Reproducido por Google y copiosamente comentado en las redes sociales y en televisión y radio, publicamos a continuación este artículo que apareció en el diario El Mundo. Su autor es el académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, Luis María Anson.
La sagacidad de Francisco Rosell ha puesto sobre la mesa del debate político el objetivo final del actual Gobierno de Frente Popular: el cambio de régimen. Sánchez ha cancelado la España de la Transición, la España sin vencedores ni vencidos, la España de la concordia y la conciliación, albriciada por la Monarquía de todos, que Juan III propugnó desde su exilio contra la dictadura de Franco. Y que asumió, bien asesorado por Fernández-Miranda, su hijo heredero Juan Carlos I. Difícil calibrar ahora por las jóvenes generaciones lo que supuso que Pasionaria presidiera la primera sesión del nuevo Congreso, a la que asistieron como diputados el inolvidado Marcelino Camacho, el poeta Rafael Alberti y Santiago Carrillo.
El nuevo régimen que se dispone a propugnar el Gobierno frentepopulista no es la República federal sino la República confederal, porque esta última será más fácilmente aceptada por los secesionismos catalán y vasco que, al menos inicialmente, no desgajarían sus Autonomías de la unidad territorial española.
Sin prisa, pero sin pausa, en una meditada operación política, el Gobierno de coalición frentepopulista ha dejado entrever la rada final de su navegación. El escollo sustancial con que se enfrenta es la Constitución. Si Sánchez quiere modificar el régimen respetando la Carta Magna, deberá asumir el artículo 168 del texto constitucional. Se puede abolir la Monarquía y establecer la República confederal, pero para alcanzar tal propósito se requiere una primera votación de al menos los dos tercios del Congreso, es decir, 236 escaños. A continuación, dos tercios del Senado, es decir, 177 escaños. Después, el artículo 168 de la Constitución establece la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales. Una vez constituido el nuevo Parlamento, el artículo 168 exige una primera votación que alcance otra vez los dos tercios de los diputados. Después, los dos tercios del Senado. Y finalmente, referéndum nacional para que la voluntad general de los españoles libremente expresada tome la decisión final.
Salvo que se disponga a dar un golpe de Estado, Sánchez tiene muy difícil, si respeta la Constitución, conseguir un cambio de régimen con la abolición de la Monarquía y el establecimiento de la República confederal. Los constituyentes de 1978 sabían muy bien lo que proponían en la Carta Magna al pueblo español.