Opinión

Resaca de San Valentín

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 17 de febrero de 2020

Marisol fue noticia con los Goya, pero ahora ya no se acuerda nadie de ella –como antes–, salvo los muy cinéfilos o los que la veían cantando en una gasolinera delante de don Jaime de Mora y Aragón. Después de San Valentín, el presidente Sánchez y Pablo Casado se han reunido en Moncloa para hablar de sus cosas, del bloqueo, del desamor, que es una memoria permanente de la otra guerra civil. Son los suyos unos “amorodios” heredados, de guapo tosco, de niños que no destacaban en el cole y que sabían que Zetapé y Aznarín eran su alfa y omega, la ternera y la merluza fresca de la tesitura doméstica. Y ahí los tienes, Mariloles: ni vos sin mí, ni yo sin vos. Porque escribió Horacio que en el amor existen estos males: primero, la guerra, y luego, la paz, ya que los amores pueden ser de dos maneras a la vez, que es el fundamento del “amorodio”, como el de Pablo Iglesias y Sánchez, que acabaron en revolcón.

Los amores modernos practican aquello de pelillos a la mar, pero los jueces y fiscales guardan memoria de los egregios delitos. Al PP le esperan cinco causas en la Audiencia Nacional por corrupción: el caso Boadilla y los “business” de Paco Correa, la caja B de Bárcenas, el pelotazo de la Gürtel en la visita del Papa Benedicto XVI en Valencia, los terrenitos de Arganda del Rey con los 21 procesados de Martinsa y áticos de Estepona, y los contratos de Camps y Ricardo Costa, amén de los juicios de los casos Lezo y Púnica. El que no está en la cárcel, se sienta en el escaño, con toda la jeta al aire y sin pedir comisiones de investigación, ni nada por el estilo. Y es que, San Valentín lo sabe, no estamos preparados para la democracia, ni para el “smart pone”, ni para la fidelidad, ni para aguantar a nadie. Uno cambia de amante y asunto solucionado, porque argumentar y convencer o pedir perdón es más difícil. Entre los actos de redención del penitente el catolicismo decía que tenía que aparecer, como mínimo, la contrición, que es un dolor del alma y una detestación del pecado cometido, con la resolución de no volver a pecar, que era el comienzo de la senda del arrepentimiento.

Los enamorados ahora se sacuden las inhibiciones, como los políticos, y toman lo que consideran que es suyo y hacen homologaciones entre la fidelidad y la lealtad, lo que significa que uno ya tiene patente de corso para acudir a El Amante con la escopeta cargada y dispararle a todo lo que tenga alas. Lo mismo de ellas en el Florida Park, que para estos días femeninos lo asaetan a uno con las flechas del carcaj y a correr… El hombre y la mujer modernos están concienciados de muy pocas cosas, pero si hay una de la que sí lo están, es la del “tempus fugit”. Ya explica Freud que el erotismo va por fases, y que esas etapas se fijan en muchos adultos y subsisten, como los ministros de Hacienda y Administraciones Públicas.

San Valentín anuncia un crujir de dientes de financiación ilegal en 2020. Y es que en España los usos y costumbres amorosas han cambiado mucho en los últimos tiempos: cualquier cuento de piratas ya es una historia de amor, de sexo o de las dos cosas, sin mirar atrás. Es una chica que sale de la casa de uno mientras se viste en el ascensor y deja en el aire del pasillo un “ya te llamaré si eso”. Uno cae en las lujurias del camasutra como otros en una bolsa de la basura llena de billetes: por casualidad. Porque San Valentín huele a pelotazo, a desodorante caro de ligue barato y a los niños lejos el fin de semana con la pareja, que yo he venido con estas y esos a quemar Madrí. Por esa vía sutil puede entrar Cupido en el cuerpo del otro y salirse con la misma facilidad. Algunos ya bautizan Jorge Juan como la Sodoma y Gomorra castiza; un jardín de infancia comparado con el San Valentín de sus señorías y de los que hacen meritoriaje en los sótanos de Ferraz y de Génova.

Porque viendo el organigrama del PP y del PSOE, desviacionismos de lo profesional, salta a la vista que los caminos de San Valentín son inescrutables, Amore. Que no es más que el búnker moderno, en el fondo, con sus variantes, parafilias y aberraciones: el vicio del poder.

Twitter: @dfarranz