Opinión

La proboscis de la Unión Europea

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Lunes 27 de enero de 2020

La Unión Europea es una organización mastodóntica que si le buscásemos una explicación en la zoología nos diría que es una especie proboscidea, es decir que se nutre de tirar para adelante como si tuviera delante una trompa de elefante para poderse alimentar. Y es que los elefantes han demostrado ser una especie muy duradera, pues viven desde hace miles de años en La Tierra, cuya evolución nos sirve para comprender mejor cómo una organización internacional puede, a la vez, durar y avanzar. Y si recurrimos a una fábula para darle más colorido, ésta sería la historia de cómo ha ocurrido:

En la Europa occidental aboriginal (la cual entonces era una selva, pero no de regulaciones como la de hoy sino de animales y vegetaciones) vivía un pequeño elefante que se pasaba todo el día venga a preguntar. Los paquidermos y demás fauna de entonces estaban tan aburridos de tanta cuestión que le respondían cada vez que preguntaba con una coz, pero él seguía preguntando porque tenia una insaciable curiosidad y un irrefrenable deseo de ampliación curricular.

Pero un día ya fue el colmo pues al elefantito se le ocurrió preguntar:“¿Qué comen los cocodrilos para merendar?”

“Válgame Dios” dijo la cebra veloz y le tiró una coz. “A este elefantito le falta un tornillo“ dijo mecánica la jirafa y le soltó otra coz con aquellas patas tan largas. Y así hacía cada uno de los animales selváticos a los que preguntaba, hasta que preguntó al pájaro Colo-Colo, el cual aunque pesaroso le respondió: “Vete al rio Limpopo y allí preguntarás.” Y un pescozón cariñoso, de paso, le dio.

El elefantito tiró para adelante y para el viaje, como tampoco era cosa de pasar hambre, se llevó 100 kilos de plátanos, 100 kilos de caña de azúcar y otros 100 kilos de melones, y se largó para el Limpopo. Silbando iba de vez cuando, cuando no estaba comiendo, y tirando las cascaras de cañas, plátanos y melones por cualquiera de los rincones de la jungla ya que carecía de un miembro apropiado con que recogerlas (pues en aquella época los elefantes no tenían trompa, sino una nariz sin mas).

Y como también le gustaba la poesía iba recitando así: “Margarita, está linda la mar y el viento lleva esencia sutil de azahar (…) Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú..”

.. Y a todo esto el elefantito llegó al rio Limpopo y como allí vio a una serpiente pitón de roca bicolor subida, naturalmente, a una roca tomando el sol, le preguntó: “¿Para ampliar mis conocimientos de zoología, me podría vd. informar que comen los cocodrilos para merendar?”

La serpiente pitón le miró con esa mirada penetrante que tienen ellas, se desenroscó y le atizó un coletazo que se oyó hasta en Madagascar, “porque me preguntas eso mi atrevido, joven e inexperto congénere animal.”

“Haber venido hasta aquí”, reflexionó el elefantito, “para que me aticen igual que en mi casa natal, esto no es progresar en la evolución de las especies ni en el derecho internacional.”

No obstante, simpatizando con su causa, a la que consideró progresista, le preguntó la serpiente pitón “¿Tú has visto alguna vez un cocodrilo?” Y él le respondió “No. No tengo ni la menor idea de cómo son”.No sé porque me lo temía. Vale, vete a la orilla y pregunta por allí, pero ten cuidado dónde pisas” dijo la pitonisa

El elefantito se acercó a aquel río tan caudaloso cuyas aguas bajaban siempre tan turbias y cuya orilla estaba tan resbaladiza, donde se tropezó con una especie de tronco que estaba entre el barro allí como aparcado y como vio que se movía y un ojo le guiñaba, le preguntó “¿No sera vd un cocodrilo por casualidad? “¿Y después qué me vas a preguntar ?” le dijo el vetusto y astuto animal y él respondió “pues, ¿que suele vd. merendar?

“Vaya un capullo de mastodóntico animal” se dijo para sí entre dientes, pues tenia muchos el cocodrilo, y le rogó que se acercara un poco más. Y sin más ni más le tiró un mordisco a la nariz, de la que se quedó prendado, digo prendido. Y así prendido se puso a tirar y el elefantito también a tirar y el otro tiraba y tiraba cada vez más y el elefantito tiraba y tiraba para atrás y ya cuando se empezaba a resbalar por la resbaladiza orilla del río Limpopo, llegó la serpiente pitón y le dijo ”colega, o te ayudo en este trance vital o acabas de merienda de este reptil infernal” y se pusieron los dos a tirar. Tanto tiraron ambos para su lado y tanto tiraba el cocodrilo para el contrario que la nariz del elefantito se empezó a alargar y alargar sin parar. Hasta que al fin entre los dos pudieron más y el cocodrilo se tuvo que retirar, tras lo cual se puso a llorar con lágrimas de cocodrilo.

El elefantito quedó, aparte de dolorido y enfangado, compungido con aquel cacho de nariz que le había quedado. “No estés triste porque tiene sus ventajas tener trompa: matar moscas y tábanos, coger frutas del árbol, te puedes duchar y además toda clase de trompazos puedes dar” le consoló la pitonisa. “Oyes pues tienes razón” se alegró el elefantito “me has dado una nueva perspectiva organizativa” y muy contento para su casa marchó, donde se quedaron sorprendidos de verle de nuevo y luego con aquel apéndice nasal tan fenomenal, pero él no soltó prenda sobre su consecución, solo dijo que fue al Limpopo.

Como aquellos elefantes eran todos muy envidiosos, viendo las gigantescas aplicaciones prácticas de la trompa, o sea los trompazos, fueron cada uno de ellos, de uno en uno o en pequeños grupos, al Limpopo para obtener aquella magnífica nariz como la del elefantito, tras lo cual desarrollaron una túrgida organización elefantiásica a base de instituciones, cooperaciones, cambios de nombre, competencias, directivas y demás reglamentaciones, decisiones y recomendaciones. Con ese esfuerzo y dedicación y manteniendo el secreto de la fórmula, así fue cómo lograron los elefantes el desarrollo de su organización.