Hace años, las autoridades de Los Ángeles declararon al 24 de agosto como el 'Día de Kobe Bryant' (en honor a los dorsales que vistió durante su carrera deportiva). Así de gigantesca era la dimensión, en dicha urbe, del hombre de 41 años que falleció el pasado domingo en un accidente de helicóptero -en el que también parecieron su hija de 15 años Gianna y otras siete personas-. Por ello, es comprensible el impacto global y, sobre todo, en Estados Unidos, que causó la muerte de semejante leyenda.
Pero no hay dolor comparable -excepción del que aflige a su viuda Vanessa y a sus tres hijas- que el que ha compungido a la masa social de los Lakers. La franquicia se pronunció por vez primera el jueves, tres días después del bombazo informativo. En esa fecha también volvieron a los entrenamientos los jugadores del equipo californiano, quienes habían estado aislados toda vez que la NBA tuvo a bien aplazar el Clippers-Lakers que iba a celebrarse -en una medida del todo extraordinaria en la cultura americana-.
Este sábado quedó fijado el primer partido en el Staples Center tras el fallecimiento de Kobe. Una jornada marcada en el calendario, pues la multiplicidad de homenajes que se han amontonado a las afueras del recinto recibirán coherencia con el tributo oficial. La irreparable pérdida del ser humano que fue cara del conjunto de púrpura y oro durante casi dos décadas debía ser atendida, con mimo, en el primer encuentro con la que fue su casa. En la que cuelgan del techo los cinco anillos que cosechó cuando estuvo en activo y los dorsales que llevó a la espalda.
Recibían los Lakers a los Trail Blazers y ambos equipos participaron del conmovedor homenaje desarrollado antes del comienzo del partido. En él se desplegaron canciones de intérpretes cercanos a la cultura del equipo angelino y al baloncesto; se visionó un vídeo en el que se recopilaban las mejores jugadas de Bryant; y LeBron James tomó el micrófono para poner los pelos de punta al personal, con un discurso emocional que subrayó la trascendencia del nombrado 'Mamba Negra' -alias que se puso él mismo, cuando en su vida arreciaban problemas conyugales-.
Quizá el tramo en el que más se encogieron las gargantas de los aficionados angelinos arribaría al descanso, con una obra fílmica que se proyectó en el marcador y que recordaba a todos la excelencia del rendimiento que Kobe entregó a los Lakers. Con el coliseo lleno por completo, y atronando con el cántico de "¡Kobe! ¡Kobe!" de forma sistemática, el propio LeBron James se confesó sobrepasado. El astro de Akron, llamado a tomar el relevo de Bryant, aportaría 22 puntos, 10 asistencias y ocho rebotes, aguantando las lágrimas en más de un momento.
Y a la organización de los tributos se uniría uno particular: el de Damian Lillard. El base de la franquicia de Portland multiplicó sus destellos en una actuación que recordó, en cierto modo, al instinto competitivo y asesino de Bryant. Lillard se fue hasta los 48 puntos, 10 asistencias y nueve rebotes. Resultó imparable, como el ídolo angelino y nacido en Filadelfia. Él fue el que mejor gestionó su desborde sentimental y jugó con una mentalización rocosa, empeñado en empujar hasta el fondo para hacer ganar a su equipo. Siguiendo la pauta marcada por Kobe.
Los Lakers perderían por 119-127, víctimas del terrible contexto y de los siete triples anotados por Lillard, un jugador que entró en la historia. Se ha erigido en el único, en todos los tiempos, que concatena cinco partidos con al menos 35 puntos, cinco rebotes, cinco asistencias y cinco triples anotados. Se calidad rebosó al choque traumático que condicionó el juego local y también se destacó con una plusmarca tremenda en la NBA: nadie ha anotado al menos 40 puntos en cinco duelos seguidos. Eso sí, los focos siempre irían para Bryant. Carmelo Anthony, jugador de los Blazers y amigo de Bryant, fue baja por "razones personales".
A partir de este intento de catarsis colectiva, los Lakers han de retomar la senda que les contempla como líderes de la Conferencia Oeste y candidatos al título. El entrenador Frank Vogel se ha empeñado en proclamar que el mito caído querría de ellos que compitieran para reconquistar la gloria de la franquicia californiana. Ni más ni menos. Pero tendrá trabajo. Al menos, el advenimiento del All Star Weekend servirá a sus pupilos para desconectar y, en la medida de lo posible, reiniciar la mente. Con LeBron, "hermano menor" de Kobe, como faro.