Opinión

No hablemos de revolución, en todo caso, de rebelión

TRIBUNA

Emilio Arnao | Domingo 08 de marzo de 2020

Comienzo este artículo advirtiendo que yo no me encuentro cansado de ser hombre. Y quizá nadie debería dejar de sentir esa pasión con que se alcanza la virtud o la fuerza necesaria para seguir intentando esta universalización de las palabras con las que, alejados del escepticismo o la apatía, son las únicas armas para defendernos de los que no hacen uso de las palabras, sino de la confusión del lenguaje con la que taladrar el miedo.

A veces me pregunto por qué hemos dejado de creer en las palabras como transformadoras de una Historia Antigua que hoy, por apatía o porque los que nos arrojan todo tipo de ferocidad criptográfica a los ojos buscando con ira nuestra ceguedad, continúa siendo la misma Historia Contemporánea en esta ya segunda década del nuevo Milenio. Coexisten todavía el Mesianismo y las Reglas de la Comunidad en esta Aldea Global con los mismos miembros de siempre a la busca de la perfección en forma de rapiña y de lucro. Continuamos inmersos en ese concepto falsario de la espiritualidad mientras el desierto crece y los océanos tornan a enfrentarse a los mitos interpretando el motivo escatológico. Decían los precursores del monacato cristiano: “Pues Tú eres quien ha modelado el espíritu de tu siervo, Tú me has fundado según tu voluntad haciendo uso de nuestra carne como refugio”.

Anuncio aquí que la palabra debe volver a su fidelidad tal y como fue construida en su auténtica etimología y que algunos, por sabotearlas, las arrojan en las profundas cuevas por que pierdan su valor y su fuerza.

No olvidemos que siempre hay manuscritos cubiertos de telas que envuelven pieles en forma de rollos semejantes a los hallados en Qumrán, cerca del Mar Muerto. He ahí la metáfora. He ahí mi metáfora para continuar con esta reflexión en la que estoy procurando abrir mi cuerpo y apartarlo de este cansancio que no es solo mío, sino el de mucha gente dotada de esta pasión que ya se trasparenta en nuevas formas de acción, de exigencia, de compromiso ético con las que ya está en marcha el poder de las nuevas ideas.

El mundo, sembrado por nuestra solidaridad, nuestra voluntad colectiva y, ante todo, gracias a nuestra ansia de humanizar la justicia, ya es otro mundo, nuestro mundo, el de la ciudadanía que urde desde el alma creativa bordada con esta feliz ética -la ética contra el ilusionismo de la política en manos de estos mercaderes de los algoritmos, las finanzas y una cronometrada pulsión económica-, un cambio de paradigma.

Intuyo que llegan buenos tiempos para concebir otro mundo alternativo. Ahora y aquí. Naciendo otra vez. Erigiendo la claridad y rescatando aquella rebeldía olvidada. No hablemos de revolución, en todo caso, de rebelión. Contra el monstruo del pensamiento único, la diversidad, la energía soberana, la denuncia como luz que torna a desenterrar los manuscritos cerrados, el coraje y la solidaridad.

Tal y como leo en José María Mendiluce, llega el tiempo de los rebeldes. Insisto: borremos de nuestra conciencia este choque de Civilizaciones con el que se pretende reanudar el fin de la Historia. Comentamos que esta degeneración evolucionada de la era intertestamental no es nuestra degeneración, sino de los que viven en todas las Torres Trump asfaltados en oro, guerras y odio.

Escribió Albert Camus: “Ya que no vivimos tiempos revolucionarios, aprendemos, al menos, vivir el tiempo de los rebeldes. Saber decir no, esforzarse cada uno desde su puesto en crear los valores vitales de los que ninguna renovación podrá prescindir, mantener lo que vale, preparar lo que merece vivirse, y practicar la felicidad para que se dulcifique el terrible sabor de la justicia, son motivos de renovación y esperanza”. A lo que el escritor argelino más que francés añadió: “Me rebelo, luego somos”.

Todo mujer y hombre audaces se habrán dado cuenta que el debate político en estas actuales democracias se ha convertido en un espectáculo audiovisual. “La cuota de presencia en los medios de comunicación es el indicador casi exclusivo de la capacidad de nuestros representantes. Y los medios de comunicación, el Parlamento real. Así sabemos de las propuestas y de las contrapropuestas a través de las noticias de la actualidad política, que consisten, casi siempre, en el seguimiento de una cadena de reacción sobre declaraciones vacías, comentarios provocadores, insinuaciones insultantes o réplicas descalificadoras. Casi nunca de opiniones, y raramente de ideas o propuestas políticas”, le comentó el citado Mendiluce -Alto Comisionado que fue de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre otros cargos- a su amigo Daniel Cohn-Bendit después de leer el libro “Rebeldes por la Democracia” del que nunca quiso ser -aunque lo fue- líder de aquel Mayo del 68 en un París de fuego y Nôtre-Dame que hoy sigue siendo el mismo París.

Solo puedo terminar con otra cita de Camus escrita en la página 155 de su libro Moral y Política: “Ante las perspectivas aterradoras que se abren a la humanidad, percibimos aún mejor que la paz es la única lucha que vale la pena entablar. No es un ruego, sino una orden que debe subir a los pueblos a los gobiernos, la orden de elegir definitivamente entre el infierno y la razón”.

Silbo yo ahora aquella canción: Las gafas de Lennon hicieron historia y algún que otro gesto que guardo en la memoria de un tiempo que fue, un tiempo de flores y buenas noticias, un tiempo de amores y dulces caricas, imagine all the people, y habrá que responder que sí será posible.