el marcador reflejó un 119 a 82 para EE.UU.
Sábado 16 de agosto de 2008
La selección de los Estados Unidos mandó un recado de autoridad inconfundible a España, actual campeona del mundo, para ahorrarse trabajo el día de una hipotética final con el oro en juego, que es el único escenario en el que ambas formaciones podrían volver a encontrarse.
España habría cometido un grave error si hubiese expuesto el arsenal táctico o hubiese cambiado planes que persiguen un objetivo concreto con un plan trazado de antemano. Ejemplo: Carlos Jiménez, que el día del encuentro contra China se golpeó en la cabeza y en la espalda con mucha dureza y que es un pilar básico en las actividades de pico y pala, no jugó ni un segundo.
Para los americanos, que no han disminuido el ritmo ninguna noche tuvieran el rival que tuvieran enfrente, todo eso suena a pamplinas. Disponen del arsenal necesario para no preocuparse más que de ellos mismos y buscar la demolición sistemática de todo lo que encuentran a su paso.
La principal lectura que la selección española debe apuntar sobre la que espera no sea la última toma de contacto con los Estados Unidos tiene que ver con la velocidad. Los estadounidense accionan los resortes del baloncesto a una marcha de vértigo. El físico se lo permite.
Para pararles hay que frenar el partido
Sólo hay una forma de tumbarlos que reclama, inexorablemente, reducir las revoluciones del motor que les impulsa. Hasta que España dio por terminada la velada, bastante antes del final del choque, a lo largo del tercer cuarto, firmó los mejores porcentajes de tiro de todo el campeonato, pero el tiempo que los americanos necesitaban para ejecutar sus lanzamientos era mucho menor.
Con porcentajes prácticamente iguales, empezó a perder el paso al final del segundo tramo. En esa fase de ignición estadounidense (36-49), los números corrían parejos, pero con muchas más acciones por parte de los americanos en todos los apartados: en tiros de campo cantaban un 65 por ciento de acierto español y un 64 por ciento de los NBA, pero con trece de veinte de dos y uno de tres en triples en el primer caso y, en el segundo, dieciocho de veintiocho y seis de nueve.
Al margen de que los campeones del mundo perdieron muchos balones (veintiocho), y eso resulta mortal contra estos bólidos, la principal premisa para ganarlos es impedir que corran y que impongan su poderoso físico. Si España dispone del antídoto, lo ha escondido muy prudentemente. Si no lo tiene, el oro es inaccesible.
TEMAS RELACIONADOS: