Opinión

La sonrisa del Nuncio

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 08 de febrero de 2020
No es una mueca forzada. Bernardito Auza, el nuevo Nuncio de Su Santidad en España siempre sonríe. Es la imagen que la diplomacia vaticana quiere transmitir a todos los gobiernos donde el Vaticano tiene representación diplomática. Una sonrisa que llega directamente de Roma y que se ha hecho patente esta semana durante la recepción anual de los Reyes de España al Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país.

En el Palacio Real, monseñor Auza ofreció este miércoles su primer discurso oficial en España en el que hizo un llamamiento “a favor de la voluntad de concordia, de paz y de buen entendimiento, reforzando las instituciones democráticas y el respeto del Estado de Derecho”. Unas palabras que recordaban las que el Rey pronunció en su último mensaje de Navidad para afirmar que “el Cuerpo Diplomático comparte con su Majestad la confianza en los españoles, porque en los momentos de dificultad y ante los retos han sabido siempre abrirse camino afrontando el futuro con generosidad y responsabilidad”.

El Nuncio, siempre con su gesto sonriente, pero con firmeza, recordó que “ esa actitud de los españoles fue la que trajo a España ,con el arbitrio de Juan Carlos I, un proyecto común, que fue la Constitución”, que ha definió como “una declaración de valores y principios que hermana a España con las naciones y democracias modernas y que fundamenta la convivencia de una nación tan variopinta y rica como es España”.

Recordamos que el Nuncio es el único diplomático que toma la palabra en este acto y lo hace en su condición de Decano del Cuerpo Diplomático acreditado en España, por eso son tan importantes sus palabras y gestos, que no pudo oír ni ver el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,que no asistió al acto por tener un compromiso en Bruselas. Una sonrisa y unas palabras que al Presidente Sánchez , suponemos, le habrían venido muy bien, pues Monseñor Auza también recordó palabras del Papa en su última recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en el Vaticano, en las que recalcó que “el bien común es el criterio de orientación de la acción de cada país y de la colaboración entre ellos”.

Por favor, Monseñor, siga sonriendo, que falta nos hace.