Opinión

Conversación

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Jueves 05 de marzo de 2020

Me he encontrado en forma de libro la voz de unos amigos en conversación: Jorge y Agapito. Razón en vena. Conversaciones con Agapito Maestre. (Unión Editorial. 2020). Jorge Casesmeiro y Agapito Maestre, que estuvieron hablando a mis espaldas mientras yo hacía la crónica de los días terribles de uno de ellos.

Pese a que siempre supe de su conversación, nunca llegó a mis oídos el contenido de la misma. Yo andaba narrando, como digo, la persecución que Agapito Maestre ha venido sufriendo en el templo de la libertad que dice ser la universidad española. Sus crímenes imperdonables, entre delitos de menor cuantía, han sido defender la unidad de España, sin impugnar su descentralización administrativa, y reclamar una reforma en profundidad de la universidad, subordinada a intereses globalizadores o mundialistas a través de su directa sumisión a los mesogobiernos autonómicos. En realidad, como se ve, dos momentos del mismo discurso.

El texto que ha recogido Jorge Casesmeiro conserva el latido de la voz en la palabra, un logro mayor que da prueba de la sutil capacidad de un narrador extraordinario. Se trata de una conversación que se abre a mil frentes y no tanto de un diálogo entre voces antitéticas. Los frentes múltiples aparecen, en el drama que conduce Casesmeiro, cuando Maestre los dibuja con la nitidez del que vivió en primera persona la batalla. Y fulguran por sus párrafos nombres propios, algunos descomunales y soberbios, otros heroicos pero próximos, siempre vehementemente dibujados en la voz, detenida en escritura, del parsimonioso furibundo que es Agapito Maestre.

Jorge Casesemeiro es ya un acreditado ensayista y un sutil conocedor de la obra de Agapito Maestre. Logra, con facilidad, un texto sonoro en el que la voz discurre viva ante nuestros ojos. La peripecia vital del filósofo desde su juventud, próxima a sus contemporáneos de la Escuela de Frankfurt con Habermas en primer plano, hasta un regreso que reconoce tardío a los grandes nombres de la filosofía española del siglo XX “Yo llego muy tarde a los grandes filósofos españoles del siglo XX. Había leído a Unamuno, sí. Pero a Ortega y a sus mayores discípulos empiezo a entenderlos muy tarde”. Hoy este encuentro con la filosofía española no sólo se demora, sino que se hurta a escolares y académicos, entretenidos en otros afanes que no voy a nombrar.

Esta conversación nunca se reduce a la anécdota, aunque las reúne en abundancia. Cuando versa sobre referentes de la academia internacional, maestros o amigos foráneos (Jürgen Habermas, Karl-Otto Apel, Axel Honeth, Charles Taylor…) se apuntan impresiones que son como la punta de las ideas. Pero pronto se deja ver el centro al que la filosofía de Maestre ha ido a parar, porque es el centro del que nace: España. Diría España y la heterodoxia, si no es que España ha sido en la modernidad un cuerpo extraño, lo absolutamente otro, de modo que la España heterodoxa es simplemente España. Una España delirante, cuya mejor simiente cayó siempre fuera del surco. ¿Es poco anómalo que sea el Tribunal Constitucional del país el que sancione el hecho de que no pueda estudiarse en español en España?

Pero la anomalía se hunde más profundamente en la historia de España, al punto de que la columna vertebral de la tradición filosófica y literaria española pueda juzgarse hondamente heterodoxa, marginal y escondida, de manera que siempre necesita del arado que la saque a la luz, subvirtiendo el orden de las cosas, para airear el fértil limo enterrado de una tradición que se niega.

Maestre alude con admiración al gran zapador que abriera al siglo XX esa tradición inconsecuentemente oculta pero todavía latente y eficaz bajo la estéril superficie: Marcelino Menéndez Pelayo cuya Historia de los heterodoxos españoles recibe una coda de enorme interés con la nómina de heterodoxos del siglo XX que dibuja Maestre: García-Trevijano, Carlos Díaz, César Alonso de los Ríos, Gabriel Zaid, José Luis Garci – tanto el escritor como el cineasta – Gonzalo García Pelayo, Pere Gimferrer, María Zambrano, Gustavo Bueno…

Pero hemos fracasado en la labor de transmisión y recepción cultural, España se deshace y rehace afanosamente a partir de transiciones quebradas. La heterodoxia se convierte en norma, la tradición es la ruptura. Sin duda, nombres todos muy distintos – no es homogénea la heterodoxia – pero cuyo rasgo común es la extravagante capacidad de continuar la tradición filosófica y literaria española. Entre ellos la figura mayor de Ortega que ocupa en el horizonte de Agapito Maestre un lugar singular, privilegiado. Ortega, el liberal que la derecha española no ha sabido apropiarse, quizás por su grave acento tradicionalista incapaz de asumir el laicismo orteguiano.

Las dificultades y aporías que la conversación suscita no son de este lugar. Requerirán otra conversación y otra medida. Aludido uno mismo como dogmático y de una pieza diría que es necesario ir por partes ante el liberalismo clásico que esgrime el filósofo. No habrá problema, porque con Agapito Maestre siempre se puede hablar y ésta es una virtud incuestionable de su liberalismo clásico, tan distante a este respecto del más reciente neoliberalismo con el que no hay de qué hablar. Agradecimiento por esta lúcida conversación, tan bella y amablemente estampada por Jorge Casesemeiro es, como debe ser, mi objetiva y distanciada conclusión.