El Gobierno ha presentado este martes el cuadro macroeconómico para toda la legislatura en la que ya han puesto de manifiesto que no tienen ningún interés en alcanzar el equilibrio presupuestario de la Administración Pública. La coalición de socialistas y podemitas quiere llegar a la próxima cita electoral con un déficit del 0,9% del PIB y una deuda del 90% del PIB. Se trata de una relajación en las cuentas que no permiten, sin embargo, un mayor crecimiento económico. El propio Gobierno lo reducía en dos décimas para 2020, con lo que se amoldaba a las previsiones de los analistas del Fondo Monetario Internacional. Para 2021 espera un repunte algo menor, del 1,5%, y después augura una estabilización en el entorno del 1,6% para los próximos años.
Se trata de una declaración de intenciones, un “sello de identidad”, como ha resaltado la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que caracteriza al “Gobierno de progreso” que los socialistas, apoyados por Podemos, pretenden encarnar.
El déficit en las cuentas públicas no es ninguna fantasmagoría, como parece desprenderse de aquellas palabras coloquiales que usó la ministra de Hacienda para explicar a una periodista el reequilibrio presupuestario -"Lo he dicho siempre, chiqui, son mil doscientos millones, eso es poco, eso es poco”, espetó a la reportera-. Un mayor déficit repercute en la deuda pública española, que supondrá el 90% del PIB en 2023, según el cuadro macro del Gobierno. En el momento en que comiencen a subir los tipos de interés del BCE, un mayor endeudamiento supondrá, vía intereses, un creciente mordisco en los Presupuestos Generales del Estado. Las dádivas de hoy, como ocurre siempre, terminarán pagándose mañana.