbito” de los que ya hablamos algo anteriormente.

Mediante subastas se privatizaron 16.500 de las empresas más grandes y suculentas del país. La privatización de las medianas y pequeñas empresas fue más fácil y más rápida. Para el año 1994 ya se habían privatizado 112.600 empresas estatales. Prácticamente todas las empresas del sector de consumo y servicios: tiendas, restaurantes, cafeterías, peluquerías, etc., más de 85.000 empresas, pasaron a manos privadas.

Las acciones de estas empresas privatizadas se cotizaban en las Bolsas recién creadas y se convirtieron en los primeros valores bursátiles que empezaron a circular. Era un símbolo inequívoco de que Rusia estaba caminando hacía el capitalismo puro y duro.

La etapa más polémica de privatizaciones fue la que empezó después de la publicación, el 31 de agosto de 1995, del decreto presidencial sobre “subastas bajo empeño de las acciones” de las propias empresas estatales. En aquel momento, el Estado necesitaba urgentemente divisas, para poder comprar en el exterior y decidió “empeñar”, en una subasta entre los prestamistas privados ⎯en su mayoría los bancos y las más importantes nuevas empresas del sector ya privatizado⎯ las acciones de las 12 empresas estatales más destacadas en la producción de materias primas.

El volumen de las acciones era del orden de 800 millones de dólares. Posteriormente, el Estado no pudo devolver a tiempo el dinero prestado y los prestamistas se convirtieron en los dueños de las empresas cuyo valor real era muchísimo más alto que aquellos 800 millones. Y de ahí salieron otros candidatos a puestos relevantes en la lista “Forbes” de las personas más ricas del mundo.

Pero, a pesar del buen ritmo inicial de las reformas, en otoño de 1992, el Gobierno se vio sometido a fuertes presiones de diferentes grupos lobistas dentro del Parlamento de la Federación Rusa. Especialmente por parte del “lobby industrial”, descontento con la forma de privatización de las grandes empresas que estaba intentando llevar a cabo el equipo de Gaydar, y por el “lobby agrario”, opuesto a la privatización de la tierra, otro gran objetivo de los reformistas.

El Parlamento de la Federación Rusa

Hay que recordar que las elecciones al Parlamento de la Federación Rusa ⎯cuyo nombre completo era Congreso de los Diputados del Pueblo⎯ tuvieron lugar en marzo de 1990, cuando la Federación Rusa todavía se encontraba dentro de las estructuras de la URRS, aún sin una democracia real y sin la aparición de los partidos políticos como alternativa al único partido que estaba gobernando en el país, el Partido Comunista de la URSS.

El 86% de los diputados eran miembros del Partido Comunista.

Este parlamento, de acuerdo con la vieja Constitución soviética de 1978, tenía grandes poderes que limitaban considerablemente el poder del Presidente, Boris Yeltsyn, elegido el día 12 de junio de 1991.

Pero Boris Yeltsyn supo convencer a este parlamento, más bien conservador, con el discurso ya comentado, para que diera su visto bueno para el comienzo de las reformas. El parlamento les dio a los reformistas un plazo de un año para que demostrasen que sus reformas mejoraban la situación del país y el bienestar de su sufrida población.

Pero, claro está, unas reformas de tal envergadura necesitaban más tiempo, unos cuantos años, los reformistas calculaban, como mínimo, unos tres años para completar las reformas.

Durante el primer año, lógicamente, hasta que el mercado no empezó a funcionar correctamente, los precios siguieron subiendo, y la inflación crecía. Pero los productos habían aparecido en las tiendas, aunque, aún no estaban al alcance de la mayoría de la población. Y por ello, el descontento popular crecía.

Surgieron los primeros “ricos”. Eran propietarios de “algo” (se calcula que durante las reformas 40 millones de habitantes – 27% de la población – se convirtieron en “accionistas”), y con ello se rompió el estereotipo, que había durado 74 años, de una igualdad sin ricos ni pobres. Todo esto “molestaba” al resto de la población, a la gente que estaba perdiendo su trabajo habitual, pero no era capaz de montar ningún negocio, por muy pequeño que fuese, para poder vivir independientemente del “papá Estado”, aprovechando las oportunidades que le ofrecían la libertad política y la liberalización económica.

No todos pudieron, o quisieron, aprovechar estas oportunidades, o fracasaron en su primer intento y, por ello, ahora culpaban a las reformas de su mala situación.

Así que, aprovechando este descontento popular, los grupos de presión, dentro del Parlamento, empezaron a censurar las reformas, intentando frenar su ritmo y hasta cambiar sus objetivos.

El año concedido por el Parlamento al gobierno reformista había pasado, pero la inflación era galopante. Los precios se habían multiplicado por 20 (en algunos artículos de consumo en 100) en lugar de por 5, como había pronosticado el Gobierno. Mucha gente no tenía dinero suficiente para comprar los productos necesarios a unos precios tan altos. Esto daba al Parlamento motivos para exigir al Gobierno una política puramente populista, con un fuerte incremento de los gastos sociales y de las ayudas a las empresas que aún no podían entrar en el mercado.

Casi dos tercios de las empresas estatales estaban al borde de la quiebra por insolvencia y debían ser reflotadas y privatizadas para poder entrar en la nueva economía de mercado, pero los directores “ex soviéticos” de esas empresas exigían al Gobierno que les ayudara a mantenerse con más ayudas estatales. Todo lo contrario, a la idea de los reformistas de recortar al máximo los gastos presupuestarios para reducir el déficit que estrangulaba la economía del país.

Y Yeltsyn, un político muy intuitivo, empezó a maniobrar, cediendo en parte a las presiones de sus adversarios. Inició la sustitución de los reformistas por figuras más conservadoras, para contentar a la parte más anti-reformista del Parlamento.

En mayo de 1992 cesó al ministro de Energía, Vladimir Lopujin, quien, como el propio Gaydar, luchaba por la liberalización de precios de los productos energéticos, especialmente del petróleo y del gas, y nombró, en su lugar, a su antiguo compañero, Víctor Chernomyrdin, que fue el último Ministro de la Industria del Gas en el gobierno de la URSS y que fue el creador del consorcio estatal “Gasprom”.

En junio de 1992, Yeltsyn introdujo en su Gobierno a otros dos directores de empresas estatales en calidad de viceprimer ministros.

Al mismo tiempo, el Parlamento, del que dependía el nombramiento del Presidente del Banco del Estado (el Gosbank), cesó a un reformista moderado, Matiujin, y nombró, en su lugar, al ex–presidente del Gosbank de la URSS, Víctor Gueraschenko. Este era partidario de que el banco estatal emitiese más dinero para aumentar el dinero en circulación y, también, de la concesión masiva de créditos a las empresas estatales, lo que favorecería el crecimiento de la inflación y la desestabilización del sistema financiero, todo ello claramente contrario a la línea de los reformistas.

No obstante, Yeltsyn intentó mantener en el Gobierno al “núcleo duro” reformista, con Gaydar a la cabeza. Él quería proseguir con las reformas, pero se veía obligado a frenarlas. La situación política se lo exigía. Los conservadores estaban tomando la iniciativa. Y, desafortunadamente, el país se quedó a medio camino, sin llegar a completar las medidas programadas por los reformistas y con ello se retrasó la verdadera recuperación económica del país hasta los años 1997-1998.