“ Para el éxito sobra el talento, para la felicidad ni basta.”
Es la frase que me escribió el premio Nobel Camilo José Cela como un mordisco del metal en los jardines de La Universidad Complutense donde coloqué su escultura.
¡Una dentella!, un poema agridulce, diría yo, sobre la conciencia y las ambiciones, que debería grabarse a modo de pancarta en los frontones de las facultades de Bellas Artes de nuestro país y que contiene los verdaderos principios de la vida de un artista, aquellos desde los que brillará y naufragará a diario.
“Para el éxito sobra el talento, para la felicidad ni basta.”
Tan profundo o banal como decir que -Arte es lo que no es otra Cosa- y en donde no solo las tradiciones se diluyen ante las expectativas del dorado, sino incluso los temblores que acompañan a nuestra vida familiar.
Vivir, crear, triunfar. 3 patas del crustáceo que nos ha sido dado y que cuanto más existimos más parecen descoyuntarse, saliendo cada una por su lado. ¿Qué clase de herramienta es el talento, que nos hace alcanzar cotas muy superiores al del simple artilugio de nuestro ser?. Parecería un regalo, pero nos hace esclavos. Esclavos de un compromiso arriesgado, a veces inabordable y cotidiano, porque navegar sobre el talento es conducir la desbocada cuádriga de Ben-Hur, girando, girando y girando ante el circo mundano en el que estamos encerrados.
“Para el éxito sobra el talento, para la felicidad ni basta”