Todo el mundo se entretiene, en España, desde que se abrió la veda del político, en buscarles defectos, carencias y deslices. Los medios de comunicación les dedican espacios que nunca dedicaron a nada, ni siquiera al futbol o al corazón. Y, ahora, las redes sociales nos ayudan a transmitir, entre amiguetes, infinitas informaciones, insultos y bulos (ahora fake news) que nos tienen a todos súmamente ocupados y entretenidos. Tienen ya su vida y su biografía horadada como un queso Gruyere y sus defectos y errores son del dominio público. Es el tema de moda.
Sin embargo hay una característica, denominador común, en casi todos ellos, muy poco denunciada, es el aldeanismo, el tribalismo. Quizá se debe a que ni siquiera se toma como un defecto al ser una peculiaridad tan común entre ellos y tan generalizada entre los españoles.
Encuentro, para esta palabra, aldeanismo, dos acepciones, con cierto parecido, que son muy apropiadas:
-Estrechez intelectual o tosquedad propias de una persona encerrada en si misma.
-Mentalidad estrecha propia de la persona que tiende a valorar en exceso los usos y costumbres locales y desprecia los ajenos.
Ya véis, es una cerrazón que nos lleva a estar tan entretenidos mirándonos a nosotros mismos y a nuestro entorno mas inmediato, que no nos deja tiempo para interesarnos por los otros y por lo que ocurre un poco mas lejos.
Y es sorprendente que adolezca de un sentido tan centrípeto y un amor tan grande por la aldea, por la tribu y por el apego a lo de ser “uno de los nuestros”, un país que tiene como característica histórica haber sido pasto de infinitas invasiones, cuna de descubridores, colonizadores y conquistadores, por el ancho mundo, que en tiempos más recientes, ha sido barajado, sin resistencia, por toda su geografía y que, para paliar su penuria económica, ha tenido que echar, a gran parte de su población, primero a la emigración en las “colonias” y después a la búsqueda de trabajo en Europa.
Cuando hablo de “tiempos más recientes”, me estoy refiriendo a la Dictadura, cuando vivíamos en una nación con las fronteras cerradas a cal y canto y que, sin embargo, fue capaz de transformarse, de un país netamente agrícola, en otro industrial y de servicios, y de una población pegada al terruño, en otra exageradamente urbana.
Sin embargo, en tiempos más modernos, en una sociedad inevitablemente arrastrada por un proceso de globalización, cuando nuestra nación se ha visto solicitada por el exterior, política y económicamente, hemos producido esos políticos enfrascados en lo nuestro, con una formación tan provinciana que ni siquiera les ha llevado a estudiar idiomas, curiosamente, en una sociedad en la que los padres de familia hacían malabares con el tiempo libre de sus hijos para que llegasen a dominar alguno, como componente imprescindible de una buena preparación profesional.
Y hemos visto, avergonzados, a nuestros políticos, haciendo el ridículo, con un traductor al lado, en reuniones internacionales, en las que se ve a todos ir, con naturalidad, de corro en corro. ¿No os parece curioso que nuestros presidentes, hasta Sánchez, no hablasen idiomas?
Y hasta hemos ido de mejor a peor, pues en los tiempos de la nefanda Dictadura, cuando España empezó a desarrollarse y a abrirse al exterior, hemos visto a los políticos del OPUS, que vinieron, precisamente, a sacar a España de su situación de aislamiento y engarzarla en el mundo, como dominaban idiomas y se manejaban con gran soltura en el exterior. Se puede decir lo que se quiera de su ideología pero eran gente muy preparada.
¿Es este celtiberismo de nuestros políticos causa o efecto de nuestro espíritu aldeano? ¿Influye nuestra organización territorial en esta anomalía? A primera vista parece ser un defecto de parte de nuestra sociedad, que elige entre los políticos mas celtibericos pues, afortunadamente para la buena marcha, empresarios, profesionales, deportistas, científicos, etc…se desenvuelven fuera de España sin ningún complejo y nos aportan grandes logros.
Tan enfrascados están nuestros políticos en nuestros asuntos que su intervención en el exterior no es, nunca, por iniciativa propia y siempre, a regañadientes, como reacción a problemas que nos conciernen. Ni siquiera los asuntos de la Unión Europea y los de Iberoamérica que deberían ser tratados, por nuestro interés, como asuntos de familia, atraen su interés. ¡Mande!
Habrá que seguir el ejemplo de los vascos que dan como trofeo, en algunos concursos, una txapela. No se gorri o negra.