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Abierto de Australia. Muguruza no rompe el maleficio español y Kenin triunfa

FINAL

Diego García | Sábado 01 de febrero de 2020
La jugadora española sólo mostró su versión consistente en el primer set. A partir de ahí volvió a ser presa de una irregularidad que rimó con la explosión de tenis de la estadounidense. El 4-6, 6-2 y 6-2 final premió a la personalidad de la joven jugadora americana. Garbiñe, como Conchita Martínez y Arancha Sánchez Vicario, se quedó a las puertas de la gloria australiana. Dejando en suspenso el renacer dibujado en 2020.

Garbiñe Muguruza se enfrentó este sábado a sensaciones familiares, percepciones que anhelaba volver a paladear. La jugadora española volvía a pisar el territorio de una final de Grand Slam. Hacía dos años y medio que había desaparecido esta atmósfera de su vida. Tras los destellos en Ronald Garros (2016) y Wimbledon (2017), la prometedora carrera de esta caraqueña con aire estelar quedó en suspenso. Pasó por el número uno de la WTA, pero en los dos últimos cursos sólo venció en Monterrey. Nada más.

Ha navegado la hispano-venezolana por una travesía por el desierto que la contempló desplazando su potencial por vaivenes mentales y de concentración que la enterraron más allá del Top-30. Se deshizo de su entrenador y tomó la sabia decisión de volver a acudir a Conchita Martínez, su última mentora exitosa. Y la fórmula se ha demostrado atinada en este 2020. En enero ha vencido ya 11 partidos, casi la mitad de los cosechados en los doce meses previos. Su crecimiento personal ha catapultado su tenis, más agresivo y consistente, hasta su primera final del Abierto de Australia.

Gabriñe abriría este fin de semana desde la pista central del Rod Laver Arena, compitiendo ante la sorprendente Sofia Kenin por la gloria aussie. Había dejado en el camino ya a nombres gruesos del circuito femenino, como Elina Svitolina (5ª cabeza de serie), Kiki Bertens (9º), Anastasía Pavliuchénkova (30ª) y Simona Halep (3ª) sin ceder un set. Subrayando un renacer colosal. Y silente, pues partía bajo el radar de las favoritas. En todo caso, la rival y debutante en estas lides, Kekin, había dejado en la cuneta a Ashleigh Barty, la número uno mundial, en semifinales.

‘’He intentado aplicar una táctica inteligente y estar preparada para jugar y competir con jugadoras tan complicadas como son las Top-10. Estoy contenta por haber sacado mi tenis en este tipo de partidos. Llegar a una final ya es un gran logro y que poca gente puede vivir. Entrenamos toda nuestra vida para vivir estos momentos", reflexionó en la previa del duelo postrero, el más determinante de estas semanas en Melbourne. La estadounidense, de 21 años, había gozado de un cuadro menos árido y se presentó en este evento casi sin creerlo. Era obligación de la española dictar el patrón de juego desde la asimetría de experiencia y oficio en fiscalizaciones de semejante altura.

Mas, le costó entrar en calor y soltarse a la hispana. Salió Kenin presionando y con la pretensión de portar la iniciativa. Se puso con celeridad con un juego a favor y 0-30, con lo que hubo Muguruza de despertar rápido. Desde su saque se aferró a pista, con la firme intención de acelerar el ritmo. Era básico en su planteamiento acortar los peloteos, a pesar de la lentitud de la cancha consiguiente a las condiciones generadas -cubrieron el techo-. Sea como fuere, la joven norteamericana mezclaría su rebeldía -tres dejadas en los tres primeros juegos- con una cierta falta de resolución que la empujarían ceder el break inaugural a los 15 minutos.

La decimocuarta cabeza de serie quiso mover y desgastar a Garbiñe, en un trabajo de fondo. En el entretanto, la hispano-venezolana se defendía con determinación, afilaba el resto en el segundo saque ajeno y se disparaba 3-1. La agresividad del patrón de juego, pensado con Conchita, provocaría dos dobles faltas tempraneras, pero ese bache no enturbiaría a la granítica convicción de la representante nacional. Con subidas a la red quirúrgicas en los momentos clave -para salvar una pelota de rotura-. Y Kenin dudaba desde el fondo, al no poder superar en esa suerte a su rival. En ese escenario, dominaba el guión Muguruza.

La profundidad y astucia de sus golpes trasladó la presión a la novata en finales de Grand Slam. Se cruzaba la media hora de esfuerzo con el servicio de la caraqueña sólo asomaba -conectó una tasa baja de primeros-. Disfrutando de un mayor aplomo, en relación con su contrincante, habría de medir sus errores de decisión. Y navegar en intercambios prolongados, cuidándose de la derecha de Kenin. La exigencia ya tocaba techo y con un modelo de saque y volea instaló el 4-2. De inmediato, la estadounidense no pagaría el desgaste psicológico, si bien concedió cuatro bolas de break. En cambio, escapó con una clase remarcable. Sacando su mejor tenis.

Y la nacida en Moscú reaccionaría con orgullo, filtrando inestabilidad a Garbiñe, quien cometió dos dobles faltas para perder su saque (4-4). Se reiniciaba el set con una mutación constante de inercias que encontró a la ibérica cosechando otro break con autoridad. Para allanarse una victoria parcial de claro contenido mental. No desperdició la enésima pelota de rotura y pondría el lazo a la manga con una serie de saque no exenta de apreturas. Al fin, tras 52 minutos de sudor, la montaña que enfrentaba la norteamericana se agigantó (6-4).

"Está sacando bien, como aquel año en que ganamos Wimbledon. Es así de buena, así que una vez que coge ritmo se trata de seguir y seguir", analizó Conchita Martínez sobre su pupila. Lo cierto es que había sobrevivió a Kenin desprovista de su arma desde el servicio -sólo conectó el 61% de sus primeros-, un lastre considerable que estaba siendo maquillado por la relación de ganadores (15 a nueve). Y la diestra americana se activó en la reanudación descerrajando un juego en blanco imperial. Lanzando un aviso a la competidora de ascendencia vasca.

Iba a urgirle a Muguruza sostener la concentración ante el presumible acelerón oponente. Lo cumpliría: devolvió el 40-0. Mas, Sofia encadenaría otro juego en blanco, el tercer consecutivo del segundo set (2-1) y se remangaría al resto. Multiplicando cambios de direcciones rotundos, verticales. Cansando a la jugadora de 26 años que peleaba por no abandonar el rigor de su hoja de ruta. Aguantar, lucir capacidad de sufrimiento y de defensa emergieron como líneas maestras de la caraqueña. Sin embargo, cedió un break y la estadounidense se escapó (4-1). Únicamente filtraría un globo de seda en este vendaval Garbiñe -sólo ganó un punto al resto en este punto de segunda manga-.

Al galope de la huida hacia adelante, sin margen de maniobra, Kenin asumió el gobierno. Desplegó punzadas que salpicaban los peloteos. La garra de la española rimaría con su estilo y precisión -se le estaba descontrolando el parámetro de los errores no forzados- sólo en otro servicio y la incomodidad por la que atravesó devino en un contundente 6-2 en contra (break mediante). Que expandía la incertidumbre por cada esquina del Melbourne Park. Una incógnita perturbó a la delegación nacional: ¿Mantendría el tono y exhibición la debutante hasta el epílogo de la final? De ser así, Garbiñe estaría en problemas si no discutía la iniciativa y mejoraba el desplome de su mando desde el saque -Sofia había pasado del 70% de acierto en todas las vertientes de esta suerte-.

Se examinaba, entonces, todo el trabajo que desde noviembre habían realizado Muguruza y Conchita. Sobre todo en el plano de la confianza y concentración. El definitivo set amaneció como una continuación de lo previo: el desatino en el golpeo trompicaba el tempo que perseguía la hispano-venezolana. Tres errores no forzados dieron el primer punto a la norteamericana. Atravesaba su peor momento de la fecha y uno de los más bajos de todo el torneo. Los fantasmas estaban ahí, tras su sombra.

"La pelota tiene que entrar, así que la experiencia no es tan importante", había sintetizado Garbiñe al ser consultada cómo afrontaba este envite. Había ganado siete de los nueve juegos precedentes Kenin, hasta que la española embocó un saque en blanco. Aparentaba suponer un punto de inflexión este pico, pero más fallos groseros de 'Mugu' permitieron que la juvenil aspirante disimulara ir pasada de revoluciones -y de nervios que no podía esconder-. Ante este cuerpeo de errores, con la tensión asfixiando, era un mandato absoluto pelear por cada punto de servicio. No restaban más oportunidades de taponar las goteras para la caraqueña que ésta. Y arrancó el empate in extremis (2-2).

Le faltaba dar un paso al frente al resto y lo ejecutaría. Daba la sensación de pagar la condición de novata la americana, que fallaba si era exigida con más asiduidad en este punto. Mas, Muguruza desaprovecharía otras tres pelotas de rotura: Sofia volvió a sacar su magia cuando yacía contra las cuerdas. Y a rebotar la presión a la tenista latina -que no había disfrutado de oportunidades de break desde el set inicial-. Se subrayaba la trascendencia esta cota y la personalidad de la jugadora nacional aflojaría. Encadenó 0-40 y 15-40 a favor pero todo acabó en una doble falta y break en contra (4-2).

No le quedaba otra a Garbiñe que jugársela. Remontó un 40-0 pero no llegó a la orilla por otro fallo. De había diluido su eficacia en la red -más tarde que el saque- y precisamente en la cinta se quedó una bola que valdría el torneo. Los puntos ajustados jugados desde el intercambio largo caían siempre del lado del rendimiento rocoso de una Kenin que voló y tocó el cielo en su primer intento (6-2). Simplemente, la hispana no mantuvo el listón ofrecido a lo largo del campeonato y recayó en sus problemas para gestionar la tensión. A las dos horas y tres minutos, con su octava doble falta (por nueve 'aces'), Muguruza zanjó el bloqueo padecido (45 errores no forzados por 32 winners y sólo 2 de 12 bolas de break amortizadas) y encumbró a una promesa de este deporte que se tornó en realidad.

Terminado el partido, la española -que volverá al Top-20 de la WTA- compartió sus sensaciones. "No he encontrado mi saque y me he puesto en situación de amenaza constante. Jugar con tantos segundos le ha hecho a ella controlar mejor los peloteos. Me encuentro físicamente cansada porque han sido dos semanas muy intensas con partidos complicados ante rivales difícil y, además, hacía tiempo que no jugaba tantos seguidos", avanzó.

Por último, señaló que "los grandes torneos siempre han sido los que más me gustan. Estoy trabajando en encontrar esa regularidad que siempre me ha faltado. Soy una jugadora agresiva y que toma riesgos, por lo que no es fácil". Y proclamó como "un acierto" el haber vuelto a trabajar con Conchita Martínez. "Todavía no he hablado con ella porque he salido enfadada del partido pero la verdad es que este tiempo ha sido increíble porque me entiende como jugadora que ha sido", finalizó. En perspectiva, su Abierto de Australia constituye un resurgir más que optimista.

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