Las cifras no pueden resultar más alarmantes. El pasado mes de enero, el paro registró un aumento de 90.248 personas y la Seguridad Social sufrió un descenso de 244.044 afiliados. La política económica de Pedro Sánchez bordea el precipicio. Mariano Rajoy recuperó el pulso económico en plena crisis y creó 500.000 puestos de trabajo al año. Juan Velarde, que en Periodista Digital está publicando artículos excelentes, titula hoy: “Pedro Sánchez, atiende: Quien siembra populismo con el salario mínimo, cosecha destrucción de empleo” Da la sensación de que volvemos a las andadas.
Pero no. En muy poco tiempo el Gobierno hará públicas cifras razonables. No habrá más paro porque se crearán empleo públicos -guardias civiles, policías, profesores, funcionarios, asesores, plantillas infladas de las empresas públicas, etc., etc.- en la medida necesaria para contrarrestar lo que se pierda en la contratación privada.
Es decir, pan para hoy y hambre para mañana. El exceso de empleo público es solo un parche que se convertirá en poco tiempo en una carga inabordable. Solucionará a Sánchez su permanencia en Moncloa durante algunos años y dejará una herencia pavorosa. Pero en eso estamos. Los estrategas sanchistas saben sobradamente que las veleidades de Sánchez con el salario mínimo, las decisiones sobre pensionistas y las ligerezas en el gasto desmesurado desembocarán en una situación insostenible. A Zapatero le amenazó Bruselas con la intervención y el envío de la troika. Hay que reconocer que el expresidente tuvo la gallardía de dar marcha atrás, rectificar y evitar la intervención europea. Convocó elecciones generales y se colocó personalmente a un lado.
Mariano Rajoy se equivocó en su disparatada política sobre Cataluña. Acertó en la gestión económica. Pedro Sánchez se dispone a desguazar las medidas marianitas y a colocar a la nación española en una situación similar a la que en Grecia exigió la intervención europea.