La disputa que se ha hecho pública entre Carmen Calvo e Irene Montero; la altiva reaparición de Soraya Sáenz de Santamaría que no quiere reconocer los errores cometidos; la actitud de la inteligente Cayetana Álvarez de Toledo; las tensiones, en fin, derivadas de la manifestación feminista que se prepara para el domingo, están emborronando una realidad incuestionable: todavía es necesario alcanzar en España la igualdad de género, después de siglos de una discriminación aberrante y profundamente injusta.
Y hay que hacerlo desde la moderación y el buen sentido. Siempre he considerado vejatoria para la mujer la fórmula de las cuotas. Paso a la mujer que se abre paso. No se necesitan caridades ni concesiones. La mujer, por sí sola, sin necesidad de cuotas, se está abriendo paso en las sociedades modernas. Conversé en muchas ocasiones con la científica Margarita Salas, académica, por cierto, de la Real Academia Española. Se sentía avergonzada por la fórmula de las cuotas. Ella no ocupó lugar de preminencia en la Ciencia española por ninguna cuota sino porque era la mejor. En el arte, en la literatura, en la empresa, en la ciencia, en el deporte, en el periodismo, la mujer española ha escalado los primeros puestos gracias a las cuotas de inteligencia y de aciertos que ha acumulado. Queda todavía largo camino que recorrer sobre todo por lo que atañe a la igualdad de remuneración económica. Pero los debates entre feministas ayudan poco. Y solo hay una fórmula real para evitar la discriminación: paso a la mujer que se abre paso.