Así titulaba yo hace más un año una crónica publicada en este mismo diario y que hoy quiero que la actual lleve el mismo título, pues el próximo lunes comienza la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española con la elección principal del Presidente de este órgano de la Iglesia de nuestro país, tras los dos mandatos consecutivos del cardenal Ricardo Blázquez.
Y digo que tenemos que dejar a los obispos en paz, sobre todo los que hablamos, comentamos o escribimos acerca de temas religiosos, pues bastante tienen que analizar personalmente nuestros prelados, como para que nosotros pongamos nuestras preferencias en la agenda de los obispos, pues muchos que van a estar fuera de las votaciones, ya están colocando las fichas blancas o las negras en el tablero de damas que han creado. Un tablero con el que disfrutan y con el que tratan de mandar mensajes a los prelados que van a votar a quien tiene que llevar durante los próximos cuatro años la difícil carga de la Presidencia de la CEE. Serán cuatro años complicados pues la actualidad religiosa y política van a estar muy presentes en futuras negociaciones entre las instituciones.
Hasta ahora los cargos de la Conferencia Episcopal Española tenían una duración de tres años, excepto el de Secretario General que es de cinco. Con los nuevos estatutos aprobados el pasado noviembre, el Presidente de la CEE y los Presidentes de las diferentes Comisiones, tendrán cuatro años para desarrollar su labor.
El lunes, día 2, por la tarde habrá una votación de sondeo, que servirá para conocer las líneas y los posibles candidatos al puesto de Presidente. Hasta ahora esas líneas parece ser que tienen dos vías, que no son precisamente paralelas.
Dejemos a los obispos en paz. Que tengan la libertad de escoger y elegir en conciencia y que el elegido sea un hombre de Dios. Como el actual, que deja el cargo. Gracias Don Ricardo por su magnífico trabajo.