Opinión

La postverdad, ¡que viene el lobo!

TRIBUNA

Carlos Díaz | Lunes 10 de febrero de 2020
La verdad solamente se dice de una manera, pues nadie en su sano juicio podría negar la validez del principio de contradicción o del no contradecirse: a no puede ser no a a la vez y bajo el mismo aspecto. La lógica no puede ser más que verdadera, si es verdadera lógica. Desde luego las cosas son complejas en la vida, pero complejidad no es postverdad.

Sin embargo, la postverdad es aplaudida de muchas maneras, siempre mal avenidas con la verdad y litigantes incluso entre ellas. Postverdad de postverdades y todo postverdad, vamos a poner algunos ejemplos del mundo en que vivimos.

Por una parte, dilatar la verdad urgente es postverdad, lo mismo que el llegar tarde a la verdad. A mi me enseñaron que una justicia tardía es una injusticia, y sigue siendo cierto que indultar al ya ajusticiado llega tarde. En ese sentido, muchas honras póstumas deshonran. Procrastinar es una forma muy común de llegar tarde a la cita con la verdad, ya veremos qué pasa mañana, quizá las cosas se resuelvan solas...

Cambiar de chaqueta interesadamente es postverdad, creí que los liberales íbamos a perder las elecciones, pero las hemos ganado los monárquicos, el chaqueterismo en cualquier terreno, hoy sí y mañana no, es poco de fiar. El chaquetero existencial no tiene sastre, es un desastre, no toma ni deja tomar medidas, es la desmedida desmesurada.
El situar la verdad en las nubes y no bajar al loro de la existencia fue, por otra parte, bien criticado por el dramaturgo griego Aristófanes, al cual no faltaría trabajo entre los metafísicos eternos que buscan verdades más allá del compromiso testimonial en este mundo y se limitan a citar al filósofo de moda, hoy por Marx y ayer por santo Tomarx.
Deshojar la margarita de la dubitación continua y exhibirse en las alfombras rojas mientras tanto también es postverdad, la verdad de la mera fama, del mero aparentar y aparecer sin ser. Mientras decido si soy de la Fai o de la Failange vamos a buscar la vedad en el flash del fotógrafo.

¿Y qué decir de la mentira y de la organización sistemática de la mentira que mueve a las masas, las cuales también están particularmente encantadas con el engaño, la trampa, la chapuza, y demás formas de verdad-basura?

Tampoco faltan los señores de la verdad jibarizada, cuyo axioma es: la verdad está en mi rancho y yo soy su capataz. La verdad es para nos, para nos, y nada más que para nos. Ni se le ocurra intentar la menor interpretación, la hermenéutica es una mentira. Este es el mensaje que ha campado desde siempre por sus respetos: diga usted la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pues ya le juzgaré yo según mi código, que está encerrado en mi arqueta cuya verdadera llave únicamente yo poseo. De tanto apretarle el cuello a la verdad hemos confesado el delito que tú querías escuchar. Y viva la República y muera la República. Es una forma atorrante de no llegar jamás a la verdad.

Y así gritamos que no viene el lobo de la verdad, hasta que el lobo de la mentira llega: un ahora sin mañana.