Opinión

EL TOREO ES MÁS QUE TRAGEDIA

Jueves 14 de agosto de 2008
En menos de dos meses, el diestro José Tomás ha sufrido dos cogidas graves que le han llevado al dique seco. La última, el pasado domingo en el Puerto de Santa María, le ha impedido cumplir con sus compromisos ante la afición de Gijón y, con toda probabilidad, ante la de San Sebastián. José Tomás es probablemente el mejor torero de los últimos tiempos. La expectación que produce cada una de sus comparecencias ha traído savia nueva a un mundo -el del toreo- que añora figuras míticas como Joselito el Gallo o Manolete. Su reaparición ha sido tremendamente beneficiosa para la fiesta nacional ya que ha atraído a un nuevo público joven a las plazas y su presencia en los carteles es sinónimo de llenazo total. Sólo hay que ver las cifras astronómicas que alcanza la reventa cuando es José Tomás quien hace el paseíllo.

El desprecio por su vida y valentía que derrocha el diestro de Galapagar en el coso taurino inflaman el ansia épica y poética que imbuyen al espectáculo taurino. Su templanza, quietud y elegancia ante el toro le convierten en una de las mejores figuras del momento. Sobre esto no cabe discusión alguna. Pero el arte de torear, a pesar de lo que digan los anti-taurinos, es mucho más que sangre y arena. Cada vez que las manoletinas pisan el albero se inicia una danza, de muerte, sí, pero también de elegancia, valor y, sobre todo, belleza, entre el toro y el hombre. La emoción y el temor son ingredientes fundamentales de una gran tarde, pero no los únicos. Un torero no puede basar su arte en mantener durante dos horas al público en vilo. A nadie le resulta agradable ver como una persona muestra un desprecio total por su vida cada vez que dibuja el toreo en el ruedo.

La gran baza de José Tomás es su valentía indiscutible ante el astado y su entrega día a día. Sus imágenes toreando cubierto de sangre, aguantando hasta el final a pesar de la gravedad de sus cornadas, son el pan nuestro de cada corrida. Pero no debería ser así. Todos y cada uno de los caballeros de corazón torero se juegan la vida cada tarde, aunque no sea de la manera descarnada y trágica de Tomás. La emoción y la impresión no bastan. Insistimos en que el diestro es uno de los mejores de los últimos años y que posee una técnica depuradísima, de eso no hay ninguna duda. Pero, también es un hecho objetivo que una voltereta es un error del torero y Tomás sale a una media de dos por corrida. ¿Por qué las suyas no cuentan como fallo?

José Tomás está hecho de una pasta especial. Es la reencarnación del héroe antiguo al que no le importa el dolor o el miedo, ni siquiera el triunfo. Para él, el honor está por encima de cualquier otra cuestión, incluyendo la vida. Sin embargo, la sangre y el sacrificio no han de ser el fin sino parte del medio para lograr el objetivo último de la fiesta: crear belleza. Una belleza cruda, difícil de comprender para alguien ajeno, e incluso cruel, como lo es la vida. Pero belleza al fin y al cabo.


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