Opinión

EL DESCANSO DEL PRESIDENTE GALLEGO

Olga González Alonso | Viernes 15 de agosto de 2008
Me comentaba el otro día en un almuerzo una interlocutora ocasional que los ricos no hacen vacaciones, sino que veranean, que es mucho más “in”. El presidente de Galicia, que parece estar más “out” que nunca, ha optado, como suele hacer, por el camino del medio y, simplemente, descansa.

Abrumado por los acontecimientos, que hasta ahora parecían resbalarle pero que de pronto se le amontonan arrojados contra él por unos y por otros, Pérez Touriño ha cogido a la familia, se ha montado en la hamaca y la sombrilla y ha decidido descansar, huyendo de la maldita crisis que hasta hace poco no existía y que ahora no hay forma de quitársela de encima; de las ansias dinerarias de su compañero de Cataluña, al que apoyó con lo del Estatut queriendo convencernos de que no era malo para Galicia y al que ahora reprende porque, con la financiación encima de la mesa, se ha dado cuenta de que tan bueno no era aquél invento, la pela es la pela; huyendo del marcaje continuo de sus socios nacionalistas de Gobierno; y huyendo de la mosca cojonera de José Blanco, que sí veranea, porque le va lo “fashion”, pero que no descansa.

Ha huido dejándonos a los gallegos con una inflación que nos ahoga con datos históricos y un conselleiro de Economía que por mayor ocurrencia ha esgrimido aquello de que la culpa es del petróleo. Se ha llegado hasta la playa mientras el resto de los mortales no sabe ya qué hacer para llegar a fin de mes. Se ha retirado a su residencia estival cuando el galleguito de a pie pierde el sueño haciendo números para pagar la hipoteca de su vivienda de todo el año. Las cosas van mal en Galicia, pero el presidente de la Xunta no quiere, no puede o no sabe hacer nada para arreglarlas. Lo que quiere el presidente gallego es un descanso.

Que nadie le moleste, ha dicho, porque va a dedicar su retiro veraniego a meditar si adelanta o no las elecciones autonómicas, que debían celebrarse en junio del próximo año. Pero, en realidad, lo único que tiene que pensar el presidente es cómo va a argumentar el adelanto, que está ya cantado. Y esa es una difícil tarea, porque no hay justificación objetiva para no agotar la legislatura. No lo tiene fácil Touriño para explicar por qué, una vez más, va a cumplir con sus jefes de Madrid en lugar de con los ciudadanos a los que gobierna; por qué aquí manda Blanco que, por muy Pepiño que sea, está fuera de la política gallega y al que parece obsesionarle llegar a las urnas cuanto antes, vista la tendencia de sus propias encuestas, que le dan a los socialistas la única recesión que les preocupa y al PP la posibilidad de volver a la Xunta; y por qué mintió todas las muchas veces que dijo que agotaría el mandato.

Touriño debe de estar muy harto de presiones; de las de los suyos para que adelante; de las de sus socios para que ni se le ocurra; de las de su partido en Madrid, que le obligó a negar la evidencia de la crisis económica y ahora, que ya la reconoce, no le ayuda nada para paliarla; de las que le forzaron a aplaudir el plan financiero de Cataluña y de las que ahora le llevan a desdecirse criticándolo. Es posible que el presidente gallego necesite un descanso. Pero no es el único. Los demás también estamos cansados de tanta política chapucera, de tanto donde dije digo digo Diego, de tanta falta de soluciones y de que, con la que está cayendo, lo único que preocupe al presidente sea si votamos en otoño o en primavera.

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